12 de junio de 2009

Historia

Hablamos un poquito de historia

Dra. Teraiza Meza
Publicado en el Diario Frontera el Lunes 4 de Diciembre 2006


La psiquiatría como la conocemos hoy en día no existía en la antigua Grecia ni en Roma, pero lo que sí había eran locos que sufrieron, médicos que trataron de curarlos, y juristas que se esforzaron por protegerlos y limitar sus acciones, filósofos que se propusieron llegar a conocer la esencia de la locura; dramaturgos que hicieron de la locura del héroe, el tema central de sus tragedias.
Según Hipócrates y los demás autores del Corpus hippocraticum, la salud descansa en el equilibrio de los humores (una serie de sustancias que circulaban por el cuerpo) y de las cualidades que lo acompańaban y la enfermedad era su desequilibrio. En el libro de la enfermedad sagrada, se decía que los placeres, la alegría, la risa, el juego, al igual que los pesares, descontentos y quejas provenían del cerebro. Al igual que lo bello, lo feo, el bien y el mal, y que también por culpa de él estamos locos. En el libro de Lucrecio, el De natura rerum: el cuerpo era un conjunto de partículas que se hallaban en movimiento y recorrían conductos por los que pasan el pneuma o spiritus, y la enfermedad o la salud dependían de la velocidad, del número, y de la forma de dichas partículas. Rufo de Efeso, autor de El Pulso, neurólogo y observador de los grandes trastornos psiquiátricos, decía que las enfermedades eran de dos clases: un desequilibrio humoral o que una materia nociva se había introducido al cuerpo y era preciso eliminarla antes de emprender el reequilibrio humoral. Este punto de vista fisiológico comenzó a cobrar importancia en la edad media; y estoy haciendo referencia a los inicios de la psiquiatría en el siglo II de nuestra era. La importancia del conocimiento médico a través del Corpus hippocraticum es el de haberle arrancado al “loco” a los charlatanes, al odio, el desprecio y a los ungidos; y convertirlos en enfermos, observarlos, clasificarlos y curarlos.