18 de junio de 2009

Hogar dulce hogar

HOGAR DULCE HOGAR ¿?

Antonia se encuentra viviendo un sueño, por fin Roberto le pidió que se casaran, ya antes del sí su imaginación ha viajado a una velocidad más rápida que la del sonido, se vio a sí misma vestida de blanco, las tarjetas, la torta, los invitados, y todo esto en milésimas de segundos; por la otra parte Roberto se encuentra sudoroso, con palpitaciones, esperando a que la novia regrese... luego de la boda y del festín, se encuentran solos lanzándose a la aventura del matrimonio, en la mente de Antonia saltan los recuerdos de la fiesta, el discurso del padre, las miradas de los amigos, los consejos de mamá, todo mezclado con el futuro: Antonia de X; regresando a la realidad, a su lado se encuentra Roberto, en su mente el pasado ya quedó atrás, la ceremonia, la corbata que aprieta, el deseo de salir corriendo, y todos esos ojos mirándolo, ahora esta el presente y la recién comenzada luna de miel, ¿y el futuro? eso es algo tan lejano, que para qué preocuparse. Que mundos tan diferentes entre los hombres y las mujeres y estas diferencias, aunque banales al inicio determinan la continuidad o no de un matrimonio, esto es algo preocupante si observamos las cifras de divorcios en los últimos años; John Gottenan en 1993 determinó, el llamado índice de divorcio, el cual consiste en la probabilidad que tiene una pareja recién casada de divorciarse, por ejemplo, los matrimonios formados en 1890 tenía una probabilidad de divorcio del 10%, para los que se casaron en 1920 el índice fue del 20%, es decir 2 de cada 10 parejas se divorciaron, para 1970 el índice era del 50% y para las parejas que se casaron en 1990 la probabilidad de divorcio es del 67%, mas de la mitad, y esto es alarmante, ya que en un divorcio nadie gana. Las causas determinantes para que una pareja fracase son múltiples, pero hay una en particular que se repite con mucha frecuencia, y es el tipo de comunicación empleada, producto de las diferencias individuales, entre los hombres y las mujeres, desde muy pequeños nos enseñan a pensar y expresarnos de manera diferente. Las mujeres llegamos al matrimonio para expresarnos de manera abierta, y como diría Daniel Goleman “para ser las administradoras emocionales”; ellos son más prácticos y menos comunicativos para expresar sus sentimientos, de hecho parecen sufrir una especie de bloqueo mental, cuando le preguntamos “¿qué sientes?”; la siguiente queja es típica en la terapia de pareja, “Yo quiero que hablemos de las cosas que pasan, y el se queda callado, ni me mira, - y después de un suspiro- ¡es están cerrado!”. Él se defiende diciendo “Yo lo único que quiero es hacer cosas y ella no para de hablar todo el tiempo, ni cuando están pasado la serie del Caribe”. Muchos autores coinciden en que los hombres, son más optimistas con respecto a esta empresa, y las mujeres son más sensibles a los problemas. Daniel Goleman, autor del libro La Inteligencia Emocional, hace una sinopsis que recoge a la perfección los sentimientos de una pareja: “Ella intenta plantear y resolver desacuerdos y quejas, su esposo es reacio a participar, ella eleva el volumen y la intensidad de la queja, y comienzan a criticarlo. El se vuelve defensivo o se bloquea, ella se siente frustrada y furiosa, el se convierte en objeto de la critica, y para no estallar y mantener su autocontrol se aísla aun más”, en el mejor de los casos, ella termina llorando en su habitación la insensibilidad de él, y el socio se queda rascándose la cabeza pensando ¿Quién entiende a las mujeres?. Si estas diferencias se mantienen a lo largo del tiempo, la probabilidad de ruptura es alta.
En una discusión con nuestras parejas existen varios puntos que debemos tener presentes, para salir airosos, sin herirnos:
1-. Ellas y ellos se comunican de manera diferente; cuando una mujer expresa sus quejas, tal vez lo haga tratando de mantener la unión, los esposos deben recordar que después de la tempestad viene la calma, una manera de manejarlo, es escucharla y tratar de empatizar con sus sentimientos, ella así se sentirá querida y respetada, es muy fácil decir “entiendo lo que sientes aunque no lo comparto”.
En cuanto a ustedes queridas amigas, es bueno recordar que ellos son seres humanos y como tales también pueden ser heridos si criticamos su persona; si él llega tarde, no le digas que es un egoísta, refiérete al hecho en sí, di simplemente, “Cuando tu llegas tarde, me preocupo, y eso me hace sentir angustiada, me gustaría que me avisaras, en caso de que no puedas llegar temprano”, o simplemente pregunta que sucede. Si lo atacas tomará una actitud defensiva, y la idea es compartir no entrar en el ring de boxeo.
2-. Enfrenten sus pensamientos, encárenlos, si piensan que él o ella es un desconsiderado/a, recuerden las veces que estuvo a su lado, si está con esa persona es porque algo les atrajo. Como señala Aaron Beck, en su terapia cognitiva, el enfrentar este tipo de pensamientos buscando las pruebas reales de ellos, cuestionarlos, hace que disminuyan su validez y en consecuencia bajamos la tensión emocional, no es lo mismo pensar que “el no llamó, por exceso de trabajo”, que pensar “anda con otra”.
3-. Otro método interesante, es el propuesto por Haim Ginott, psicólogo, creador de la comunicación efectiva, él sugiere una fórmula para la expresión de una queja y es “XYZ”: “Cuando tu hicistes X, yo me sentí Y, y habría preferido que hicieras Z”, en este tipo de comunicación no entran las amenazas, ni los insultos, y por supuesto no dan cabida a los ataques, negaciones o escapes, de la persona que los recibe. No juzgues a la persona, sino al acto.
4-. No se conviertan ni en víctimas, ni en victimarios, es decir no menosprecien a su pareja, ni adopten el papel de inocentes, recuerden una pareja son dos.
5-. Cuando discutan traten un problema a la ves, no es conveniente pasar factura de cosas pasadas, ya que por lo general van con altos intereses. El pasado, pasado esta, y se tuvo que haber arreglado en su momento.
6-. Recuerden una frase: “el ser humano es perfectamente imperfecto”, entonces ¿cuál es la razón para exigir a nuestra pareja que sea el hombre o la mujer maravilla?”.
Por último, me gustaría rememorar la definición de familia de Virginia Satir “Si yo viviera en una familia nutridora me escucharían, y yo tendría interés en escuchar a los demás, me tendrían consideración, y yo tendría deseos de considerarlos; podría demostrarles mi afecto así como también mi dolor y desacuerdo; no tendría miedo de correr riesgos puesto que toda la familia entendería que es inevitable cometer errores, sería una persona con derechos propios e importante, valorada, querida y que obviamente tendría que valorar, tomar en cuenta y querer a los demás y darles su lugar”, y una familia así se construye antes del matrimonio, entonces, vale la pena arreglar las pequeñas diferencias, antes de que ellas se adueñen de nuestras vidas.

Dedicado con todo mi amor a mi esposo, quien es mi mejor psicoterapeuta y con quien aprendi a hacer pareja. (1999)