16 de marzo de 2011

Entre lo sublime y lo fisiológico: No hay nada de anormalidad.

No soy psicoanalísta, soy solamente psiquiatra pero ese hecho no me exime de mi responsabilidad de conocer la teoría psicoanalítica, al igual que un psicoanalista no esta perdonado de conocer los circuitos neuronales y los neurotrasmisores.
Algo intesante y digno de ser comentado es el proceso intranpsiquico que FREUD denomino SUBLIMACIÓN:
Freud distingue dos principios fundamentales: el principio del placer y el principio de realidad. El primero supone una búsqueda de lo placentero y una huida del dolor, que nos impulsa a realizar aquello que nos hace sentir bien. En contraposición a éste, el principio de realidad subordina el placer al deber. La subordinación del principio del placer al principio de realidad se lleva a cabo a través de un proceso psíquico denominado sublimación, en el que los deseos insatisfechos reconvierten su energía en algo útil o productivo. Tomando como ejemplo el deseo sexual, ya su práctica continua supondría el abandono de otras actividades productivas (trabajo, arte, etc.), el hombre sublima sus deseos y utiliza su energía para la realización de otras acciones (deporte, literatura, juego). Sin la sublimación de los deseos sexuales no existiría, según Freud, civilización.
La sublimación en psicoanalisis es un término descrito por Sigmund Freud como uno de los destinos posibles de la pulsion. Se trata de un proceso psíquico mediante el cual áreas de la actividad humana que aparentemente no guardan relación con la sexualidad se transforman en depositarias de energía libidinal (pulsional). El proceso consiste en un desvío hacia un nuevo fin. Entre los ejemplos de Freud como nuevos destinos de la pulsión sexual está lo artístico y lo intelectual: Sublimar consistiría en mudar el fin pulsional hacia una actividad desexualizada, intentando su realización, por ejemplo mediante tareas creativas o de prestigio social: arte, religión, ciencia, política, tecnología.
Aquí el impulso es canalizado a un nuevo y más aceptable destino. 
Se dice que la pulsión se sublima en la medida en que es derivada a un nuevo fin, no sexual, y busca realizarse en objetos socialmente valorados, principalmente la actividad artística y la investigación intelectual. Ejemplo: el deseo de un niño de exhibirse puede sublimarse en una carrera vocacional por el teatro.
La sublimación sería por lo tanto la fuente de enérgia necesaria requerida para la creación, el arte y la ciencia.
Por ella se trasformaría impulsos en obras maestras beneficiosas para el individuo y la sociedad en general
Laplanche, Jean & Pontalis, Jean-Bertrand (1996). Diccionario de psicoanálisis. Traducción Fernando Gimeno Cervantes. Barcelona: Editorial Paidós. p. 415.

Botones de compartir en internet