16 de mayo de 2009

Un día de lectura

"Tengo una especial predilección por la lectura desde muy chica, y un buen par de lentes que lo comprueban, por aquello de no confundir una D con una O, a continuación coloco un fragmento de un libro que lei en estos días".

Gratitud
Santo Tomás de Aquino sostiene que la gratitud es una realidad humana compleja y señala que: "se compone de diversos grados. El primero está en el "reconocimiento" (ut recognoscat) del beneficio recibido. El segundo consiste en alabar y dar gracias (ut gratias agat); y por último, el tercero, estriba en el acto de "retribuir" el bien recibido de acuerdo a la posibilidad del beneficiado y según las circunstancias más oportunas de tiempo y lugar".

Todo esto resulta, en suma, muy fácil de comprender, dado que como todo el mundo sabe, tan solo puede sentirse verdaderamente agradecido aquel que piensa en el favor que ha recibido como tal. Es así que solo es agradecido quien piensa, pondera, y tiene en cuenta la liberalidad, la grandeza de espíritu que ostenta el benefactor. Cuando esto no ocurre sobreviene el justo lamento: "¡qué falta de consideración!". Por eso Santo Tomás, haciendo notar que lo máximo negativo es la negación del grado inferior positivo, sostiene que la falta de reconocimiento, el desconocimiento, constituye la máxima ingratitud. "Est gravissimum inter species ingratitudinis, cum scilicet homo beneficium non recognoscit" . Y en este sentido Séneca comenta que la máxima ingratitud es no reconocer que el favor sobrepasa lo estrictamente debido, "ultra debitum". De ahí que diga el ingrato: "Ministerium tuum est" (tu no haces mas que cumplir con tu obligación).

En el tratado De Malo (9,1) se adiciona un cuarto significado para la expresión "gratias agere". El de alabanza, que considera que el bien recibido procede de otro, que, por tanto, debe ser alabado.


Por ello hay que ser un desgraciado en esta vida para darle la espalda a la persona que nos trato con cariño, que nos tendió la mano en el momento justo, que nos ayudo, que hizo mi trabajo cuando yo estaba enfermo, que me miro con ternura cuando las cosas no estaban bien, que me busco un analgésico cuando el dolor era fuerte, que me escucho cuando nadie lo hacia, cuando me dijo la palabra exacta cuando ya nadie me hablaba, que se esmeraba por hacer del ambiente en donde vivo un mundo acogedor, que estaba atento a mis necesidades, que ignoraba su dolor solo por escuchar mis penurias, hay que ser un desgraciado para ser tan insensible y salir corriendo cuando los papeles se invierten y es esa persona que necesita mis oídos, mis manos, mis palabras, mi ayuda. (Año 2009).