24 de agosto de 2010

De amores y de aberraciones

Las explicaciones a los actos más aberrantes pueden ser tan simples, como inverosímiles o insulsas, como por ejemplo, que unos prefieren Toronto y otros Baci, o que un profesor de alto nivel se enamore de una alumna y cuyo amor profeso no le sea correspondido, con el consecuente desencadenamiento de actos fuera de control, obsesiones, desmesura y el aprovechamiento inherente a la consecución de deseos y apetencias propias de los que los rodean. Bien reza el dicho popular del árbol caído todos hacen lecha. Pues si… el tiempo y los hechos demuestran que las aberraciones más monstruosas siempre tienen cara de amores no correspondidos.

Teraiza Meza