13 de mayo de 2009

Reflexiones de la ociosidad

Cuando la emoción duele de verdad

Dra. Teraiza Meza
El dolor emocional es uno de los males más comunes y que sucede a diario a nuestro alrededor o a nosotros mismos, nadie esta exento de sentirlo en un momento o en muchos momentos de la vida. Este tipo de dolor puede llegar sorpresivamente y a medida que nos toma desprevenidos el golpe es más devastador. Una de las características más duras del dolor es que entra en todas las esferas de la vida de cada persona, ya que se convierte en dolor mental, emocional, espiritual y físico.

Según afirman los expertos, el dolor emocional al igual que una lesión física puede llegar a provocar un dolor crónico, mucha gente nunca se recupera de una herida emocional.
Los que han experimentado este tipo de dolor a menudo hablan de "un dolor en el pecho", "un vacío debajo del esternón" o de pensar que se están volviendo locos por tanta dolencia. Y es que, David Alexander, director del centro de investigación de trauma en Aberdeen (Escocia) menciona: "la gente que ha sufrido daños emocionales a menudo traduce ese dolor en algo físico".
La doctora Naomi Eisenberger, ha logrado demostrar qué algunas zonas del cerebro se activan cuando sentimos dolor emocional. Para ello, ha desarrollado una investigación en la cual observo que el cerebro procesa de la misma forma, el dolor que la persona siente al ser rechazada socialmente que el que siente con el dolor físico y lo hace en una zona cerebral llamada corteza cingular anterior.
El dolor físico es una advertencia de nuestro organismo para no hacer algo que nos hace daño, como, por ejemplo, caminar con un tobillo o una pierna fracturada. El dolor emocional, según los expertos, también puede ser una advertencia para no volvernos a ver involucrados en una situación que nos puede herir emocionalmente.
Y si el dolor físico puede volverse crónico, lo mismo ocurre con el dolor emocional. Mary Frances O'Connor, asegura que se da aproximadamente en el 10% de las personas que pierden un ser querido y que no consiguen adaptarse al dolor que sienten.
Los científicos sospechan que estas personas experimentan también los mayores niveles de dolor físico. Por ello, afirman que sí es posible morir por un revés emocional. Según Martin Cowie, profesor de cardiología del Hospital Brompton de Londres, una persona que ha perdido a un ser querido corre el riesgo de morir durante los seis meses siguientes.
Esto se debe a que en el estrés que genera la pérdida están involucradas unas hormonas que aumentan las posibilidades de se produzca un infarto o una embolia, como explica el experto. Por eso, agrega, es muy importante identificar y tratar a las personas cuyo dolor emocional podría convertirse en dolor crónico y provocar una importante depresión o incluso la muerte.
De allí se desprende el famoso dicho popular: “Se murieron como pajaritos”. (Marzo 2009)