12 de junio de 2009

La presuncion de lo distinto

La Presunción de lo distinto

Dra. Teraiza Meza*

(Publicado en el Diario Frontera el Sabado 4 de septiembre del 2004)
Cuando leo un articulo en la prensa que comenta sobre un tema en particular y de alguna manera percibo que me afecta a mi o alguno de mis seres queridos, lo primero que pasa por mi mente es “alguien en el mundo siente lo mismo que yo”, y como me dijo un amigo: “Eso me hace sentir menos solo”, si alguien esgrime la palabra de un escritor o un autor o un articulista como espada para herir, creo que debe tener presente, que el mundo no es mas que lo que somos por dentro, y si alguien califica como virulento lo que se escribe, pues se dejaría de hacer y no existiría ni cuentos, ni novelas, ni libros, ni prensa, ni intercambio de opiniones. La palabra escrita, para mi es solo una bella manifestación de lenguaje.
En una novela de Morris West (llamada Dios Salve Su Alma) se narra la historia de un personaje bastante llamativo que, con el permiso del autor me servirá para explicar una patología psiquiátrica que quizás se vuelva común en nuestros tiempos: Charles Parnell Cassidy; el personaje principal, es descrito magistralmente por Morris West como de “mente sinuosa, pasión que se manifiesta prontamente, mirada sensual, sonrisa, rápida, andar elegante y atrevido, moral flexible oratoria con ribetes, acceso de cólera sombríos, con un evangelio tan de doble moral que le permitía llegar a ser cualquier cosa, desde policía montado hasta cardenal, salvo que era demasiado inteligente para una cosa y poco casto para la otra: deseaba solo dos cosas dinero y poder”.
El trastorno al que me refiero se llama narcisista y se presenta entre el 1 al 2% de la población, se caracterizan porque la persona presenta un sentido de grandiosidad, autoimportancia, viéndose a si mismos como seres especiales. La crítica la toleran muy mal pudiendo llegar a encolerizarse o permanecer totalmente indiferentes cuando alguien los critica. Son ambiciosos y sus relaciones interpersonales se caracterizan por la explotación del otro. Por otra parte son incapaces de mostrar empatìa y solamente muestran interés, cariño o amistad cuando quieren alcanzar un determinado fin, sin importarles los medios para obtenerlo. Quizás el inconveniente no es que sea un poco presumidos, sino que sus pautas para relacionarse con los otros se encuentran arraigada, rígidas, e inmutables, es decir que son extremadamente resistente al cambio, y ante una situación diferente siempre mantiene el mismo patrón de reacción. Esta enfermedad va mas allá de una forma de vestir o del culto al cuerpo, me explico, el termino sea tergiversado tanto, que en la actualidad se emplea para describir el uso de vestimenta de tipo roquera, cabello pincho etc… cuando en realidad son personas cuyo atuendo es muy discreto.
Les daré un ejemplo de esta enfermedad, un jefe enamorado de su subalterna podría llegar al extremo de dejarla sin empleo para conseguir que dicha persona ceda ante sus flirteos y utilizaría frases como: “la dejare sin sueldo para que acepte lo que sea”, y cuando la pobre desdichada se quede sin nada, su frase favorita seria “Ya te quite todo, no me interesas”. Otro ejemplo, en la misma novela, el autor narra que era tal el odio que sentía Cassidy por el esposo de su hija, que en venganza le entregaba su herencia, pero a la vez una bomba de tiempo, si rehusaba, ganaba una fuerte suma de dinero (mal habido, y por lo tanto sería perseguido judicialmente) y si aceptaba entraba en el mundo de altas finanzas, mafia y corrupción. Pero siempre con la posibilidad de elegir.
Se a descrito en la literatura medica que existe un sustrato genético para tan padecimiento, al igual que alteraciones en dos sustancias cerebrales importantes, como lo son la serotonina y la dopamina, por ejemplo Meter Kramer menciona que el uso de medicamentos tales como la quetiapina o la fluoxetina puede mejorar la autoestima, la asertividad, la capacidad para manejar el estrés y también aumenta un poco la tolerancia a la supuesta certeza de sentirse humillados.
El trastorno narcisista de la personalidad es crónico y difícil de manejar, los pacientes por lo general afrontan agresiones constantes de su propio entorno, producto de su misma forma de actuar. Tal es la cuestión que en nuestra carrera existen colegas que se encargan específicamente de este tipo de desorden, Eloy Pomenta en su libro el Narcisismo al final del siglo XX, refiere que por la salud del mismo psiquiatra solo se debe aceptar en la consulta un solo paciente con este tipo de problema. ¿Saben porque? el mismo Morris West o Michael East (que es el seudónimo que utiliza en otras obras) en la novela Arlequín dice lo siguiente: “Somos amigos del alma, pero yo seguiré estando tan celoso de ti, y tan fascinado por tu mujer, que no descansare hasta humillarte, doblegarte y someterte”. Gracias a Dios, a la genética, leyes mendelianas, o las leyes divinas, o lo que sea que usted crea, son pocos los individuos que lo padecen, tanto por ellos mismos, como por las personas que lo rodean. (Am. J. Psychiatry 2003)