18 de junio de 2009

Perdedor

¿PERDEDOR?

En una de nuestras agradables charlas matutinas antes de comenzar a laborar, y mientras disfrutamos del delicioso café que Carmen prepara, dos de mis colegas comentaban el caso de una persona conocida por ambos y a quien definían como ”demasiado buena gente”, tanto que todo el mundo abusa de ella, es el blanco de chistes y bromas pesadas, su aspecto deja mucho que desear, ropa sucia y descuidada, sensibilidad a flor de piel, “llora por todo”, fácilmente manipulable, en extremo condescendiente, caminar encorvado, mirada siempre atenta para saludar y sonreír, voz tenue, y un letrero en el pecho que dice: “ mírame, aquí estoy” y otro en la espalda: “patéame”; tal parece que describiéramos el típico personaje de mala suerte de los Picapiedras. El amor propio de estos seres no existe, son víctimas de su baja estima; estas personas generan un gran rechazo, siendo detectado fácilmente por ellos, es como si tuvieran una antena parabólica. La sensación de no tener oportunidades, la incapacidad para elegir, miopía extrema para observar que la responsabilidad esta en sus manos, baja capacidad de disfrute, falta de respeto hacia sí mismos; son sus características, y como el mundo es un enorme espejo que refleja lo que somos, eso es lo que obtienen. Este tipo de personas no son competitivas por excelencia pero pueden aprender a adaptarse a esta cotidianidad tan desafiante. Con respecto a esta falta de oportunidades Raimundo DeOvies cuenta la historia del único libro que se salvo durante el incendio de la biblioteca de Alejandría, en el cual se describe la llamada piedra de toque, esta era un guijarro, que podía convertir en oro cualquier metal, y se encontraba en el Mar Negro, escondida entre miles igual a ella, la manera de reconocerla era al tacto ya que la verdadera era caliente. Un hombre vendió todas sus pertenencias, y fue a buscarla, él tomaba una en la mano y si estaba fría la arrojaba al Mar, así pasó un año; hasta que tomó una piedra y la sintió caliente y por la fuerza del hábito la tiró al Mar. Vale la pena preguntarse ¿Cuántas veces botamos a la basura las oportunidades?; por miedo, falta de tiempo, por creer que somos incapaces, por pensar que no lo merecemos, por culpas pasadas, por tantas otras excusas. ¿Y de quien es la responsabilidad?. Hay un viejo axioma, que dice “El éxito no solo se logra con una buena mano en el juego, sino también cuando se sabe jugar una mala mano”. La vida puede ofrecernos un duro terreno, pero es nuestra elección sentarnos en el camino o bordearlo y seguir adelante.
Si bien es cierto que vivimos en un mundo muy competitivo, asimismo lo es el hecho que existen personas que no lo son. Evoco en mi memoria, un fragmento de la mitología griega, en el cual se cuenta que Afrodita le designó, varias tareas a Psiquis, entre ellas estaban la de tomar la lana de los Carneros del Sol y llevársela a Afrodita; estos eran animales enormes, con cuernos y muy agresivos, si Psiquis intentaba acercarse probablemente saldría pisoteada. Inteligentemente ella esperó hasta que se durmieran y recogió los mechones que quedaban en el suelo (J. Shinoda Bolen, 1993), cumpliendo así con la tarea, sin salir herida en el intento. Algunas personas no saben correr por la vía de máxima velocidad, porque no cuentan con el cinturón de seguridad, pero también es cierto que el triunfo en la carrera no siempre es del más veloz, sino de aquel que piensa que puede conseguirlo, y persevera. Si usted cree que no merece nada, que es incapaz de realizar sus metas, eso será lo que recoja, empiece por apreciarse a sí mismo y su actitud cambiará, y los demás lo seguirán. Una persona que se ama a sí misma, ama a los demás, es ambiciosa sin ser codiciosa, poderosa sin ser opresora, autoafirmativa sin ser agresiva, e inteligente sin ser pedante (Lair Ribeiro).Por ultimo, como decía Martin Luther King premio Nobel de la Paz en 1964 “si uno se agacha, los demás le pasarán por encima”. (1999)