18 de febrero de 2010

Carnaval

Uno de esos pocos ratos de esparcimiento que uno puede disfrutar es el asueto de carnaval, estos días me permitieron realizar una pausa en mi quehacer diario. Tome mis maletas, mi familia y mi carro y me dirigí a mi ciudad natal, Mérida, con un deseo enorme de ver a mi familia y poder degustar, saborear, llenarme de tantos aromas, gestos y recuerdos y de esa forma avivar mi memoria de todos los hechos acontecidos en mi vida, de llenarme de cosas hermosas que solo el ambiente familiar proporciona. Mi relación con mis padres es inigualable. Mi hijo también disfruta de ese contacto con sus abuelos, sueña y cuenta los días en que pueda pasar un tiempo con ellos.
Claro está, el abrazo de los abuelos no es igual al de los padres.
El domingo pude asistir a misa en la catedral de Mérida, en donde me case y bautice a mi hijo, los recuerdos de esta arquitectura tipo gótica son preciosos, tuve la suerte de comulgar con el mismo padres que bautizo a mi pequeño. También me entere que el padre que me caso murió hace unos años. El silencio del santuario es acogedor, afable y lo llena a uno de tranquilidad y sosiego. (Un aumento gratuito de serotonina cerebral).
Viví en intensidad cada segundo desde el sábado en la madrugada hasta el martes, que regresamos a la también hermosa ciudad de Acarigua, el trayecto paramero un martes a las nueve de la mañana se disfruta por la limpieza del aire y la sencillez de las montañas, el complemento ideal, es una buena arepa y una taza de café con leche gigante a las 12 del medio día en pleno pico del Águila.
No hay que olvidar que la vía es espinosa y peligrosa, aun para un conductor experto, la podría describir como escabrosa, sinuosa, serpenteante y maliciosa en toda su subida y bajada, con curvas tan cerradas que uno no logra divisar cuando termina y mucho menos si viene un auto por la vía contraria, por lo que el susto esta a la orden de cada segundo, cuando uno menos se lo espera le aparece un carro de frente aun si uno es muy prudente y va por su vía. El descanso de vez en cuando es necesario, ya que si no se le fastidia los frenos o se recalienta el carro. También es bueno para comprar dulcitos abrillantados típicos de Los Andes para unos cuantos amigos.
Gracias a Dios por todo el paramo hay miradores, descansos y uno que otro café, me detuve y contemplé el monumento a la Loca Luz Caraballo y escuche el cantar de los niños parameros a la misma, si uno lo escucha con meticulosidad se le colocan a uno los pelos de punta por lo macabro del cuento.
Mi hijo trepo por cuanta montaña pudo.
Me detuve en el Kioquito La Fresita y pudimos deleitarnos con unos enormes, que digo gigantes vasos de fresas con crema una exquisitez al paladar, ya que las mismas están como recién cortadas frescas como ningunas, ni maduras, ni verdes, ni agrias, ni muy dulces, con crema suave y esponjosa dulce que no empalaga y que pasa suavecito por la garganta. Una delicia. Repito, redundo fue un deleite degustarla.
Al salir ya a Barinitas después de atravesar el paso de la soledad, uno siente como un respiro y un tremendo alivio cuando ve uno la autopista recta, amplia, limpia, despejada. Lamentablemente la extensa sequia, la quema de grandes extensiones de tierra, deja ver un espectáculo triste, doloroso, amargo, lastimoso, la temperatura roza casi los 39 grados. uno se queda como melancolico ante tanta aridez. Sin embargo si alguien me preguntase si cambiara mi lugar actual por otro en la linda ciudad de Mérida, sin que me quedará nada por dentro, con toda franqueza, la cual siempre me ha caracterizado y sin remordimientos le diría que NO. Un miércoles en la mañana temprano después de conducir 7 horas el día anterior, con pacientes en la sala de espera, el lío de la citas, las historias, el mismo aire que no funciona, el ventilador que solo bate el aire caliente, incluyendo a los presos y valoraciones psiquiátricas que solicitan los Tribunales de Justicia, no lo cambio.
La vitalidad que genera la montaña rusa del paciente psiquiátrico, no tiene igual.
Realmente aprendí a amar a esta vehemente ciudad de Acarigua-Araure.