22 de junio de 2009

La exploción de la conducta

La explosión de conducta
Dra. Teraiza Meza
En el trastorno explosivo intermitente la impulsividad está vinculada con la agresión. Se trata de actos agresivos no premeditados, de naturaleza verbal o física de fuerte intensidad que van dirigidos a otra persona o a un objeto o a uno mismo con la intención de causar daño.
Este comportamiento produce un profundo deterioro del funcionamiento social, vocacional y familiar. Esta conducta se encuentra con frecuencia en los crímenes violentos como violación, asesinato y asalto, así como en diversos accidentes. Los pacientes que padecen de trastorno antisocial pueden presentar tanto agresión premeditada como agresión impulsiva.
Otra conducta donde la impulsividad y la agresión pueden coincidir es en la automutilación. En este caso se obedece un impulso para actuar agresivamente hacia uno mismo actuando sin premeditación y en este caso la impulsividad y la agresión coincide en un comportamiento particular.
Este problema se caracteriza por la realización de una serie de actos violentos sin que haya ninguna relación con un posible estrés precipitante de cualquier tipo que lo justifique. En otras palabras la persona esta bien, su circulo social no ha cambiado, su rutina diaria se mantiene igual, todo le esta saliendo bien, no ha tenido ningún tipo de contratiempo, recibe cariño, afecto y aprecio de las personas que le rodean y de repente estalla, rompe objetos e inclusive arremete físicamente a otros.
Su comienzo y su desaparición son de forma brusca, de tal modo que los pacientes casi no perciben ni el principio ni el fin del episodio, pero una vez que éste ha terminado y por lo tanto la agresividad ha desaparecido hay una gran culpabilidad que el sujeto vivencia muy mal.
Se ha comprobado que no hay impulsividad interepisódica, y que salvo en estos episodios su vida es de lo más tranquila y pacífica, por lo que cuando les ocurre no son casi conscientes y lo describen como un verdadero ataque.
La duración de los episodios es de pocos minutos entre treinta - sesenta (30-60) segundos, por tanto su duración es pequeñísima pero las consecuencias de lo que sucede en este breve período de tiempo son bastante desagradables y a menudo imprevisibles.
El comienzo es de entre los dieciocho – veinte (18-20) años, es más frecuente en los hombres.
La mayoría de estas personas son hombres jóvenes y sus historias muestran a menudo accidentes de tráfico frecuentes, infracciones y posiblemente impulsividad sexual. Pueden exhibir una sensibilidad extrema al alcohol.
Los episodios agresivos no son explicados por ningún otro trastorno psicológico (como el trastorno antisocial de la personalidad, trastorno límite de la personalidad, un trastorno psicótico, un episodio maníaco, un trastorno de la conducta, o un trastorno de déficit de atención con hiperactividad) y no son debidos a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia (como una medicación o abuso de drogas) o una enfermedad médica (como un traumatismo craneal o la enfermedad de Alzheimer). O un ambiente social estresante.
Algunos individuos describen también que sus episodios agresivos van precedidos o acompañados a menudo por síntomas tales como hormigueos, temblores, palpitaciones, opresión en el pecho, presión en la cabeza, o escuchar un eco. Este desorden puede dar lugar a la pérdida del trabajo, a la suspensión en la escuela, al divorcio, a dificultades en las relaciones interpersonales, a accidentes, a hospitalización debido a lesiones por peleas, a problemas financieros, a encarcelamientos o otros problemas legales.
Las consecuencias de esta enfermedad son grandes pero su tratamiento sencillo lo mas difícil es aceptarlo para poderlo diagnosticar. (publicado en el diario Frontera 5-12-2008)