26 de mayo de 2009

Reflexiones de la ociosidad

Numerito un del racionamiento silogístico

Dra. Teraiza Mesa

Un día compartiendo con una persona sobre temas muy interesantes entre ellos de física y existencialismo cuya corriente de pensamiento hace énfasis en la existencia individual concreta, en las consecuencias del ser subjetivo, la libertad individual y los conflictos de la elección comentábamos sobre la idea en que Sören Kierkegaard el primer escritor que se califico de existencialista, sostenía que el bien mas elevado del hombre es encontrar su única vocación. Tal como lo escribió en su diario: “Tengo que encontrar una verdad que sea verdadera para mi … la idea por la cual pueda vivir o morir”

Ella sostenía a capa cabal que la claridad racional es deseable allí donde sea posible pero que la materia mas importante en la vida no es accesible a la razón o a la ciencia. Yo muy particularmente respeto las diversidad de opiniones y no entro en polémicas que puedan resultar estériles, pero en este caso yo le mencionaba que me inclinaba por las teorías racionalistas similares a como la estableció descarte: “en nuestra búsqueda del camino directo a la verdad, no deberíamos ocuparnos de objetos de los que no podamos lograr una certidumbre similar a las de las demostraciones de la aritmética y la geometría”. Por esta razón el racionalismo determino no creer ninguna verdad hasta haber establecido las razones para creerla.

El punto más alto del saber es el conocimiento, porque concierne a la razón en vez de a la experiencia. La razón utilizada de forma debida, conduce a ideas que son ciertas y los objetos de esas ideas racionales son los universales verdaderos, las formas eternas o sustancias que constituyen el mundo real.

Por cierto en el lugar donde conversaba con mi amiga, se encontraban algunos excompañeros de trabajo a los cuales me encanto ver, siempre es grato compartir con gente interesante y mas cuando la conversación comenzó a tomar finalidades y contrafinalidades como lo sostiene Jean-Paul Sastre. Por cierto mi amiga insistía perseverantemente que cuando uno conversa en un lugar publico debe pedir dos tazas de café, lo que no entendí es porque persistía tanto en ello.

Trate humildemente de realizar varios silogismos al respecto pero ninguno me llevaba a una conclusión satisfactoria mas que si uno pide dos taza de café a la vez una se le enfría y muy probablemente tendrá unos cólicos enormes con una visión sicodélica y vertiginosa del mundo.

(2008)