13 de noviembre de 2016

Vias Neurobiologicas del estres



El estrés ha sido fuente de estudio en el campo neurocientífico desde hace más de 20 años; en su abordaje se realizan aproximaciones con el fin de comprender sus efectos  sobre  diferentes  sistemas,  entre  ellos  el  sistema  nervioso.  El  entendimiento  del  concepto  de  estrés  y  su  sustrato biológico es esencial para comprender su rol en procesos de salud o enfermedad.
El estrés es definido como un estado de alteración homeostática,  generando  en  el  organismo  una  respuesta  con el fin de mantener dicha homeostasis. Las respuestas finalmente efectuadas reflejan la activación de circuitos específicos constituidos enéticamente en el individuo y modulados  constantemente  por  el  ambiente.  Asimismo  este tipo de situaciones tienen efecto sobre funciones cognitivas como la memoria, con el fin que en un futuro se reconozca  y/o  evite  el  evento  que  desencadenó  la  alteración del estado basal interno; esto es de suma importancia ya  que  permite  al    mismo  apropiarse  de  aquel  evento  perturbador.

Fisiología del estrés

El estresor se puede descomponer en tres fases que ocurren cronológicamente:

1. Recepción del estresor y filtro de información sensoriales por el tálamo.

2. Programación de la reacción del estrés poniendo en juego la corteza prefrontal (implicado en la toma de decisiones, la atención, la memoria a corto plazo) y el sistema límbico por un análisis comparativo entre la nueva situación y los “recuerdos”: la respuesta al estresor se hará a base de la experiencia.

3. Activación de la respuesta del organismo (vía amígdala [memoria emocional] y el hipocampo [memoria explícita]. Esta respuesta pone en juego el complejo hipotálamo-hipofisiario.

La adaptación al estimulo estresor se descompone también en tres fases:

1. Fase de alerta: En reacción al estresor, el hipotálamo estimula a las suprarrenales (en su parte medular) para que secrete adrenalina, cuyo objetivo es suministrar energía en caso de urgencia.

2. Fase de resistencia (o de defensa): Esta se activa solamente si el estrés se mantiene. Las suprarrenales (en la zona fasciculada) van a secretar cortisol. Esta hormona se encarga de mantener constante el nivel de glucosa sanguínea. Además el cortisol asegura una renovación de las reservas del organismo, para que este pueda “aguantar”.

3. Fase de agotamiento: Esta ya es la fase patológica; se instala cuando si la situación persiste y se acompaña de una alteración hormonal crónica, con sus consecuencias orgánicas y psiquiátricas. Si la situación persiste aún más, es posible que el organismo se encuentre desbordado. Poco a poco las hormonas secretadas son menos eficaces y comienzan a acumularse en la circulación sanguínea, teniendo como resultado, una invasión en el organismo de hormonas que tendrían un impacto negativo sobre la salud.

Estrés y género

Algunos estudios de IRM funcional (imagen de resonancia magnética) en personas sanas a lo largo de un estrés agudo muestra lo siguiente:

    En el hombre habría una puesta en marcha predominante de la corteza prefrontal, haciendo que el sistema nervioso simpático este más estimulado y por lo tanto, favoreciendo el comportamiento de “fuga o combate”.
    En la mujer, la reacción al estrés estaría construida sobre los procesos de atracción; habría una puesta en marcha predominante del sistema límbico que activaría un comportamiento de “ayuda y protección”. La puesta en marcha del engranaje límbico y principalmente del hipocampo, reduciría la actividad simpática y la del eje corticotrópico.
Mecanismos de retroalimentación del eje corticotrópico por el cortisol

El cortisol ejerce una retroalimentación negativa sobre la liberación hipotálamo-hipofisiaria de CRH y de ACTH. Se distinguen tres tipos de retroalimentación.

1. Retroalimentación rápida (de algunos segundos a algunos minutos), esta es proporcional al aumento de cortisol y no dura más de diez minutos.

2. Retroalimentación intermedia (de algunas horas) con disminución de la secreción de CRH y ADH.

3. Retroalimentación lenta (de algunas horas a algunos días) con disminución de la síntesis de ACTH hipofisiaria, de CRH y de ADH hipotalámicas: una administración prolongada de glucocorticoides (cortisol) conduce a la ausencia de secreción de CRH y ACTH y a una atrofia de la suprarrenal, consecuencia de un déficit de ACTH.
Estas son complejas pero se las puede sintetizar de la siguiente manera:

1. El eje gonadotrópico, vía los estrógenos, es globalmente estimulador del eje corticotrópico.

2. La noradrenalina:
   - Es estimulada por los estrógenos.
   - Estimula la actividad gonadotrópica.

3. El eje corticotropico es globalmente inhibidor del eje gonadotropico; lo que podría explicar las amenorreas por estrés. Por este mecanismo un estrés severo puede inhibir el sistema de reproducción femenina.
Estrés crónico

El estrés repetido genera, en fase de agotamiento, una hipercortisolemia crónica.

En animales se ha demostrado que la hipercotisolemia puede ser neurotóxica para estructuras vulnerables como el hipocampo. Esta neurotoxicidad se manifiesta al nivel del hipocampo de las neuronas piramidales CA3 del cuerno de Amón y por una disminución del volumen y del número de neuronas del giro dentado.



Esta atrofia hipocámpica secundaria al estrés implicaría de manera más amplia:

1. Una disminución de la neurogénesis.

2. Una disminución de la síntesis de neurotróficos, los cuales inhiben la apoptosis celular.
3. Aumento de la excitotoxicidad (por glutamato) debido a una pérdida glial.

4. Una neurotoxicidad debuda a la hipercortisolemia (disminución de la neuroplasticidad, inicialmente reversible, después permanente).

En humanos, la disminución del volumen del hipocampo se ha correlacionado con:

1. Los niveles de cortisol (en caso de enfermedad de Cushing).

2. La duración y la intensidad de la depresión (esta depresión secundaria al estrés crónico).

3. Con la duración de la exposición al estrés en caso de estrés postraumático.
Referencias
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13 de octubre de 2016

¡Tienes un email! Del encanto postal a la magia de lo virtual

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2013/07/19/noticias/1374221050.html

Tienes un email (1998)
¿Recordáis aquel tiempo en que nuestro buzón se alimentaba de mucho más que cartas del banco o del seguro del coche? Probablemente hace mucho que no recibes una carta personal por correo ordinario acompañada de aquella vieja sensación: esa mezcla de intriga y nervios que precede a la lectura del texto. Para muchos aquel ritual quedó olvidado con la llegada de Internet. Para otros no fue más que un cambio de soporte.
¿Creéis que toda aquella magia terminó? ¿Acaso no es lo mismo que sientes cuando accedes al correo electrónico y descubres que ese email pertenece a la persona que esperabas? No hablo de emails en cadena, de suscripciones a newsletter ni de avisos de tareas. Hablo de historias humanas, de relaciones que marcan, que merece la pena que sean contadas y que de hecho ya se han inmortalizado a través de la literatura, el cine, el teatro, la música y el arte en general.
Tienes un email. Si, poderosas palabras”, decía Tom Hanks y, con esta frase y esta película, como no podía ser de otro modo invito a todas las techiedivas a zambullirse en un buen baño de recomendaciones para esos momentos de ocio en que nos apetece más que nunca desconectar con algo ligero y divertido pero que en su trasfondo nos haga reflexionar. Todas las recomendaciones tienen en común tratar el tema de las relaciones a través de Internet. Del encanto postal a la magia de lo virtual en 1.446  palabras.
Parece increíble que hayan pasado 13 años desde que la inolvidable pareja formada por Tom Hanks y Meg Ryan nos contaran por primera vez y a lo grande una historia de amor surgida en la red. ¡Cuánto ha llovido desde entonces! Sin embargo esta misma historia, con más o menos éxito, lleva repitiéndose desde entonces en muchas partes del mundo. Si aún no habéis visto este clásico os invito a hacerlo. A través de ella descubriréis porque la realidad supera y sigue superando a la ficción.


Lo llaman 'la vida moderna' pero hay cosas de las que ni siquiera ella puede escapar. A pesar de que el futuro laboral abra nuevos horizontes universales y los vaivenes de estos tiempos den paso a otras formas y tipos de pasiones, hay cosas, como las clásicas relaciones a distancia, que nunca cambian. Sólo hay que recordar cómo nuestros antepasados esperaban largos meses para recibir una ansiada carta y, es que, de eso era precisamente de lo que se trataba: de esperar. Entonces, ¿tiene recompensa esta espera? O lo que es lo mismo, ¿pueden ser exitosas las relaciones a distancia?
Según un reciente estudio publicado en la revista 'Journal of Communication' y elaborado por la investigadora Crystal Jiang de la Universidad de Hong Kong y el profesor Jeffrey Hancock de Universidad Cornell (EEUU), las relaciones a distancia pueden ser incluso más exitosas que las convencionales. "No tenemos que pensar que estas relaciones están abocadas al fracaso", comentan estos expertos.
Y así, durante una semana, estudiaron los diferentes tipos de relación (grado de intimidad, forma de comunicación, etc.) y al compararlas, Jiang y Hancock encontraron que en las parejas a distancia había un grado mayor de intimidad. "Te esfuerzas más por conocer a tu pareja e idealizas sus conductas al no tenerla cerca, dos tendencias que se manifiestan cuando se comunican en medios basados en mensajes de texto o correos electrónicos, ya que intentas superar las barreras de estos medios", explican los autores. En definitiva, las parejas se esfuerzan por comunicarse más y conseguir así, un mayor 'efecto de intimidad'.
Y de ejemplo está lleno el mundo. María -quien prefiere no dar su nombre real- mantuvo con su pareja una relación a distancia durante casi 10 años, y asegura que a pesar de que la relación se ha hecho mucho más fuerte, la distancia llega a hartar. "Se sobrevive porque ambos nos queremos, si no, no tendría sentido alguno aguantar separados tanto tiempo", dice.
Y es que estas relaciones, asegura a ELMUNDO.es el psicólogo y sexólogo José Bustamante Bellmunt , secretario general de la Asociación Española de Especialistas en Sexología y autor del libro '¿En qué piensan los hombres?' , pueden ayudar a prolongar la fase de enamoramiento, a aprender a valorar al otro, a echarle de menos... "Pero sobre todo, hacen que cuando se den los encuentros, estos gocen de un mayor tiempo de calidad: '¡Para un par de días que nos vemos, no vamos a estar discutiendo!'. Las parejas tienden a exprimir al máximo esos días llenándolo de buenos momentos, de relaciones sexuales apasionadas y de 'te quieros' y 'te echaré de menos'. Damos lo mejor de nosotros", comenta el experto.
Las relaciones a distancia, añade por su parte el médico y psicólogo Carlos San Martín, coordinador del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud, CIPSA de Santander, son un formato relacional cada vez más frecuente, en las que "resulta esencial que el nivel de comunicación y acompañamiento sea explícitamente importante para permitir generar vínculos estables y gratificantes". Y como todo en la vida, también tienes sus pros. Estos son, según explica Bustamante, tener una vida independiente al margen de la relación y poder disfrutar de él o ella cuando se ven. Es decir, "poder ocuparme de mí y no caer en la dependencia que algunas relaciones conllevan", mantiene.
Y así lo relata también María: "Ninguno de los dos hemos perdido nuestra independencia, y si estamos juntos es porque lo hemos elegido. La confianza es clave si no, no se sostendría ningún tipo de relación".

Cada vez más parejas

Según esta investigación, en EEUU tres millones de parejas viven separadas y en la población universitaria, entre un 25-50% tiene alguna relación de este tipo y hasta un 75% ha tenido una de estas alguna vez. En España no hay datos oficiales, pero puede ocurrir algo parecido.
Marta comenzó su relación en la distancia, cuando se fue a cursar su año de Erasmus, con un chico al que conocía por amigos comunes y con el que apenas había hablado un par de veces en un bar. "La relación comenzó por redes sociales, se consolidó en Navidades cuando vine por vacaciones y luego, a mi marcha, acordamos vernos una vez al mes. Pero luego al regresar de nuevo a España, nos dimos cuenta de que sólo era perfecto en la distancia", confiesa.
Por eso, a veces se han de plantear si quieres o no este tipo de relación. Por ejemplo, si la distancia es muy larga, añade Bustamante, tenemos que plantearnos si queremos vivir esa relación o es mejor dejar la relación antes de engancharnos y pasarlo mal cuando sabemos que no es el tipo de relación que queremos. Si, por el contrario, se decide aventurarse a empezar una historia, "debemos saber que perdemos el cariño constante, el abrazo, la rutina, la cotidianeidad o el mantener una relación también con los amigos".
Por eso, es muy importante no pelarse en el tiempo que se está separado y sobre todo, acordar una serie de normas o reglas. Ahí está la clave, en "dejar claras las llamadas, cuándo hablamos y saber que el no escribirnos significa únicamente que tratamos de vivir sin agobiarle y/o agobiarte. Es bueno planear los encuentros (cómo y cuándo vamos a vernos). Planificar la distancia, aunque pueda parecernos fríos, nos va a ayudar a ocuparnos únicamente del malestar que supone no tener a la otra persona".
Pero, ¿qué ocurre con la magia? A pesar de lo que se puede pensar, permanece; pero sólo al principio. Según este especialista, "al principio no sólo se pierde sino que aumenta, nos ayuda a alargarla en el tiempo y siempre y cuando la cuidemos con detalles, sorpresas, visitas de locura, etc. Pero al final, es cierto aquello eso que dice la canción de que la distancia es el olvido". Pero, el amor, apunta San Martín, se termina por infinidad de razones que nos están necesariamente vinculadas a la distancia geográfica sino a la emocional: "El desapego y el desamor se instalan cuando hay falta de intimidad, de comprensión, de comunicación y de acompañamiento y en definitiva, amar es acompañar".
Y al igual que Pablo Neruda se preguntaba en unos de sus poemas: '¿Sufre más aquél que espera que aquél que nunca esperó a nadie?'; y ustedes, ¿podrían mantener una relación a distancia?

Relaciones por email!

Fuente: http://m.enplenitud.com/relaciones-por-internet.html
Días atrás, nos llego a la redacción la consulta de Alicia G., de Madrid, que en el último tiempo empezó a navegar por Internet y a chatear con otros usuarios. Alicia representa el caso de muchas mujeres que a su edad, casi 50 años, les cuesta mucho conseguir parejas de esa misma franja etaria, por lo que estaba interesada en conocer a alguien por Internet.
“Sin embargo, me parece que tengo hábitos pasados de moda. ¿Existe una manera aceptable de agradar a una persona?”, nos preguntaba, al tiempo que señalaba que “a veces pienso que alguien me está aguardando del otro lado, pero otras veces pienso que solo encontraré monstruos”.

Además, Alicia tenía temor de efectuar alguna cita online con alguien que, a la postre, descubriera que era un conocido suyo. 
Efectivamente, hay que ser valiente para entrar en este nuevo mundo virtual, pero… ¿Por qué no intentarlo? No se tiene nada que perder, excepto un cierto temor poco fundado que pudimos observar en su pregunta, y que no tiene nada que ver con Internet.
Hemos tenido varios lectores de mediana y tercera edad, que han experimentado un razonable éxito; hasta ahora, no hemos oído ninguna historia de horror.

Uno de los casos terminó en matrimonio, mientras que los otros produjeron parejas que aún hoy continúan estables. En el peor de los casos, alguna persona no pudo encontrar a su Sr. o Sra Perfecta, pero sin dudas tuvieron un buen compañero por varios meses.
Pero echemos un vistazo a lo qué está frenando a estas personas, ya que Alicia hacía referencia a algunas preocupaciones comunes en muchas personas.

Con respecto a la duda de si era o no una persona “aceptable” -haciendo referencia al hecho de que se siente pasada de moda- debería saber que si esto la está inmovilizando totalmente, quizás le esté causando demasiados problemas.
El temor puede ser una barrera. Y la mejor forma de saltar una barrera es enfrenándose a ella. Es necesario empezar a enfrentar la situación, pero comenzando de una forma conservadora, con pequeños pasos. Una mujer no necesita revelar mucho de sí misma, y no tiene que contestar a ninguna pregunta que no desee responder.
Las comunicaciones online son algo bastante interesante. Se tiene poco que perder, y un potencial afecto esperándole. ¿Todavía tiene miedo de estar chateando con algún conocido? S

epa que estos riesgos no son propios de Internet, ya que también puede tener una cita a ciegas, por medio de una agencia matrimonial, con otra persona que finalmente usted conocía, y, en el peor de los casos, su potencial pareja corre el mismo riesgo. 
Pero además, Internet ofrece otras ventajas. Gracias a las comunicaciones por Internet, uno puede explorar a la persona antes de ponerse en contacto real, con lo que tendrá más libertad para decidir sin culpas si desea intentar algo con esa persona o bien descartarla.
A diferencia de una cita verdadera, una tiene más control con una que persona que conoce a través de Internet. Puede comunicarse por e-mail durante semanas, meses, o incluso años antes de decidir si le satisface o no. Puede también pedir una foto, para ver si lo encuentra atractivo. En pocas palabras, se tiene la posibilidad de conocer a la persona antes de la cita.
Por otra parte, muchas personas piensan que la escritura es una de las formas más románticas de comunicarse. Las cartas y mensajes que se envían durante un cumpleaños, un aniversario, o el día de San Valentín, pueden hacer que nuestra pasión se vaya incrementando gradualmente. 
Finalmente, si sigue estando nerviosa, establezca potenciales fechas de citas para corroborar al candidato. Esto le dará una seguridad adicional y aumentará su confianza. ¡Pueden ser muchos los pretendientes que la estén esperando del otro lado de su computadora!
Aquí le presentamos algunos consejos al conocer a alguien por Internet
1. Tenga en cuenta que las comunicaciones personales online son una manera relativamente segura y útil de conocer a potenciales parejas. Sin embargo, nunca debe efectuar la primera cita en un lugar cerrado, sino en un bar o en un parque, de modo de ir conociendo bien a su pareja.
2. No se atemorice de intentar algo nuevo. Acepte los riesgos, pero de una manera conservadora, para evitarse la mayor cantidad posible de eventuales problemas.
3. No aparecerá "extraña" o "desesperada por conseguir novio" frente a los demás, ya que ellos también se están arriesgando a conocer a alguien por Internet, y ésa es justamente la única gente que podrá conocerla.
Por último, veamos este e-mail que nos envió Josefina F., desde Cosa Rica:
Soy un ejemplo vivo de que se puede conocer a gente muy decente y respetable por Internet. Yo era muy aprensivo ante las nuevas tecnologías, y tenía muchos prejuicios respecto de la gente que las usaba.

Pero después de entender cómo funcionaban, y cómo manejar ciertas situaciones -como alejarme de los indeseables (es cierto, hay varios de ésos)- finalmente encontré a un hombre con el que estoy a punto de casarme”
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9 de octubre de 2016

Consentimiento: Derecho Romano

Para que un convenio sea válido se EXIGE  como requisito esencial la coincidencia de las voluntades, sin ellas el contrato es inválido y SIN CONSENTIMIENTO 

Elementos del Contrato. Derecho Romano


     Los juristas romanos no construyeron una teoría del contrato, como tampoco lo hicieron del negocio jurídico, del cual el contrato no es más que una especie, por lo cual no puede encontrarse en sus obras una exposición sistemática sobre los elementos del contrato, pero la doctrina jurídica contemporánea tomando como base las soluciones concretas que se encuentran en el Corpus Iuris Civilis ha podido señalar tales elementos, particularmente con referencia a la estipulación,  clasificándolos en esenciales, naturales y accidentales.
Esenciales, son aquellos sin cuya concurrencia el contrato no puede concebirse ni llegar a existir, motivo por el cual se les llama también, requisitos del contrato. Si alguno de estos falta, el contrato no tendría existencia legal, puesto que como su propio nombre lo indica, ellos son de la esencia del acto.
Naturales son, en cambio, aquellos otros que, aunque acompañando normalmente a un contrato y contribuyendo en consecuencia  a caracterizarlo, pueden ser excluidos por los contrayentes mediante una cláusula expresa. Tal sería, en la compraventa, la responsabilidad del vendedor por la evicción o por los vicios ocultos de la cosa vendida, que se considera implícitamente comprendida en el contrato, mientras las partes no dispongan lo contrario. Como se trata de un elemento que no es de esencia sino de la naturaleza del contrato, puede ser excluido por una manifestación de voluntad expresa de las partes. El contrato de compraventa no deja de ser tal por el hecho de que el vendedor no quede obligado a garantizar al comprador contra la evicción o los vicios redhibitorios de la cosa vendida.
Elementos accidentales, por último, son aquellos que dependen única y exclusivamente de la voluntad de los otorgantes, quienes pueden incluirlos para modificar los efectos naturales del contrato. Se les llama también modalidades y, aunque pueden ser muy variados, los más frecuentes son la condición, el plazo o término y el cargo o modus.
Entre los elementos esenciales pueden distinguirse, a su vez, los que lo son a todos los contratos, como la capacidad y el consentimiento de las partes, el objeto y la causa, de aquellos otros que solo se exigen para determinados contratos, como serían las palabras sacramentales en la sponsio, las inscripciones en el contrato litteris, la datio en el mutuo, la gratuidad en el mandato, etc.
Ahora solo nos centraremos a analizar los elementos esenciales a todos los contratos:
1º Capacidad
Para que un contrato sea válido, el consentimiento debe emanar de personas capaces. La capacidad de los contratantes es pues, un elemento esencial para la existencia de todo contrato.
Consiste en la aptitud de las personas para figurar en su propio nombre en un contrato, y como ella constituye la regla bastará, para saber quienes son capaces de contratar, con enumerar las incapacidades. Estas pueden manifestarse bajo la forma de incapacidades de hecho o de derecho.
Incapacidades de derecho. Proceden de la falta de alguno de los tres status constitutivos de la personalidad, y afectan:
a) A los esclavos, por faltarles el status libertatis. Su personalidad no ha sido reconocida por el derecho civil, que los considera como simples cosas y les desconoce, en consecuencia, capacidad para obligarse o adquirir por contrato.
b) A los peregrinos, quienes por no disfrutar el status civitatis no podían figurar ni como acreedores ni como deudores en los contratos del derecho civil, es decir, el nexum, los verbis y los litteris, aunque pudieran hacerlo en los del derecho de gentes. Cabe observar además, que los latinos a quienes se concedió el ius commercii pudieron también, a pesar de faltarles la ciudadanía, figurar activa o pasivamente en los contratos del derecho civil.
c) A los alieni iuris, es decir, las personas que en razón de su status familiae se hallaban in potestate (como el filius familias y la mujer in manu). Es necesario hacer algunas salvedades, el fillius familias podía figurar activamente en un contrato adquiriendo, en consecuencia un crédito, pero no para sí, sino para el pater bajo cuya potestad se encontraba. A parte de ello, podía también obligarse por contrato cuando tuviera un peculio, y siempre en la medida de este último.
Incapacidades de hecho
a) Los infantes, es decir, los menores de siete años, que no podían figurar en los contratos como acreedores ni como deudores.
Los Impúberes salidos de la infancia, es decir, aquellos que habiendo cumplido siete años no hubieran llegado aun a los catorce o doce, según se tratara del varón o la mujer, podían figurar como acreedores en los contratos, pero no como deudores, salvo que lo hicieran, naturalmente, con la auctocritas de su tutor.  Los mayores de catorce años (púberes) podían también figurar como acreedores en los contratos, pero para poder hacerlo como deudores debieron requerir el consensus de su curador, siempre que no hubieren cumplido veinticinco años, a cuya edad se consideraban mayores.
b) Los dementes, que en razón de sus estado mental, se hallaban afectados por una incapacidad absoluta para contratar, salvo que lo hicieran en un intervalo lucido.
c) Los pródigos, es decir, aquellas personas a quienes, por disipar localmente sus bienes, se declaraba interdictas, sometiéndolas a curatela en interés propio y de sus agnados, llamados a sucederle. Como resultado de tal interdicción quedaban en una situación análoga a la del impúber salido de la infancia, pues podían hacerse acreedores por contrato, pero para obligarse debían requerir el consensus del curador.
d) Las mujeres púberes sui iuris, que mientras estuvieron sometidas a la tutela perpetua de sus agnados, soportaron un estado de incapacidad análogo al de los pupilos, pues podían llegar a ser acreedoras en virtud de un contrato, pero no obligarse sin la auctoritas del tutor.
2º Consentimiento
Es, por lo menos en el derecho justinianeo, un elemento indispensable para la existencia de todo contrato, y puede decirse que lo hay cuando las partes se han puesto de acuerdo para la creación de las respectivas obligaciones.
Exige como requisito esencial la coincidencia de las voluntades de las partes, de donde resulta que aquellas deben coexistir en un instante dado y ser capaces los otorgantes. El acuerdo de voluntades se manifiesta por medio de propuestas u ofertas de una de las partes y aceptación de la otra cuestión que no ofrece mayores dificultades cuando aquellas están presentes, pero sí cuando el contrato se concluye entre ausentes.
Los autores discuten si el mismo queda concluido, en este ultimo caso, desde el momento en que la aceptación es enviada al proponente, o recién desde aquel en que este la recibe. Windscheid propicia, a su vez, una solución que se podría calificar ecléctica, y que muchos consideran aceptable. Dice, en efecto, que si el contrato es bilateral, es decir, si las dos partes se obligan recíprocamente, la regla es que el proponente queda obligado desde que la aceptación le ha sido enviada. (Criterio de la emisión) y el aceptante solo desde el momento en que su aceptación llega al proponente, (criterio de la recepción).
En cambio en los contratos unilaterales, es decir, aquellos en que solo hay un acreedor y un deudor, como el préstamo, la aceptación del deudor no lo obligaría sino desde que ella hubiera llegado al acreedor proponente, pero la aceptación del acreedor, obligaría inmediatamente al deudor proponente.
3º Objeto
Es la prestación. Una sola prestación en los unilaterales, dos o más prestaciones en los sinalagmáticos.
Puede definirse como “el hecho positivo o negativo que debe realizar una de las partes en beneficio de la otra, o las dos partes cuando ambas resultan acreedoras y deudoras en virtud del contrato”.
Pero no cualquier hecho podía ser objeto del contrato; para que se lo aceptase como tal, debía reunir las condiciones que siguen:
a) Ser posible. Física y legalmente posible
b) Debía ser lícito. El hecho prohibido por la ley o contrario a la moral o a las buenas costumbres, como sería cometer un homicidio o ejercer la prostitución no podría ser objeto de un contrato.
c) Debía ser determinado. Esa determinación no tenía que ser absoluta y actual, bastaba con que lo fuera relativamente.
4º Causa
Con el desarrollo del derecho y la admisión de los contratos no formales, que es su consecuencia, se subordina el nacimiento de la obligación contractual a la existencia y licitud de la causa, entendiéndose como tal “el fin inmediato perseguido por el deudor al contraer la obligación”, o para emplear la terminología moderna, la causa final.