11 de mayo de 2009

Reflexiones de la ociosidad

Conversaciones con una niña

Dra. Teraiza Mesa

Publicado en el diario Frontera de la ciudad de Mérida el Sábado 27 de Noviembre del 2004

Por aquellos avatares del destino me encontré a una linda niña que salía corriendo de un lugar donde se realizaba la venta de un producto, me llamo la atención dos cosa en primer lugar la sombra de su mirada y en segundo lugar la postura desafiante con la que me retaba, aun sin conocerme. Tenia como unos doce años al hablar con ella me dijo varias cosas importantes primero que no creía en nada ni en nadie, yo pensé: “Eso lo dice uno cuando tiene unos 70 años y la vida lo ha pateado a uno lo suficiente como para suponer tanta paranoia”. Sostenía varios argumentos lo suficientemente validos, como para que mis cuestionamientos se deshicieran en mi mente antes de ser pronunciados:

Todas las personas mienten, y a mi me piden que siempre diga la verdad.

Cuando digo lo que siento o hecho me castigan o regañan.

Si guardo silencio por respeto a mis mayores me dicen que estoy tramando algo.

Un día alguien me grito y le pedí que me explicara el porque me agredía, me dijo simplemente que le provocó, pero si yo lo hago soy una “necia malcriada”. Si gritos es porque grito y si callo es porque callo.

Sabe qué: ¡Yo siempre digo la verdad! Pero nadie me cree. Un día para probar dije una gran mentirá y todo el mundo me aplaudió ¿Será que las falsedades son mas interesentes que la simplicidad de la viva cotidiana?.

Persistentemente trato de respetar las cosas de los demás, pero cuando pido que respeten las mías todo el mundo se mete. Y cuando les digo “quien les dio el derecho de violar mi privacidad” me miran y se ríen.

Sabe algo la autenticidad no existe, ya que todo va a depender de que tan buen actor sea usted, y como yo soy muy mala actriz, la gente creerá en usted y no en mi, aunque yo siempre sea sincera.

Yo simplemente la miré y recordé eso que llaman paradoja y lo grave que esto puede ser en el desarrollo integral de un ser humano.
Les doy un ejemplo: “Un día se le pidió a Dios que creará un piedra tan monumental que ni él pudiera moverla. ¿Cómo conciliar esta petición con la omnipotencia divina?. Si Dios lograba moverla es que no la había podido crear lo suficientemente grande, pero si no conseguía moverla, por eso mismo ya no era omnipotente.
El único argumento superfluo que logro escaparse de mi boca fue: “Espero que algún día puedas perdonar a esos adultos idiotas. Di siempre la verdad con exactitud no importa lo que digan los otros”.
¿Sabe cual fue su respuesta?:
UN ROTUNDO, CONTUNDENTE E INDECIFRABLE SILENCIO.