22 de abril de 2011

El perdon: No es el acto de aceptar conductas Inadmisibles.

5 claves para superar la infidelidad
Jueves, 21 abr (RV).- Escuchar el programa

Tercera clave: Perdonar aunque duela

El proceso de perdón se puede dar si hay un paso de arrepentimiento, reconciliación y sanación. No es un proceso hecho con tus fuerzas, es un paso definitivo generado por la fuerza y el poder del Espíritu Santo quien ayuda primero a reconocer que el hecho si pasó, que fue algo real que nunca quisiste que pasara pero pasó. Es preciso que aceptes que eres una persona vulnerable a quien le pueden pasar hechos como éstos.

El perdón es una decisión. El que perdona recibe un gran beneficio, sana el corazón, descansa el alma, abre un panorama nuevo en la vida.

La mayor gracia se obtiene cuando el perdón se otorga de manera gratuita, es renunciar a toda reclamación. El perdón no es consentir una conducta errada ni perder la dignidad permitiendo que se mantenga la infidelidad. Se debe exigir arrepentimiento y corrección. De tu parte es no permitir que se aniden en tu ser sentimientos de odio y resentimiento que lo que hacen es más daño.

Son muchas las razones que tenemos para no perdonar o para demorar el paso del perdón. ¿Cuántos sufrimientos inútiles nos evitaríamos si fuéramos tan prestos a perdonar cómo para ofender? no faltan las excusas o las justificaciones para no otorgar el perdón: Es que la ofensa fue tan grande que no se puede perdonar; ya he perdonado otras veces y no hay un cambio de actitud; es que quien falló no fui yo; yo no perdono porque así mantengo la situación bajo control.

Humanamente sería casi imposible llegar al perdón, es por eso, que el perdonar es fruto de un proceso de oración. La oración facilita el perdón.

El perdón es la clave del éxito en el caminar de la pareja. La falta de perdón impide que la gracia fluya, impide que las bendiciones prometidas por Dios se derramen abundantemente sobre sí mismo, sobre la pareja, los hijos y toda la familia.

Mira la siembra realizada por la persona que falló, no juzgues que todo es malo, valora los actos buenos realizados. No estamos justificando la infidelidad, solamente cuando hay una justa medida la armonía se logra, de lo contrario se estaría construyendo sobre bases imprecisas y es posible que el edificio no resista.

No te dejes cegar por la ira, reflexiona y da gracias por los momentos gratificantes, mira a quien falló como una persona necesitada, ciega, totalmente equivocada. Revisa sus pautas de crianza, abran un camino de diálogo, ojalá lo permita quien falló. Para lograrlo es preciso entrar primero en un camino de oración personal, ojalá por escrito, en una intimidad muy profunda en donde tú entregas tus sentimientos y pides sabiduría, pides fuerzas nuevas, pides sanación.

La infidelidad no se olvida porque es un episodio de la historia personal y de pareja, pero si es posible sanar de tal manera que cuando recuerdes ya no te duela.

En éste momento, es preciso decirte con toda la fuerza de nuestra convicción: No cierres tu corazón al actuar de Dios, no te dejes llevar por la fuerza de la venganza, del orgullo y la violencia. No permitas que la dureza de corazón se imponga, deja que la sabiduría fluya en todo tu ser, doblega la soberbia si es que está apareciendo en ti, deja salir tu humildad y tu sensibilidad espiritual, permite que se restauren las ruinas caídas. Ojalá tu pareja haga lo mismo y en un tiempo oportuno verás que valió la pena morir para poder resucitar con la fuerza de Dios.

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Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía

5 claves para superar la infidelidad
Jueves, 14 abr (RV).- Escuchar el programa

Segunda clave: Manejar adecuadamente los sentimientos

Al enfrentar el dolor de la infidelidad, son muchos los sentimientos encontrados que se experimentan, hay dolor y angustia existencial, te sientes burlada o burlado, hay desorientación, remordimiento, rabia, sin saber qué hacer.

Piensas que hiciste el ridículo con todos. Si tus hijos se han enterado, sientes desconcierto y dolor, pena y desilusión. Seguramente al ver a tu pareja le reprochas por haber actuado con deshonestidad, con mentira. Es una lucha impresionante, te parece que no vas a poder salir porque quieres fluir en dos direcciones, una en desahogar toda tu rabia contra tu pareja y otra en recordar cosas bonitas que han vivido juntos, y que te hacen pensar que realmente le amas. Es un mar de confusiones.

Nadie sabe cuánto duele una traición hasta que la vive en carne propia. Definitivamente una infidelidad rompe el alma en mil pedazos.

¿Qué hacer con esos sentimientos?

Es aquí donde la sabiduría manda, si esos sentimientos los dejas anidarse en tu corazón, te destruyes por completo, te desintegras como persona, te desestabilizas en todos los aspectos de tu vida y en muchos de los casos te puedes enfermar físicamente; aparecen cefaleas, úlceras, miedos y el estrés causando estragos, los nervios se te afectan llegando a la ansiedad, angustia o depresión.

Es necesario que aprendas a manejar adecuadamente los sentimientos, para mantener la salud física, emocional y espiritual. Mal manejados te hundirán a ti y a los tuyos.

La clave para aprender a manejar los sentimientos es primero identificarlos, por eso te sugerimos que hagas la lista en un papel y segundo, entregarlos en las manos de Dios y pedirle su ayuda para que puedas manejarlos con sabiduría. Es así de sencillo, hazlo de una forma repetitiva y verás los resultados en tu propia vida.

Revisemos algunos errores fatales que debes evitar:

Un error es creer que no se puede remediar la situación. Somos testigos de personas que han logrado, al cabo del tiempo que Dios quiera, disfrutar de una nueva relación más madura, más estable.
Otro error es dejarse guiar por personas heridas por una infidelidad igual o por otros problemas. Aunque sean seres queridos, algunos de ellos son personas sin criterio para analizar toda la problemática de forma objetiva, te pueden aconsejar desde un corazón lleno de rabia y desesperanza. Es necesario que te dejes guiar por personas expertas en el tema y sobre todo con altos niveles de discernimiento emocional y espiritual.
Es también un error frecuente y fatal, “Esperar que se solucione hoy mismo”, esperar que la solución sea mágica e inmediata. Toda siembra requiere de un tiempo para tener una buena cosecha.
El peor error es no intentarlo o tirar la toalla en la mitad del camino. La perseverancia es básica, a veces no se ve nada por encima de la tierra, pero la semilla va creciendo. Dice la Palabra de Dios que dormido o despierto Él va haciendo la obra.
Otro error fatal es la venganza, creer que se debe pagar con la misma moneda para hacerle sentir lo que tú estás sintiendo. Esto solo agrandará los vacios y frustraciones que estás viviendo y además se acrecentará el sentimiento de culpa.

“¡El fuego ardiente del amor es una llama divina! El agua de todos los mares no podría apagar el amor; tampoco los ríos podrían extinguirlo. Si alguien ofreciera todas sus riquezas a cambio del amor, burlas tan solo recibiría.” Cantar de los Cantares 8, 6 - 7

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Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía





5 claves para superar la infidelidad
Jueves, 7 abr (RV).- Escuchar el programa

Primera clave: Enfrentar la realidad

Sufrir la infidelidad de la persona amada es algo muy fuerte y difícil de superar. Esto no te lo decimos para desanimarte, sino para que tengas en cuenta que, si es tu caso, ahora mismo te encuentras en un momento trascendental y según las decisiones que tomes, podrás llegar a vivir nuevamente la plenitud personal y fortalecerte como pareja, o irte por un abismo de soledad, frustración y descompensación en toda tu vida.

Es de vital importancia que no te dejes paralizar ante ésta situación, más bien, buscar las razones que llevaron a la infidelidad y seguir creyendo con firmeza que Dios creó al hombre para unirse a su mujer y que los dos se hicieran una sola carne. Dios quiere siembre la fidelidad.

La infidelidad es una defraudación, una traición o violación a una alianza de amor, es el acto más desconcertante que muchas veces te deja sin piso, se te hace un nudo en la garganta y tu mente no quiere aceptar que a ti te esté pasando éste episodio. Lo cierto es que ésta acción deja heridas profundas y es posible que no puedas controlar tu mente y tus impulsos al recordar el momento en que te enteraste, cuando viste un mensaje, cuando fue evidente a tus ojos el engaño que vilmente te hicieron.

El flagelo de la infidelidad puede iniciarse de varias formas y es importante que las conozcas: algunas veces se inicia con flirteos, citas clandestinas, juegos afectivos con personas desconocidas o cercanas, continúan los apegos románticos poco duraderos o relaciones estables y permanentes, que terminan involucrando el proyecto de vida de las dos personas y rompiendo vínculos ya establecidos.

Otras infidelidades se dan por adicción al sexo o tendencias a la promiscuidad y a la pornografía. En todos estos momentos hay diferentes niveles de ilusión y fascinación, muchas de ellas ilusiones pasajeras que quieren colmar una curiosidad o que buscan dar sentido a un falso concepto de hombría.

El camino de la infidelidad puede empezar basándose en mentiras tales como: “mi esposa ya no me escucha”, “tal persona me comprende totalmente” lo que pasa aquí, muy seguramente es que ni él ni ella se saben escuchar a sí mismos, están buscando fuera lo que tienen dentro, pero que no lo han descubierto.

El gran interrogante es: ¿Se puede recuperar la confianza?

Lo más grandioso que hemos visto en muchas parejas es que la han recuperado y hoy tienen una relación sana y estable. Es muy probable que tu pareja no haya dimensionado las consecuencias funestas de dejar tu corazón destrozado, si hubiera podido verlas, jamás lo habría hecho.

No todas las infidelidades terminan en separación, es más, muchas parejas que han pasado por éste terremoto, la han superado, han buscado ayuda idónea y han seguido pasos que les han llevado a la restauración. Otros cuantos que les parece que solos pueden superar estos dolorosos momentos han dejado a mitad de camino todo y hoy lamentan no haberse esforzado lo suficiente para restaurar su matrimonio. Ojalá no seas de las personas que piensan que si hay infidelidad ya no hay amor, recuerda que: “el agua de todos los mares no puede apagar el verdadero amor” (Cantar de los Cantares cap. 7).

En resumen, en este paso, lo que te explicamos son las diferentes causas que pudieron haber hecho que tu pareja haya caído en infidelidad, que fue algo que ya sucedió, que no puedes hacer nada para regresar el tiempo y cambiar las cosas, y que aunque es muy doloroso, “no es el fin del mundo”.

Te invitamos a seguir la secuencia de los próximos programas, para conocer las 5 claves para superar la infidelidad.


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Cómo asumir los momentos de soledad
Jueves, 31 mar (31).- Escuchar el programa
“A ti clamo, Señor, y te digo: "Tú eres mi refugio; tú eres todo lo que tengo en esta vida." Presta atención a mis gritos, porque me encuentro sin fuerzas. Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.
Sácame de mi prisión para que pueda yo alabarte. Los hombres honrados me rodearán cuando me hayas tratado bien.” Salmo 142, 5-7

Hay momentos en la vida en que sientes una sensación de estar completamente sola o solo aún estando en medio de muchas personas, es posible que sientas esa soledad profunda aún después de muchos logros e incluso después de grandes reconocimientos que te hayan hecho por acciones importantes que hayas realizado. Sientes la sensación de que nadie te quiere y que a nadie le importan tus problemas, que estás luchando sola o solo y tus fuerzas ya flaquean.

Es una soledad que se refleja en lo emocional, ni siquiera es una soledad física, porque pueden haber personas a tu alrededor que comparten contigo pero dentro de lo más profundo de ti, hay esa sensación de vacío que llega hasta el alma y no te deja ser feliz, muchas veces sientes que la amargura ronda tu corazón y que nada tiene sentido. Experimentas más bien, mucha frustración y ansiedad que a veces se transforma en angustias y soledades más profundas que llegan a convertirse en una depresión que alcanza niveles muy peligrosos.

Lo más grave de éste momento es que todos tus pensamientos empiezan a tener un tinte tan negativo que pueden destruir cualquier vida. Se te empieza a afectar el auto concepto, ya no crees en ti, se resquebraja la confianza que tienes en el manejo de tus emociones y en la esencia de lo que eres y empiezas a tambalear y a veces se llega hasta huir de las personas y aislarse por completo.

Cómo asumir la soledad

Empieza por aceptar que Dios te creó y da gracias por el hecho de que Él mismo te escogió y te envió a la tierra por medio de tus padres.

El dueño de la vida es Dios y solamente por voluntad suya, se crea la vida. Ahora reconoce que tu cuerpo es creación de Dios, acéptalo como el santuario donde Dios quiso vivir dentro de ti, recorre cada parte de tu cuerpo y da gracias por cada una de ellas, pide perdón por aquellas partes de tu cuerpo que no has aceptado y a las cuales, quizás, muchas veces has rechazado.

Ahora por escrito, acepta tu personalidad, tu temperamento y tu carácter, recuerda que así como eres, Dios te acepta y te reconoce y te ama, eres una obra salida de sus manos y por tanto eres una obra maravillosa. Agradece todo lo que eres, todo lo que sientes y lo que piensas y agradece por tu inteligencia y voluntad, por todas las capacidades que tienes y todos los talentos, elabora otra lista de tus valores y cualidades y da gracias por ellos.

Seguramente la fe es una de las virtudes que tienes y es la que te va a sacar adelante, es de allí de donde surge el gran misterio de la fraternidad y donde se construyen las verdaderas redes que soportan la vida de toda persona. Es en la presencia del Padre, donde puedes aceptarte a ti mismo o a ti misma, es en la presencia del Padre donde puedes recibir fuerzas nuevas, es en la presencia del Padre donde recuperas la libertad, la autoestima, el gozo y las ganas de vivir. Di con toda fe: Señor, que no se haga lo que yo quiera sino que se haga tu perfecta voluntad.

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Jesús vino para sanarte
Jueves, 24 mar (RV).- Escuchar el programa
Al escuchar a hombres y mujeres que abren su corazón y nos comparten diferentes situaciones, nos hemos dado cuenta que ninguno de nosotros está exento de haber tenido experiencias que dejaron marcas imborrables, unas más profundamente que otras y algunas que aunque parezcan intrascendentes, dejaron heridas tan hondas como las de nuestro amigo Roberto.

Él nos cuenta que a la edad de 9 años, en una fiesta familiar, un chiste de uno de los mayores lo puso en ridículo frente a todos. Este pequeño incidente fue el inicio de una carrera de alcohólico, que a los 35 años lo llevó a internarse en una clínica especializada, después de haber cometido graves errores en su vida y de haberle causado a su familia inmenso dolor y sufrimiento. Todo empezó cuando uno de sus tíos le dijo en voz alta, de tal manera que todos los presentes oyeran: “Muchacho, cierre la boca que raya el piso”. Roberto no entendió lo que pasaba; sólo se dio cuenta que era el centro de las burlas de todos; salió corriendo para el baño y al mirarse al espejo se dio cuenta, por primera vez en su vida, que sus dientes eran grandes y no tan bonitos como los de otros niños. Cuando salió del baño nadie se enteró de su dolor y desde ese día no volvió a sonreír, como se puede comprobar en las fotos del álbum familiar. Tres años después, en otra fiesta familiar, descubrió algo cuando a escondidas se tomó los sobrantes del licor que quedaba en las copas. A los pocos minutos se sintió desinhibido, ya no le dio más pena, pudo reírse con aparente libertad y hasta hacer chistes y bromas a los demás.

A partir de ese instante, cada vez que tenía oportunidad, se tomaba unos tragos, hasta que desarrolló una adicción al alcohol. Gracias a Dios, hoy se siente un hombre nuevo, sanado y liberado por el poder del Espíritu Santo de Dios; es un líder que está comprometido con el anuncio del evangelio. Pero, ¿cuántos hombres y mujeres, que han recibido heridas profundas desde la niñez, están hoy sumidos en vicios y esclavitudes de las cuales no han podido salir?
De otras personas hemos conocido situaciones de violencia inaudita de la cual fueron víctimas en su niñez, al recibir maltratos físicos, abandonos y soledades.

Son muchos los hombres y mujeres que fueron violentados en su sexualidad, cuando alguien se aprovechó de un ser indefenso y cometió abusos que posiblemente nadie conoció.

Pesan mucho también los recuerdos que quedaron grabados al presenciar violencia en la familia. Igualmente, en la época del colegio, la adolescencia, universidad, la vida laboral, en el matrimonio, estamos expuestos a recibir heridas y humillaciones por parte de las personas con quienes compartimos la vida.

Nosotros no sabemos lo que ha pasado en tu existencia. Lo que sí sabemos es que hay esperanza y que Jesucristo pasó haciendo el bien y sanando. Él vino por ti y Él siempre ha estado esperando que le abras la puerta de tu corazón para entrar y sanarte.

Si permites que el Señor te sane, podrás mirar con otros ojos la situación que hoy estás enfrentando.

Si estás dispuesto o dispuesta a afrontar con valentía lo que ha sido tu vida pasada, tendrás una oportunidad; no importan los años que tengas hoy, los que importan son los que quedan por vivir.

Digamos juntos: Señor Jesús, yo te necesito. Tú conoces toda mi vida, aun desde el vientre de mi madre. Envía tu Santo Espíritu y dame el valor de enfrentarme conmigo, con mi pasado, con mi dolor, con mis frustraciones, mis heridas y mis culpas, te entrego mi historia personal y acepto tu perdón, tu misericordia y tu acción salvífica en mi vida.

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Cuando los años pasen
Jueves, 17 mar (RV).- Escuchar el programa
En una ocasión nos invitaron a compartir con uno de los grupos que han realizado el ciclo de talleres “Parejas Victoriosas”. Ese día se tenía prevista una sorpresa para después de la reunión ordinaria. El motivo era que una de las parejas estaba cumpliendo veinticinco años de matrimonio y sus hijos llegaron con un grupo musical para darles una serenata.

Después de las canciones románticas y de las dedicatorias que nos hicieron evocar esa bella época del romance, el grupo musical comenzó a interpretar canciones bailables, que de inmediato nos hicieron levantar de los asientos. Todas las parejas, muy animadas, bailamos sin cesar hasta que hubo un momento de descanso. Fue en ese instante cuando se escuchó la voz de María que exclamó sonriendo: “Hacía treinta y dos años que no bailábamos”. Todos los miramos asombrados y sin ocultar la curiosidad esperamos que siguiera hablando, con la expectativa de saber el por qué se habían privado de ese placer tan propio de los enamorados.

No había mayores explicaciones. Simplemente un día, hace tantos años, bailaron por última vez y, sin saber por qué, no lo habían vuelto a hacer hasta esa noche. Así como ellos, muchas parejas de adultos mayores se van olvidando poco a poco del romanticismo, hasta que con el paso de los años pareciera que se convirtieran en un par de amigos que escasamente se saludan o se despiden con un apretón de manos o con un gesto.

Qué hermoso es descubrir que esencialmente seguimos siendo iguales, que somos como un cofre que guarda un valioso tesoro. El paso de los años puede deteriorar el cofre por fuera, le puede hacer perder el color y hasta las paredes se pueden agrietar, pero el tesoro seguirá intacto en su interior. Así mismo somos nosotros. Los sueños, las ilusiones y los sentimientos pueden seguir intactos, así pase el tiempo, el cual se refleja en nuestra apariencia física, pero en la esencia seguimos siendo iguales.

Lo que aprendimos esa noche es que debemos cultivar las expresiones de romanticismo, para que al llegar a la vejez sea para nosotros natural caminar tomados de la mano, y de repente detenernos en una esquina para darnos un beso, o un abrazo que nos haga vibrar como en aquellos lejanos días cuando queríamos detener el tiempo para hacer eterno el contacto de unos corazones que se amaban, que seguirán siendo los mismos y que siempre estarán esperando por esa anhelada caricia. Que nada nos impida seguir teniendo detalles, salir juntos a comer un helado o a tomar un café y que en el momento menos pensado se escuche por iniciativa de cualquiera de los dos la romántica propuesta: “Te invito a bailar, a salir o a pasear”.

Podríamos seguir describiendo varias situaciones propias del comportamiento de la pareja en la adultez, pero lo que nos proponemos es dejar un mensaje que, si es recibido por una pareja joven, le sirva como motivación para que se prepare para convivir al final del camino de una manera gratificante. Y que si es recibido por una pareja mayor, pueda revisar el modo de vida que está llevando y se anime a hacer los cambios que sean necesarios para disfrutar hasta el último momento que Dios les permita vivir juntos.

Imagina por un instante cómo será la vida si llegan juntos a la edad de adultos mayores. ¿Cómo será un día rutinario?, ¿cuáles serán las actividades que ocuparán su tiempo?

El ideal es que esa etapa final sea de paz, de reposo y de gozo, para que además ustedes como pareja le puedan entregar a los suyos la esencia de la experiencia, la sabiduría que sólo se obtiene con el paso de los años, y el amor que es el mayor tesoro como testimonio de permanencia y fidelidad a esas promesas que se hicieron en los años de juventud.

Como dice en Isaías 46: “Seguiré siendo el mismo cuando estén viejos, cuando tengan canas todavía los sostendré”.

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Dependencia enfermiza
Jueves, 10 mar (RV).- Escuchar el programa
En una ocasión llegaron a nosotros para ser atendidos en consejería José y Nidia, una pareja de ancianos, quienes habían aceptado la sugerencia de sus hijos de explorar esta posibilidad, aunque pensaban que con sus más de cincuenta años de matrimonio no debería haber mucho que aprender y mucho menos que cambiar en su relación.
La metodología que hemos adoptado para atender a las parejas es escucharlos a los dos simultáneamente por unos minutos, luego cada uno de nosotros se reúne con uno de ellos en un lugar aparte, para dar un espacio en donde puedan hablar sin reservas sobre lo que hay en su interior, luego finalizamos juntos, para compartir algunas conclusiones y orar por la pareja.
En el primer momento cuando les pedimos que expresaran qué motivaciones tenían para estar allí, cada uno destacó que eran una pareja muy feliz.
Cuando llegó el segundo momento de hablar a solas con José, le pregunté si había algo que le disgustara de su esposa y que, tal vez, él no se atrevía a mencionar delante de ella. Lo motivé para que se sintiera tranquilo, diciéndole que podía confiar plenamente en mi discreción. Estas palabras hicieron un efecto similar al de abrir una válvula para dejar escapar un caudal de agua a presión.
Empezó diciendo:
“Sólo puedo hacer lo que a ella le gusta. Si yo quiero ir a alguna parte, así sea a visitar a un amigo o a uno de mis hermanos, si ella no está en disposición de ir yo tampoco puedo hacerlo. Yo la quiero mucho, pero a veces me siento asfixiado. A mí me gusta interactuar con otras personas, pertenecer a grupos comunitarios, pero como ella es tímida y no quiere hacerlo, me frena y pone todos los obstáculos posibles para que yo no lo haga, aunque la invito y me gustaría que fuéramos juntos”.
Algunas cosas más dijo José, pero ya yo había captado la esencia del por qué Dios los había llevado a una experiencia que aparentemente no necesitaban. Fue evidente que el problema no era solamente de Nidia, también José inconscientemente había desarrollado una dependencia que le impedía dar un paso solo y su fuerza de voluntad se volvió débil para persistir en lo que realmente deseaba.
Por el otro lado, Nidia también manifestó que en ella había insatisfacciones similares. También se sentía ahogada y sobre todo muy temerosa. Se sentía insegura y con angustia con sólo pensar que José no estuviera cerca de ella.
Al analizar casos como éste, nos hemos dado cuenta que son comportamientos que se construyen a través de la vida. Se va generando tal dependencia mutua que se termina por perder la individualidad. Con frecuencia encontramos raíces que vienen desde la niñez o de algunas situaciones vividas en la vida de pareja, cuando por episodios desafortunados se pierde la confianza en sí mismo y en el otro. Entonces, una falsa forma de asegurarse es estar físicamente juntos permanentemente.
Cuando nos volvimos a reunir los cuatro para cerrar la sesión, José y Nidia pudieron expresarse los temores y anhelos que cada uno tenía. Se pidieron perdón, le dieron gracias a Dios por haber podido decir eso que tenían tan adentro, e hicieron propósitos de ayudarse mutuamente para buscar la realización del otro.
Después de que ellos se fueron, nos quedamos reflexionando sobre cómo, sin importar los años, hay áreas de nuestra vida que desconocemos y sobre cómo se pueden encontrar caminos para la felicidad y la realización personal, si abrimos el corazón, si nos declaramos necesitados de Dios y estamos dispuestos a aceptar que Él nos seguirá moldeando hasta el final de nuestra vida.

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Disfruten la vida hasta que la muerte los separe
Jueves, 3 mar (RV).- Escuchar el programa
“Llévame grabada en tu corazón, ¡llévame grabada en tu brazo! El amor es inquebrantable como la muerte; la pasión, inflexible como el sepulcro.
¡El fuego ardiente del amor es una llama divina! El agua de todos los mares no podría apagar el amor; tampoco los ríos podrían extinguirlo. Si alguien ofreciera todas sus riquezas a cambio del amor, burlas tan sólo recibiría” (Ct 8, 6-7).

Es posible llegar a pensar que por el hecho de ser cristianos se tenga una garantía de éxito en la vida de pareja. Y en realidad lo es si se vive el cristianismo en la cotidianidad de la relación y se mantiene a Jesús como el centro de la familia.

Sin embargo, hay que reconocer que en el diario vivir son muchas las aguas que tratan de apagar la llama del amor.

Ante la realidad de que la convivencia con los hijos es transitoria, quienes están llamados a permanecer juntos, ¡hasta que la muerte los separe!, son los esposos. Ante esto surge el siguiente interrogante: ¿Estamos preparados para compartir nuestra vejez?

La siguiente historia nos ayudará a ilustrar lo que puede pasar:

Caminábamos Isabel y yo por una de las calles de la ciudad, cuando vimos a lo lejos una pareja mayor que iba delante de nosotros. A pesar de que no alcanzábamos a escucharlos, por su actitud y ademanes se podía deducir fácilmente que estaban discutiendo. Cuando estuvimos más cerca, con sorpresa nos dimos cuenta que eran nuestros viejos amigos Rubén y Carmen, a quienes no veíamos desde hacía más de quince años.

Desde esa época se notaba el espíritu conflictivo de esta pareja. Se irritaban por cosas sencillas y se dejaban agobiar, extremadamente, por las dificultades económicas. Rubén era quien aportaba lo necesario para el sostenimiento de la familia y Carmen se ocupaba de atender el hogar.

Cuando ellos nos vieron, la sorpresa y la alegría del encuentro les hizo olvidar por un momento la discusión que tenían, de tal manera que los minutos que dedicamos a conversar se constituyeron en una especie de tregua. Después de los saludos de rigor y de habernos puesto al día, a grandes rasgos, de lo que había pasado en tantos años con nuestros hijos y nuestras vidas, vino la pregunta obligada a cerca de cómo estábamos en ese momento. La respuesta de ellos fue pesimista, muy similar a la de años atrás. La gran diferencia es que ahora Rubén ya no tiene trabajo, y como lo dijo él mismo con un rasgo de desilusión en su mirada, dependemos para subsistir de lo que nos dan nuestros hijos.

Ese encuentro, aparentemente intrascendente, nos hizo reflexionar sobre cómo nos toman ventaja algunos factores negativos que se vuelven permanentes en la relación y nos quitan la paz. Con facilidad vimos que no había gozo en esa relación; que se habían acostumbrado el uno al otro a estar discutiendo y que en lugar de aceptarse, a lo que habían llegado era a soportarse.

Existen amenazas latentes que se presentan en forma de espíritu conflictivo, violencia, egoísmo, orgullo y falta de transparencia que si no se toman medidas oportunas para doblegarlas, llegarán a deteriorar una convivencia que debería ser de armonía.

En este momento te hacemos un llamado para que revises tu relación de pareja y de familia. El compromiso que hiciste un día “hasta que la muerte nos separe”, debe estar acompañado de una decisión firme de disfrutar y gozar cada uno de los momentos que Dios te permita compartir con la persona que Él te dio para caminar por la vida.

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Familia luz de las naciones
Jueves, 24 feb (RV).- Escuchar el programa
Uno de los encargos más bellos del Señor a las familias, es que sean luz para los que viven en la casa y luz para todos los que le rodean. Cada persona y cada familia deben diariamente acercarse a conocer las grandes maravillas que vivieron los profetas, los apóstoles y muchos del pueblo de Dios que siguen levantando su voz para pregonar el bien a todas las naciones.

Acerquémonos a algunos de ellos y observemos cuál fue la clave de su vida para poder ser verdaderos testigos y misioneros alegres de la Buena noticia.

A Jeremías le dice el Señor: “antes de darte la vida, ya te había yo escogido, antes de que nacieras, ya te había yo apartado, te había destinado a ser profeta de la naciones, pero Jeremías le contesta: ay! señor, yo soy muy joven y no se hablar, y le replica nuevamente el Señor: “no digas que eres muy joven, tu irás a donde yo te mande y dirás lo que yo te ordene, no tengas miedo de nadie, pues yo estaré contigo para protegerte, yo el señor doy mi palabra”… “entonces el señor extendió la mano, me tocó los labios y me dijo: yo pongo mis palabras en tus labios. Hoy te doy plena autoridad sobre reinos y naciones para arrancar y derribar para destruir y demoler y también para construir y plantar.”

Muchos de nosotros empezamos tímidamente a anunciar las grandezas de Dios y poco a poco, él mismo va soltando el corazón y dando la palabra adecuada que debemos decir en cada circunstancia. Hoy en el mundo hay mucha necesidad de Jesús, mucha necesidad de dar a conocer sus enseñanzas sobretodo, con el testimonio de vida, hoy en el mundo la familia se está muriendo de sed de Dios, y necesita de tu anuncio, como buen cristiano, tendrás que tomar una decisión fundamental, dejamos que el mundo siga perdido entre tinieblas del mal o anunciamos con valentía como anunció Pablo.

Pablo fue llamado a evangelizar a los gentiles, en tiempos de mucha dificultad, pasando por muchas dificultades, encarcelado, azotado, apaleado, tres veces apedreado, estuvo a punto de ahogarse tres veces, peligro de ríos, peligro de ladrones, peligros en el campo, en la ciudad, en el mar, entre los falsos hermanos, pasó muchas dificultades y noches sin dormir, sufrió hambre, sed, sufrió frío y falta de ropa, en Damasco fue arrestado, lo bajaron en un canasto por una ventana de la muralla de la ciudad y así muchos otros sufrimientos, sin embargo fue escogido por el Señor para hablar de Jesús a la gente de otras naciones, a sus reyes y también a los israelitas . Comienza a proclamar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios, y todos los que lo oían se quedaban asombrados y aunque algunos dudaban de él, les hablaba cada vez con más valor, demostrando que Jesús es el Mesías.
Pablo, realiza la acción misionera más importante y lo hace con autoridad. Se siente siervo de Jesucristo, llamado y apartado para ser apóstol suyo, para anunciar su mensaje de salvación y no se avergüenza del mensaje del evangelio porque es Poder de Dios para que todos los que creen, alcancen la salvación.

Qué ejemplo tan maravilloso nos da Pablo, él fue lleno del Espíritu Santo y por eso pudo evangelizar con tanta fuerza. Tu, a partir del bautismo, tienes la primicia del Espíritu Santo, él te ayudará en el camino de evangelización, a tu esposa o esposo, a tus hijos, a otras familias, Él te guiará y te indicará que decir y qué hacer en cada momento, basta que abras el corazón y te dispongas para que Él pueda hacer la obra que quiere en ti. Muchas familias te agradecerán por la palabra de consuelo que les llevas, muchas familias sonreirán nuevamente, muchos irán a los pies de Jesús por tu testimonio y tu acción misionera y el Padre que está en los cielos, te lo recompensará.

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Sembrar buenos recuerdos
Jueves, 17 feb (RV).- Escuchar el programa
La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es una abundante siembra de recuerdos gratos.

En nuestro caso, Humberto y yo fuimos bendecidos con unos padres maravillosos, de quienes, sin desconocer que hayan pasado momentos difíciles, hemos recibido un testimonio de amor, perdón, constancia, apoyo, comprensión y muchos elementos que son bases sólidas para lo que hoy es nuestra familia.

Cuando nos vimos enfrentados a un delicado estado de salud de mi suegro, originado por una deficiencia circulatoria que dejó sin irrigación sanguínea su pierna derecha, hasta el punto que la única alternativa fue la amputación, nos reunimos como familia unas horas antes de la intervención quirúrgica para orar, pidiendo a Dios que se hiciera su voluntad y que nos diera fortaleza para afrontar la difícil situación.

En medio de la oración nos vimos sorprendidos cuando uno de nuestros hijos le preguntó a Humberto: “¿Tú qué sientes?, el Tata –así le decían ellos a su abuelo– se puede morir esta tarde”. Esa pregunta fue como un sacudón para ubicarnos en la realidad. Hasta ese instante sólo habíamos pensado en su recuperación y no éramos conscientes del alto riesgo que significaba la operación para un hombre diabético mayor de setenta años.

No pude contener las lágrimas y al instante comenzaron a pasar por mi mente los múltiples recuerdos bellos que tengo de mi padre, quien siempre ha estado presente en mi vida. Recordé el día en que mi mamá me mostró una fotografía de un hombre joven alzando un niño. Me dijo: “Cuando usted nació, su papá lo alzaba y pasaba horas caminando de un lado al otro hasta que le dolían los brazos y se veía obligado a descargarlo”. Me puse a pensar que si Dios decidía llevárselo, yo me quedaba con un inmenso tesoro representado en todos los recuerdos, enseñanzas, ejemplos y valores que el hombre que Él me dio como papá me había dado durante toda la vida. Entonces la repuesta a esa sorpresiva pregunta se dio en forma de un profundo sentimiento de gratitud a Dios por haberme dado un padre tan maravilloso. Finalmente, respondí: “Mi padre sembró buenos recuerdos, me duele profundamente pensar en su ausencia, pero me fortalecerá grandemente el solo hecho de recordarlo cuando ya no esté”. Algunos años después mi padre partió hacia los aposentos celestiales. Me duele profundamente su ausencia pero me fortalecen y me llenan de alegría los buenos recuerdos que dejó.

A partir de esta experiencia, encontramos un elemento valiosísimo que ahora queremos compartir contigo y es que la vida de familia, esa nueva creación que estás llamado o llamada a propiciar, debe estar llena de una siembra de buenos recuerdos. Que los pasos que des, que las situaciones que tú generes, estén precedidas por preguntas tales como: ¿Esto que voy a hacer o que estoy haciendo es agradable a los ojos de Dios? ¿Esto es lo que haría Jesús? ¿Será un buen recuerdo para mi pareja o para mis hijos?

Revisa todo, tus modelos de comportamiento, tus costumbres, tus creencias, tu forma de hablar, la manera de exponer o imponer tus criterios, la aceptación que tienes de las otras personas y la flexibilidad que hay en ti para aceptar cambios. Recuerda una vez más, que somos diferentes y que puede ser que lo que es importante para uno, no lo sea para el otro o que se tengan escalas de valores y prioridades diferentes.

Unámonos en oración diciendo: Señor, guíame, ayúdame sembrar recuerdos gratos, valiosos e imborrables en mi familia. Tengo el anhelo de que cuando yo me vaya a tu presencia, a quienes queden de mi familia los fortalezcan los recuerdos de lo que vivimos juntos, los momentos de vivo amor, juegos, risas y alegrías, como también aquellos en los que compartimos una tristeza o aquellos donde lloramos juntos.

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Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía



La alegría nos viene de lo alto
Jueves, 10 feb (RV).- Escuchar el programa
Dios Padre, como padre bueno y misericordioso, nos creó para ser felices. Toda persona y toda familia está llamada a conocer y a disfrutar, la verdadera alegría cristiana, la alegría que nos viene de lo alto.

La alegría es uno de los principales temas de las Escrituras; se le encuentra por todas partes en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. El mensaje de la Biblia es profundamente optimista: Dios quiere a su criatura feliz, colmada de abundancia y de plenitud y para eso nos ha dado a su Unigénito.

Pero el mundo actual apenas conoce esta alegría integral. La mayor parte de los hombres buscan la alegría en el placer, en la evasión, aceptan una vida cotidiana irrelevante y sobre todo sin sentido.

Los cristianos debemos saber que la Buena Nueva de la salvación es un mensaje de alegría y nos corresponde a nosotros transmitir esa alegría a un mundo que vive en la desesperación, en la falta permanente de autenticidad y de transparencia. La alegría nuestra expresa su certeza basada en la Victoria de Cristo.

Nuestra alegría tiene su fuente en el mismo Mesías, Jesús ofrece una alegría que es la suya y que ha engendrado en El la entrega total de Sí y la obediencia perfecta al Padre; pero solo reciben esta alegría aquellos que, a su vez, observan el mandamiento nuevo del amor sin límites.

"Si observáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como Yo he observado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os digo esto para que mi alegría esté en vosotros y para que vuestra alegría sea perfecta" (Jn 15, 10-11).

La alegría del cristiano nos viene de aprender a trascenderlo todo, de esa mirada que nos da el Espíritu de Dios que va más allá de lo que tenemos al frente. Ver más allá del problema, del obstáculo. Ya decía Pablo: “Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después.”

La mayoría de las veces la falta de alegría está determinada por el no tener, o el haber perdido a algo o a alguien. Pero cuando comenzamos a amar a Dios sobre todas las cosas, como lo hizo Jesús, nos vamos desprendiendo de todos nuestros apegos (cosas o personas) y le vamos dando al Señor el puesto que le corresponde en nuestra vida.

La alegría del cristiano no es cuestión de temperamento, es cuestión de fe y de esperanza en la eternidad.

Entristecernos, sentir dolor, inquietud, etc., son sentimientos totalmente humanos y normales. El hecho de que seamos cristianos creyentes no nos hace insensibles. Es normal llorar y expresar nuestro dolor y tristeza, lo que no debemos hacer es recrearnos en ese sentimiento y quedarnos allí.
La alegría de la salvación que Jesucristo nos ha dado debe ayudarnos a trascenderlo todo.

Te invitamos a reflexionar respondiendo las siguientes preguntas:

¿Te consideras una persona alegre?
¿Sientes que comunicas alegría a los tuyos?
¿Comprendes la diferencia entre la alegría del mundo y la alegría del cristiano?
¿Qué pasos vas a dar para superar la tristeza?



Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía



Dame tu mano toma la mía
Jueves, 3 feb (RV).- Escuchar el programa




Tú y yo, una nueva creación
Jueves, 27 ene (RV).- Escuchar el programa
“Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo. Pues si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quién lo levante. Si dos se acuestan, tienen calor; pero él solo, ¿cómo se calentará? Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper” (Eclesiastés 4, 9-12).

Imaginemos por un momento que una pareja de águilas, tuvieran que vivir amarradas la una a la otra de una de sus patas. ¿Qué pasará cuando intenten levantar vuelo?; mucho daño se causarían mutuamente sabiendo que cada una está llamada a ser libre, a realizar sus sueños de remontar las alturas. Cada una puede y debe conocer otros lugares, para luego regresar al nido y compartir con su pareja las experiencias vividas y los nuevos descubrimientos hechos.

Amarradas de mala manera, estas águilas no cumplen bien el precepto de ser “una sola carne”. Impedidas de manera forzosa, ni siquiera podrán levantar el vuelo para conquistar juntas los aires; no habrá posibilidad de mostrar a la otra los paisajes que más le gustan; no habrá quien advierta a la otra de los peligros que la puedan acechar. Si pudiesen volar, no habrá placer alguno al volar juntas así.

Lo mismo pasa en el vida de pareja. La unión es para crecer en libertad, para pensar en la realización del otro y construir juntos un nuevo modelo de familia a la manera de Dios. Si esto no ha sido posible aún en nuestra relación, debemos darnos la oportunidad de hacer una “reingeniería”, poner sobre la mesa una hoja en blanco para escribir una nueva historia, con nuevas normas, buscando nuevos modelos y hasta generando nuevas costumbres.

Qué maravilloso es reconocer y rescatar en esta nueva creación lo bueno, lo excelso de la tradición familiar de cada uno. Al mismo tiempo, se avanza y se crece cuando se reconoce lo no tan bueno, lo que no edifica, lo que hace daño de esa misma tradición, para hacerlo a un lado y no traerlo a este nuevo modelo. Es como el constructor que selecciona los mejores materiales y desecha los de mala calidad o los que no se adecuan al diseño y a los planos del nuevo edificio que está construyendo.

Revisa todo, tus modelos de comportamiento, tus costumbres, tus creencias, tu forma de hablar, la manera de exponer o imponer tus criterios, la aceptación que tienes de las otras personas y la flexibilidad que hay en ti para aceptar cambios. Recuerda una vez más, que somos diferentes y que puede ser que lo que es importante para uno, no lo sea para el otro o que se tengan escalas de valores y prioridades diferentes.

Como bases fundamentales, te planteo aquí cuatro elementos que cumplen el papel de pilares para que se dé una nueva creación: Recuperar la confianza, Aceptación mutua, Darle al cónyuge el primer lugar sobre la tierra y Dar sin esperar.

Pidámosle juntos al Señor que nos ayude a hacer realidad el que en tu vida de pareja se realice una nueva creación, se realice el plan que Él diseñó para ustedes. Que todo lo que ha llegado a tu entendimiento se haga realidad y lo puedas encarnar como un verdadero estilo de vida.

Unámonos en oración diciendo:

“Señor, te doy gracias porque he entendido que en tu infinita misericordia, me das la posibilidad, por la acción de tu Santo Espíritu, de ser un arquitecto o una arquitecta que con mis propias manos puedo hacer de mi familia una nueva creación.

Te quiero hablar de mi pareja, la persona que me diste para compartir la vida. Te doy gracias por él o por ella y quiero decirte que reconozco que somos diferentes. Que tú nos hiciste así y permitiste que nos uniéramos para buscar la perfección, al complementarnos y apoyarnos en el camino hacia la salvación. Hoy tomo la decisión de aceptarle tal como es. No voy a tratar de cambiarlo o cambiarla con mis fuerzas o según mis deseos; más bien, hoy clamo a ti, Señor, para que seas tú quien lo moldees o la moldees. Yo, en lo secreto, oro al Padre, para que pueda encontrar la forma correcta de ayudarle a llegar a los pies de Jesús y que un día podamos presentarnos juntos tomados de la mano ante ti, para decirte: Aquí estamos. Un día nos uniste y hoy, a pesar de todo, llegamos juntos al final del camino terrenal.

Gracias, Señor, por este momento, por tu fidelidad, por tu presencia y por amarme tanto. Gracias porque ahora estoy dispuesto o dispuesta para iniciar UNA NUEVA CREACIÓN. Amén.

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Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía







El sentido esperanzador del sufrimiento
Jueves, 20 ene (RV).- Escuchar el programa
Quizás en algunos momentos te has preguntado: ¿qué sentido tiene el sufrimiento?, ¿acaso Dios quiere que nosotros suframos?, ¿por qué me tuvieron que pasar a mí tales cosas?

Tratando de resolver estos interrogantes y otros más que pueden surgir, vamos a descubrir cuál es la verdadera razón del sufrimiento, para qué sirve y cómo Dios utiliza esas circunstancias adversas, para moldearnos y para que salgamos fortalecidos de esos episodios, que en su momento parecía que nos iban a hacer claudicar. Juntos podemos construir la definición que nos ayudará a encontrar EL SENTIDO ESPERANZADOR DEL SUFRIMIENTO.

El sufrimiento es una realidad...

¿Quién puede escapar al sufrimiento? Si revisas tu vida, si miras a las personas a tú alrededor, todas, absolutamente todas, han pasado o están pasando por períodos, momentos o circunstancias que les han causado o les están causando sufrimiento. En mayor o en menor medida, lo que para unos puede ser una gran adversidad, para otros son cosas pequeñas o intrascendentes. Todo visto desde afuera es más fácil. La única realidad es que hay dolor, tristeza y tribulaciones.

El sufrimiento es una realidad misteriosa...

Misteriosa porque se escapa a nuestro entendimiento, porque llega en el momento menos esperado y porque, a pesar de su realidad, Dios no quiere que suframos. Cuánto cuesta aceptar la muerte de un ser querido, de un padre bueno, responsable o de un niño. Veamos bien y aceptemos, pues, que el sufrimiento es una realidad misteriosa. Ahora, demos un paso más al afirmar...

El sufrimiento nos hace crecer como personas...

Aquel día en el que me sorprendió la noticia de que a partir de ese momento se acababa el trabajo en esa empresa en donde me sentía tan seguro, en donde lo había dado todo, incluso a costa de descuidar mi familia, ese día pensé que todo se derrumbaba, me sumí en una terrible depresión y en una profunda nostalgia.

Quizás tú también en los momentos más críticos del sufrimiento, has llegado a decir: “¡Mejor hubiera sido que no hubiera nacido o que hubiera muerto!”. Sin embargo, por difícil que sea la situación, por insalvable que parezca, grábate muy bien esta frase: “Esto también pasará”. Repítela una y mil veces: esto también pasará, esto también pasará...

Nadie puede negar que una crisis nos hace madurar, nos enseña, nos hace cambiar la escala de valores y hasta nos hace más comprensivos y mejores personas.
El sufrimiento nos sensibiliza ante el dolor humano

El que más entiende a quien tiene hambre es quien ha tenido hambre. La persona que ha sufrido en carne propia la infidelidad, cuando alguien le cuenta que acaba de conocer la infidelidad de su pareja, la comprenderá mucho más que quien no la ha sufrido.

El sufrimiento nos acerca a Dios

Cuando ya no queda más hacia dónde mirar, cuando lo hemos intentado todo con nuestras propias fuerzas, la única alternativa es volver los ojos a Dios y Él, que siempre ha estado al pie nuestro, abrirá los brazos y nos recibirá como Padre amoroso y misericordioso.

Es muy común que las personas que llegan a los caminos de Dios, estén atravesando por algún tipo de crisis, que estén sufriendo una calamidad o una adversidad.

Cambia de sentido el sufrimiento cuando permitimos que nos acerque a Dios. Cambia profundamente tu mirada de la vida, cuando esa situación que estás viviendo o que viviste en el pasado, se convierte en la razón para que mires hacia Dios.

La clave está en dejar de mirar el problema, para mirar hacia Dios.

Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía



De la Cobardía a la Valentía
Jueves, 9 dic (RV).- Escuchar el programa
“Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan, y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.” Mt. 7, 13-29

La Virtud el ser valiente.
El Virus es la cobardía.

Felices, afortunados, bienaventurados los que son perseguidos por buscar los valores del Reino de Dios. Serán bendecidos todos los que tengan que pasar por insultos, rechazos y desprecios; así mismo le pasó a Jesús, fue rechazado, injuriado, calumniado por mostrar el amor del Padre acá en la tierra y poner en alto la verdad.

La expresión “perseguidos a causa de la justicia” significa “perseguidos por causa de Jesús”, por seguir sus enseñanzas.

Recordemos que el discípulo de Jesús debe entrar por la Puerta angosta.

La puerta angosta es la puerta del sacrificio, de la prueba, de la conversión de la renuncia a todos los virus que obstaculizan el crecimiento de un cristiano: el orgullo, la violencia, la dureza de corazón, el egoísmo, el rencor, la hipocresía, el espíritu conflictivo y la cobardía. Tú puedes escoger libremente ir por el camino ancho, que es el camino del facilismo que ofrece el mundo y que va a la perdición, o por el camino angosto que lleva a la vida, a la felicidad, a la plenitud.
El camino ancho es el del menor esfuerzo: que cambien los demás, yo ya soy así… yo no necesito… El camino ancho es el del poder, el tener y el placer; es el camino del desorden, del engaño, de los vicios, del pecado, de la muerte en vida, de las pasiones, de la impureza, de las cargas, de las culpas. Lastimosamente muchos se han ido por allí y se encuentran solos, amargados, sin ideales y lo más triste, en contravía de la salvación.

El virus que te impide disfrutar esta Bienaventuranza es: LA COBARDÍA.

El cobarde no se compromete; tiembla ante la prueba y ante el sufrimiento. El cobarde es desconfiado, le tiene miedo a la prueba, al sufrimiento. Es miedoso, se amilana sobre todo ante la crítica de la familia, de los compañeros de trabajo, de sus amigos.

A la persona cobarde le da pena que sepan que ella ama a Jesús, que es cristiana, Católica, que asiste a la Eucaristía o que tiene algún rasgo de vida espiritual. El cobarde prefiere callar y pasar desapercibido. Algunos de ellos emprenden una acción buena, una obra de Dios o cualquier actividad evangelizadora y a la menor crítica, prueba o problema que se presenta, se desaniman y muchas veces acaban con proyectos importantes. Otras veces se aíslan y se encierran en sí mismos y no luchan por la justicia.
Para disfrutar de la gran promesa de esta Bienaventuranza, es necesario tener un sentido esperanzador en el sufrimiento. Es preciso recordar que el sufrimiento es una realidad, porque todos pasamos por él. Además es una realidad misteriosa porque no entendemos el propósito que hay detrás de cada sufrimiento. Lo que sí podemos decir es que en esos momentos de impotencia, de soledad y de abatimiento, nos acercamos más a Dios. Cuántas personas buscan al Señor cuando pasan por momentos de inmenso sufrimiento. Cuántas personas a raíz de un accidente, de un problema serio, han llegado a sus pies. El sufrimiento, sobretodo el que se hace por la extensión del Reino, nos acerca a Dios y tiene un sentido purificador y salvífico.

La maravillosa promesa de esta Bienaventuranza es El Reino de Dios. Con todas sus gracias y bendiciones. Es Jesús mismo en las manos del Padre dándonos todo su amor. Es una promesa de felicidad, de victoria y de resurrección.

Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía



Del Espíritu Conflictivo a Hacedores de Paz

Jueves, 2 dic (RV).- Escuchar el programa

“Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados Hijos de Dios”. Mt. 7, 7-12

La Virtud ser hacedor de paz.

El Virus es el Espíritu conflictivo.

Un hacedor de paz se requiere con urgencia donde hay conflictos. Cuando lo ven llegar dicen: ¡Qué bueno! llegó la paz a esta casa. Pero cuando llega el conflictivo todos quieren huir de su lado, porque llega el desasosiego y se pierde la paz. Un hacedor de paz debe saber escuchar hasta al más necio sin inmutarse, sin perder la paz; ante los gritos altisonantes, permanece callado y espera el momento de calmar los ánimos. Hay muchos que no han entendido que no son muchas palabras sino pocas, pero llenas de sabiduría, las que llevan a la paz; incluso muchas veces se llega a la paz a través del silencio.

Da gusto encontrarse con una persona así, un hombre o una mujer cuyo rostro de paz tiene un encanto especial; sus ojos brillan, toda ella es fragancia de Dios, es una persona reconciliadora que busca siempre la armonía en las relaciones, vive el misterio de la fraternidad como expresión de la paz.

Si siembras recuerdos bellos día a día; cuando mueras les dolerá tu ausencia, pero les animará esos preciosos momentos vividos en la más profunda paz.

Busca a Dios a través de la oración, de la capacitación, del crecimiento en la comunidad. Búscale de día y de noche pero sobretodo búscale dentro de ti, en tu corazón; allí habita quien tanto te ama.

El hacedor de paz vive en paz con Dios, con los demás y consigo mismo, y se esfuerza porque las personas vivan en paz unas con otras; es un permanente sembrador de paz.

Lo que más necesita el mundo entero son familias que vivan esta Bienaventuranza; familias de paz y familias que construyan la paz; familias reconciliadoras. Que de ellas digan como decían de las primeras comunidades: “Miren cómo se aman”. Parodiando esta aclamación: “miren, qué paz que se experimenta cuando estamos con ellos”, viven en el Espíritu de Jesús.

EL VIRUS QUE IMPIDE SER HACEDOR DE PAZ ES: EL ESPIRITU CONFLICTIVO.

El conflictivo es el que no se entiende ni él mismo; es intolerante, violento, problemático, habla y juzga a todo el mundo; escucha y tolera los rumores y los utiliza para dañar el corazón del otro. Como no tiene paz consigo mismo, menos la tiene con los demás. Allí donde no hay conflicto, él busca el conflicto. ¿Quién es feliz así? Nadie es feliz si no encuentra la fuente de la paz, y la fuente de la paz está en el mismo corazón de Dios. JESUCRISTO es la paz.

La persona conflictiva se va quedando sola, se vuelve amargada; los rasgos de su rostro, se tornan en dureza y rigidez en su trato; empieza a darse una fragmentación interior y un desgaste de toda la persona.

En cambio, un hacedor de paz renuncia a ser conflictivo, problemático, y asume una actitud de reconciliación, de dominio propio. Se deja llevar a aguas de reposo; permite que Él sosiegue su alma y lo lleve a verdes prados; lo reconoce como el Príncipe de la paz y aunque le cueste, da pasos de unidad tomado de su mano.

PROMESA PARA LOS HACEDORES DE PAZ

Los que trabajan por la paz serán llamados hijos de Dios; es decir, de la familia del Padre, quien con su Hijo Jesucristo a través del Espíritu Santo viven en gozo permanente. El hombre o la mujer que viven en paz plena con Dios, y que además trabajan por la paz, son reconocidos como hijos predilectos; pueden gozar de todo lo que goza la familia celestial, sobretodo de la plenitud del amor.

Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía





De la hipocresía a la limpieza de corazón
Jueves, 25 nov (RV).- Escuchar el programa
“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. Mt. 6, 1-34; 7, 1-6
La virtud es la Limpieza de corazón, el virus es la hipocresía.

Un corazón puro está libre de las tendencias e impulsos que lo llevan a acciones pecaminosas; la única manera como puede librarse de ellas es por la acción maravillosa del Espíritu del Resucitado.

El limpio de corazón busca ver a Dios, y el hipócrita busca ser visto por los hombres.

El salmo 24 nos muestra claramente cómo esforzarnos en tener un corazón puro y cómo dejarnos purificar por Dios:

“Señor, ¿Quién puede entrar, en tu Santuario para adorar?”

El hombre de manos limpias y puro corazón que la vanidad no lleva en su alma, ni con engaño jura, esa persona está en la presencia de Dios, está en su santuario, está disfrutando de las más grandes delicias: una profunda e íntima relación con Jesús y al mismo tiempo con la comunidad de hermanos, todos en el corazón del Padre.

El limpio de corazón evita todo lo que sea pecado u ofensa a Dios, se esfuerza por dominar sus pasiones y vivir en gracia y buena amistad con Dios. Es transparente.

LA PROMESA PARA LOS LIMPIOS DE CORAZON ES: ... VER A DIOS

Esta experiencia de la plenitud de un corazón limpio y puro nos permitirá ver a Dios a través de la acción del Espíritu Santo. El Padre mismo nos da el don de verlo habitando en cada corazón. ¡Es sencillamente maravilloso!

Vemos a Dios en los hermanos, en nuestra familia, en la naturaleza y en la fuerza que nos da en las dificultades; en el consuelo en las enfermedades, en la gracia del discernimiento, en las flores y en el mar profundo; en el amanecer y en el atardecer, en las sendas nuevas que Él abre cuando no vemos horizontes, en la sanación de nuestra alma adolorida y en el inmenso gozo diario que nos embarga.

El virus que ensucia el corazón es la Hipocresía.

El hipócrita ensucia el corazón con obras muertas, busca riquezas en la tierra y pretende engañar a Dios con oraciones falsas, le gusta que lo alaben y siempre le está quitando la gloria a Dios.

El que no tiene el corazón limpio no ve a Dios. Es como la persona que tiene puestas unas gafas totalmente oscuras que no le dejan ver el camino; tropieza y cae permanentemente.

La limpieza de corazón de puede perder con:

La Limosna: No hagan sus obras delante de la gente para que los demás los vean...

La Oración: “Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea... les aseguro que con eso ya tienen su premio”.

El Ayuno: “Cuando ustedes ayunen no pongan esa cara triste, como los hipócritas, que aparentan tristeza para que la gente vea que están ayunando. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. Tú cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, para que la gente no note que estás ayunando. Solamente lo notará tu Padre, que está en lo oculto, y tu Padre que ve en lo oculto te dará tu recompensa”.

Buscando los bienes materiales: “No amontonen riquezas aquí en la tierra, donde la polilla destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar... Nadie puede servir a dos amos porque será fiel a uno y despreciará al otro; no se puede servir a Dios y a las riquezas”.

Juzgar: El que no juzga mantiene limpia su alma; de allí sólo brotan bendiciones para todos; desde allí brotarán ríos de agua viva, Dios mismo siendo el manantial que calma la sed.

El secreto de esta Bienaventuranza: TRANSPARENCIA Y AUTENTICIDAD

Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía



Del Rencor al Perdón y Misericordia
Jueves, 18 nov (RV).- Escuchar el programa
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Mt. 5, 43-48

Virtud : Misericordia, perdón.
Virus : Rencor, odio.

Misericordia es ver con los ojos del espíritu la miseria que hay en el hermano y al verla, amarlo como Jesús lo ama, aceptándolo tal como es, perdonándolo setenta veces siete, perdonándolo siempre y seguirlo amando como si nada hubiera pasado.

Cuando Jesús ve nuestra miseria, nuestra debilidad, nuestro pecado, desborda su corazón de tal manera sobre el nuestro, que lo envuelve con un manantial abundante de amor, lo limpia y lo sana totalmente, gratuitamente.


EL VIRUS QUE IMPIDE QUE SEAS MISERICORDIOSO ES: EL RENCOR

La persona que permite que se acumulen rencores en su corazón es una persona triste, no tiene gozo en su alma; aunque esté muy bien arreglada, tenga muchos proyectos y éxitos en su trabajo, no encuentra la paz en ninguna parte. Fácilmente puede explotar en ira, agresividad o sumirse en una depresión; el desgaste de su cuerpo, de sus nervios y de su vida emocional y espiritual se puede ver fácilmente.

La llave para alcanzar la sanación es el perdón. Si tú no perdonas, sigues enferma o enfermo de una enfermedad que lleva a la muerte en vida.

LOS TRES PASOS CLAVES DEL PERDON

Aceptar el perdón de Dios

Quizás has encontrado cosas en tu vida, que allá en tu soledad te estremecen por dentro; pecados que cometiste que no te perdonas nunca y por los cuales más bien te recriminas permanentemente. Quizá hasta los hayas confesado, pero aún no has aceptado el perdón de Dios y sigues cargando con culpas que rasgan tu alma y no te dejan vivir.

Es necesario y fundamental que creas que la sangre que derramó Jesús en la cruz fue por tus pecados; que Él que es el Padre de las Misericordias, perdona todos tus pecados y los olvida totalmente. Acércate al sacramento de la reconciliación y ya no sientas vergüenza; acepta con humildad que te equivocaste, pero acéptalo de una vez por todas y déjate amar con Su ternura. Acepta el perdón. ¡Tú solamente da gracias!

Perdonar a quién te ha ofendido
Los misericordiosos obtendrán Misericordia, alcanzarán Misericordia.
Es posible que vengan a tu memoria recuerdos de agresiones, injusticias, violencia de palabras que afectaron inmediatamente tu genio, que te hacen sufrir, llorar y sientes rabia acumulada porque te hicieron mucho daño. Pero si quieres vivir y permitir que tu alma respire, que no envejezcas prematuramente, que puedas realizar un proyecto en tu vida que valga la pena y para el cual Dios te dotó de todas las capacidades, debes tomar la decisión de perdonar por encima de todo.

Pedir perdón
Ir hacia el otro y pedir perdón no es fácil para los orgullosos, los prepotentes, los altivos; pero es muy fácil para el que reconoce que no es perfecto, que puede equivocarse, que necesita de otros y que el hermano es también un hijo de Dios. Lo justo ante los ojos de Dios es que no carguemos con ningún muerto en el corazón, con alguien a quien le hayamos quitado nuestros afectos, con alguien con quien somos indiferentes. Más bien que amemos a todo el mundo y que vivamos en paz y armonía. El único camino a la paz es el perdón. El Espíritu Santo es especialista en darnos las fuerzas para hacerlo como Jesús lo hizo.

El secreto de ésta Bienaventuranza: Siembra misericordia y cosecharás misericordia.


Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía




Del Egoísmo a la Generosidad

Jueves, 11 nov (RV).- Escuchar el programa
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. Mt. 5, 38-42

Virtud : Desvivirse por los demás.
Virus : Egoísmo.

Jesús centraliza su sermón en la búsqueda ansiosa de la justicia. Buscar la justicia con hambre y sed, con ganas, con ansiedad porque es una necesidad vital. Nos dice: BUSQUEN PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA.

Los justos son aquellos que se desviven por los demás, aquellos que buscan relaciones equitativas y solidarias con la familia y con la comunidad. Hacer justicia es dar al hermano necesitado de lo que tú eres y de lo que tú tienes; es buscar condiciones dignas para todos, es reconocer a toda persona como hijo del Padre, como hermano nuestro. Es la vivencia comunitaria del amor.

El evangelio de Mateo es en su esencia el evangelio de la solidaridad; describe cómo en las comunidades de Galilea había muchas necesidades: la gente se endeudaba y no podía pagar, era muy difícil la situación, se presentaban muchos conflictos que a veces iban hasta el tribunal. Por eso Jesús les enseñaba que lo más importante es compartir. Si le pedían la túnica, dice, entregue también la capa; si quieren que camine una milla acompáñalos dos y si alguien te pide dale, y al que te pide prestado, no le vuelvas la espalda.

Destaquemos la justicia en las siguientes áreas.-
Justicia con Dios: viviendo como sus hijos, imitando su paternidad; El que se reconcilia con su hermano y con la naturaleza está viviendo la justicia porque es darle a cada cual el puesto que merece como hijo de Dios.

Justicia con las demás personas: Es necesario que te desvivas por tu hermano, sobre todo por el más necesitado. Reconoce que tú y tu hermano son del reino, son hijos de Dios, son hermanos en la fe, son hijos de un mismo Padre.

Justicia con los bienes de la tierra: Los bienes de la tierra no son ni míos ni tuyos, son de quienes los necesitan y han de repartirse equitativamente, aprendiendo a cuidarlos, a compartirlos, a prestarle al que necesite y a buscar que cada persona tenga lo necesario.

Esta Bienaventuranza nos enseña a ser desprendidos a dar el diezmo y a ser generosos con las ofrendas, al fin y al cabo todo es de Él y solamente somos administradores de sus bienes. “Dios bendice al dador alegre”.

EL VIRUS ENEMIGO DE LA JUSTICIA: ES EL EGOISMO

El enemigo número uno de los justos es el egoísmo que grita dentro de cada uno: “Primero yo, segundo yo y siempre yo; que yo viva bien, que mi familia viva bien y los demás que se defiendan solitos...” El egoísmo no te permite sembrar grandes ideales, no te permite ser generoso y desprendido sino acaparar y acaparar, apegarte a las cosas materiales.

Pregúntate si eres una persona con hambre y sed de justicia. Revisa la situación actual, todo tu entorno familiar y tus amistades y busca que en todos se viva la justicia.

Busca ser justo con tu pareja en todas las áreas: afectiva, espiritual, emocional, física, y en materia de dinero. Sé muy generoso en tu comunidad, en tu parroquia; da tu aporte con ofrendas generosas, entrega el diezmo con amor a la obra del Evangelio, con los necesitados ten un corazón grande. En fin, deja que Dios mismo maneje tu economía.

El secreto de esta Bienaventuranza: Ser Justo y ¡Desvivirse por los demás!

Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía





De la Dureza de Corazón a la Sensibilidad

Jueves, 4 nov (RV).- Escuchar el programa
“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”. Mt. 5, 33-37

Virtud : Sensibilidad, quebrantamiento.
Virus : Dureza de corazón.

El proceso de quebrantamiento para llegar a la mansedumbre empieza cuando reconocemos nuestra necesidad espiritual, continúa cuando nos dejamos fecundar por la palabra y guiar por el Espíritu y cuando le permitimos al corazón que exprese sus sentimientos con la verdad.
Aquí, además de aceptar las dos primeras Bienaventuranzas, nos hacemos sensibles al sufrimiento de nuestros hermanos. Ya somos sensibles al dolor ajeno. Ya no se nos hace raro llorar con el que llora y reír con el que ríe. Empezamos a ser más sensibles a cada palabra que sale de la boca de Dios.
Jesús en el Sermón de la montaña nos dice: “que vuestro sí sea sí y vuestro no sea no”; es decir, que la verdad esté en nuestros labios siempre, pase lo que pase y sea lo que sea.
El hombre y la mujer que dicen la verdad son transparentes, sinceros, coherentes, auténticos. Son aquellos que lloran sus pecados, se presentan a Dios con corazón compungido y permiten que Jesús seque cada una de sus lágrimas. Son aquellos que entran en la presencia del Resucitado y se dejan consolar con el abrazo del Padre. Son aquellos que muestran su vulnerabilidad.
Una persona sensible y quebrantada, fácilmente deja rodar una lágrima ante el dolor ajeno o ante la infinita misericordia de Dios; igualmente permite que su llanto brote en un momento de arrepentimiento o sanación interior. Ya no importa que lo vean llorar; sabe que el toque de Dios a través de las lágrimas, sana y fortalece el espíritu.
En esta Bienaventuranza se nos promete la presencia del Espíritu Santo: “... ¡Serán consolados!”, por el consolador, el Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad en quien no hay mentira alguna.
EL VIRUS QUE IMPIDE SER CONSOLADO ES:
LA DUREZA DE CORAZÓN

No es feliz quien endurece su corazón. El corazón se endurece con la mentira. El corazón del que miente se va volviendo cada vez más insensible y un corazón insensible no experimenta el amor de Dios; y el que no experimenta el amor de Dios, muere. Muere porque no permitió ser consolado con el amor del Padre, aunque el Padre permanentemente está ahí, derramando su amor en un corazón que nunca se abrió para recibirlo. ¡Qué pesar! Puede pasarle como la piedra que está en el río por años y años, y al abrirla está reseca por dentro.
El corazón es endurecido básicamente por la mentira que brota de nuestro ser. En la medida que se opta por decir la verdad, se empieza a sentir consuelo, y este consuelo brota del mismo corazón del Padre que es el camino, la verdad y la vida.
Las mentiras son como una bola de nieve. Se comienza con mentiras pequeñas y a medida que se va endureciendo el corazón las mentiras y los alcances son cada vez mayores. Nos vamos cerrando cada vez más a la Gracia y expresamos menos los sentimientos por el temor a que descubran la falsedad que hay. En algunas oportunidades tomamos el camino de la agresividad o la seriedad exagerada para esconder estos comportamientos. Los canales por donde se deja fluir el consuelo de Dios están cerrados y si lo están, también está cerrada la vida.
La simple razón o la lógica, no tienen la capacidad de llevarnos a la sensibilidad. Es la cercanía del Espíritu la que transforma un corazón de piedra en un corazón sensible, quebrantado.
Si le suplicas a Dios que te invada con su presencia, con toda seguridad recibirás el bálsamo del amor. En algún momento tus mejillas se humedecerán con lágrimas de gozo al sentir esa presencia vivificadora del Padre.
El secreto: Acepta el consuelo de Dios y deja brotar tus lágrimas libremente.
Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía





De la Violencia a la Mansedumbre
Jueves, 28 oct (RV).- Escuchar el programa
“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en heredad la tierra”. Mt. 5, 17-32
Virtud : Mansedumbre, docilidad.
Virus : Violencia, rebeldía.
El manso es el que se deja guiar. El que acata la palabra de Dios, es la persona que vive bajo el señorío de Jesucristo. Él dijo en su palabra: “Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón, llevad mi yugo sobre vosotros, porque mi yugo es fácil y mi carga ligera”.
LOS VIRUS QUE IMPIDEN DISFRUTAR LA BIENAVENTURANZA SON: LA REBELDIA Y LA VIOLENCIA.
El rebelde es opuesto al manso, el que reacciona con cualquiera de las formas de violencia es totalmente opuesto a ser como Jesús y el que no es como Jesús no es feliz. El manso es el que tiene el control de sí mismo, es el que tiene las riendas de su vida y sabe parar a tiempo, sabe detenerse.
El rebelde no tiene el control de sí mismo, no se quiere dejar guiar, se vuelve violento.
El manso obedece, no se acalora, se domina, el rebelde se enoja, grita, se acalora. El que está centrado en Dios tiene fuerza para dominarse. La mansedumbre es el ejercicio de la paciencia con el otro, es saber convivir y evitar divisiones. Es ir a la cruz en medio de esa serenidad tan impresionante que tuvo Jesús en los momentos más difíciles, obedeciendo solamente al Padre.
Además de la violencia física encontramos las siguientes cuatro (4) formas, según Mateo 5, que causan grandes daños y dejan heridas más profundas.
EL ENOJO
Podemos preguntarnos en éste momento ¿Con quién estás enojado hoy, con quien estás siendo indiferente? ¿A quién estás despreciando? La indiferencia es una forma de violencia. No es necesario tener un arma en la mano sino que con el hecho de enojarte con tu hermano, con tu amigo, con tu vecino ya lo estás agrediendo e hiriendo sus sentimientos.
EL INSULTO
Insultas a tu hermano, a tu hijo o hija cuando le dices: eres bruto, no sirves para nada u otras palabras que niegan su dignidad, niegan que es persona.
Lo único que haces en éste momento es lastimar su inteligencia, decirles cabeza hueca como dice el texto del evangelio, ofende la mente de tu hermano.
LA INJURIA
Es juzgar la fe, la buena intención, la espiritualidad. Es cuando dices: ¿acaso no eres tu quien vas al grupo de oración?; ¿Vienes de misa?; y otras cuantas formas sarcásticas que atacan la fe de la persona y ahí si que la mandamos al piso y ponemos el pié encima de sus principios.
El ADULTERIO
La infidelidad es algo tan duro para un hombre o una mujer que hace un hueco en el corazón de quien la sufre.
La mente y toda la imaginación empiezan a construir imágenes de todo tipo, se desestabiliza el ánimo, se pierde el sentido de la vida, la tristeza invade todo el ser y el miedo aflora de manera permanente, el sentimiento de rabia, de impotencia por tal injusticia cometida hace que la persona deje volar sus pensamientos y crecer el espíritu de venganza en ella. Lo primero y fundamental está entonces en pedir al Espíritu Santo que sujete el pensamiento y por lo tanto los sentimientos. Puedes llorar todo cuanto quieras, pero no debes dejar que tu mente divague locamente de un lado para el otro porque quien sale más perjudicado es tu corazón. Cuida tu corazón porque de el mana la vida, dice la escritura.
¿Dónde encontramos el antídoto? El Antídoto es la Palabra que sale de la boca de Dios.
El secreto está en este texto del profeta Isaías:
“Así como la lluvia baja del cielo, y no vuelve allá sino que empapa la tierra, la fecunda, y la hace germinar, y produce la semilla para sembrar, y el pan para comer, así también la palabra que sale de mis labios, no vuelve a mí sin producir efecto, sino que hace lo que yo quiero, y cumple la orden que le doy”. Isaías 55,10
Si nos dejamos fecundar de su palabra, esta penetrará hasta nuestros huesos, y fecundará nuestra alma haciéndonos criaturas nuevas.
Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía





Del Orgullo a la Humildad
Jueves, 21 oct (RV).- Escuchar el programa
“Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.” Mt. 5, 13-16
Virtud : Humildad, apertura.
Virus : Orgullo, soberbia, prepotencia.
El pobre en espíritu es el que está abierto a Dios y a los demás, es aquel que desde la profundidad del ser se siente NECESITADO DE DIOS, comprende que su existencia no tiene sentido sin Él. El pobre “en” espíritu tiene una dependencia total de Dios. Una dependencia amorosa que comunica vida. El pobre en el espíritu dirá en todo momento “mi vida depende de Dios”. “Vivo bajo el Señorío de Dios”.
Qué humildad la de la criatura que proclame que su vida es Dios, que todo lo que es, depende de Él. Que de Él recibe todo. La mejor decisión de un hombre y una mujer es aceptar la invitación a entrar en esa intimidad profunda y experimentar que al reconocer nuestra pobreza se muestra la grandeza del creador, y se permite que brille el reinado de Dios. El pobre en espíritu es el que reconoce que tiene en quién apoyar su confianza y por eso no teme, no se preocupa, se entrega.
La recompensa para el pobre en espíritu es Dios mismo, no los bienes que Él da, no las cosas que permite, no los dones que recibe, sino Él mismo en la persona del Resucitado. Cuando se trabaja por la recompensa se pierde la bendición, porque se busca a Dios por las cosas no por la persona.
Hoy en día mucha gente busca a Dios para que le solucione sus problemas económicos, sus problemas de salud o sus conflictos, pero no lo buscan a Él sino a sus bendiciones.
La recompensa para el Pobre en el Espíritu es el Reino de los Cielos.
El reino de los cielos es alegría, felicidad, plenitud, es la paternidad de Dios en acción a través de Jesucristo. Es la gracia de Dios derramándose en el corazón de la persona. El que está en Dios es feliz porque Dios se ocupa de él. Dios es un papá que se ocupa personalmente de cada hijo que abre su corazón.
En la humildad habita el Padre. Si tienes humildad experimentas las delicias del amor del Padre; si no la tienes, sientes soledad y vacío, duda e inseguridad, no eres feliz.
El orgullo es el virus que impide disfrutar la bienaventuranza.
El orgulloso no reconoce su necesidad espiritual. El orgulloso fácilmente puede decir “yo me basto a mí mismo, no necesito de nadie, soy santo, no cometo pecado”. El problema mayor es que cierra el corazón al amor del Padre y si cierra el corazón al amor del Padre cierra el corazón a la vida. Está muerto y muchas veces no se da cuenta.
¿Quién es el humilde?
Jesús dijo: “Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea”.
Cuando se aplica sal a la carne, la sal la ayuda a conservar, le da sabor y al instante la sal desaparece. Igual le ocurre al humilde; se impregna del amor de Dios, da sabor, da vida, sirve y desaparece. No necesita ni pide reconocimientos humanos ni aplausos por lo que hace; solamente sirve de todo corazón y desaparece silenciosamente. El Padre, que lo ve en lo secreto, lo recompensará. Él lo invadirá con su presencia y su rostro empezará a brillar.
“Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo”.
La luz en ti empieza a encenderse cuando bajas la cabeza ante Dios, te arrepientes y reconoces tu pobreza espiritual, y se enciende cada vez más cuando la levantas únicamente para servir a tu hermano necesitado y para desbordar el amor que has recibido directamente del corazón de Dios a través del Espíritu Santo.
El secreto de esta Bienaventuranza es reconocerse necesitado de Dios y declararse totalmente dependiente de Él.

Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía



Limpiando el templo - Segunda parte
Jueves, 14 oct (RV).- Escuchar el programa
En el programa anterior, nos referimos a la limpieza del templo que se narra en el capítulo 29 del segundo libro de Crónicas y lo relacionamos con la limpieza que requiere el Santuario de vida que es el matrimonio.
El templo de la época del rey Ezequías, fue purificado en dos etapas: primero en su interior y luego en su exterior. Nuestro templo también requiere estas dos fases y lo que hicimos antes fue mirar el interior. Por eso ahora vamos a dar una mirada al entorno, para ver si también requiere de una limpieza.
Cuando hablamos con nuestros hijos y con los hijos de otras parejas, se evidencia la gran necesidad de que nosotros como padres revisemos las actitudes y comportamientos que tenemos frente a ellos, así como el modelo de vida de pareja que les estamos transmitiendo.
Lina, una joven recién casada nos decía que su mayor temor era que en su matrimonio se reviviera lo que pasó en su hogar y que sus hijos sufrieran lo que ella vivió.
Ella nos relató lo siguiente:
“Por la difícil situación que vivía en mi familia, me vi refugiada en mis amigos y los vicios. Caí en la droga, tuve relaciones sexuales con uno y otro, realicé prácticas de espiritismo y decidí casarme como una forma de escape a todo esto que generó un vacío en mi vida.”
Al preguntarle ¿qué pasó con tus padres?, ¿por qué no les contabas lo que estaba pasando?, ella respondió:
“Llegaba a la casa y la encontraba sola. ¿A quién le iba a hablar, a las paredes?, ellos sólo tenían tiempo para sus cosas. Mi papá llegaba borracho, mi mamá le discutía y con su actitud lo alejaba más. Cuando quise hablarles no les importó y finalmente concluí que no valía la pena. Me acostumbré a verlos pelear, a soportarse mutuamente y a esperar que pasaran los años.
Cuando me casé creí que en mi hogar las cosas iban a ser diferentes, pero al poco tiempo comencé a ver que se estaba repitiendo la historia y gracias a Dios, junto con mi esposo, logramos hacer un pare para corregir el rumbo. Hoy, tanto mis padres como nosotros, hemos tenido la oportunidad de permitir que Jesús ocupe el lugar que le corresponde en nuestras vidas y se ha comenzado a respirar un nuevo aire y el templo de nuestro hogar se está limpiando para celebrar el milagro de una nueva vida.”
La parte exterior de ese templo que eres tú, también puede estar llena de escombros y estos están haciendo que los tuyos pierdan el rumbo.
Ese gran compromiso, que los demás vean el rostro de Jesús a través de cada uno de nosotros, nos debe llevar a mirar con mucho cuidado lo que se está generando por nuestras acciones, actitudes y comportamientos.
A medida que hemos ido profundizando en el Sermón de la Montaña, se hace cada vez más evidente, que para poder limpiar la vida, se requiere de una verdadera conversión, que incluye el despojarse de una serie de actitudes o máscaras que nos hemos colocado en el transcurso de la vida.
Te invitamos a dar una mirada a tu actuar, a tu forma de hablar, al tipo de relación que estás llevando con tu familia y a identificar lo que debe ser revaluado, modificado o en otras palabras renovado para poder tener una mejor relación. Para construir un hogar feliz.
¿Qué es lo que nos impide ser felices y disfrutar de cada una de las gracias que están escritas en las Bienaventuranzas? Mt. 5, 3-10
En los próximos programas vamos a dar respuesta a este interrogante, revisando lo que hemos llamado “los virus” que afectan a toda persona: el orgullo, la violencia, la dureza de corazón, el egoísmo, el rencor, la hipocresía, el espíritu conflictivo y la cobardía. Y daremos los elementos para transformar esto “virus” en las virtudes que nos propone Jesús como un nuevo estilo de vida: humildad, mansedumbre, sensibilidad, generosidad, perdón, misericordia, limpieza de corazón, paz y valentía.
Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía



Limpiando el templo - Primera Parte
Jueves, 7 oct (RV)- Escuchar el programa
“Luego llamó a los sacerdotes y levitas, los reunió en la plaza oriental y les dijo: Levitas, escúchenme: purifíquense ahora, y purifiquen también el templo del Señor, Dios de sus antepasados. Saquen del santuario todo lo que sea impuro”. 2 Cr. 29, 4-5
En este pasaje se narra cómo el templo se fue llenado de basura, a tal punto que ya no se podía celebrar allí el encuentro con Dios, presentar la ofrenda, quemar incienso y ofrecer holocaustos al Dios de Israel. Fue necesario que el rey Ezequías encargara a un grupo de hombres para que realizara la limpieza del templo. Antes de empezar los encargados se purificaron y luego emprendieron la tarea que les tomó dieciséis días, ocho sacando la basura hasta el vestíbulo y los otros ocho purificando el resto del templo.
Hoy, después de miles de años, nos estamos ocupando de ese “Santuario de vida” que es el matrimonio, así lo llamó el Papa Juan Pablo II en la encíclica Familiaris Consortio. También este templo se ha llenado de escombros y en muchos casos ya no se puede celebrar en él la unión de la pareja y se ha perdido la posibilidad de gozar la vida de familia, cuando debería ser un motivo para agradecer a Dios la gran oportunidad que nos da para formar un hogar.
Al igual que en el templo de la época de Ezequías, la basura no apareció de un momento a otro, sino que se fue acumulando poco a poco, y tal vez pasaron muchos años hasta que fue imposible entrar al lugar. Así mismo ocurre hoy con nuestra vida de pareja. Esta se ve afectada con conceptos y modelos que el mundo ha ido imponiendo y que al hacer carrera se convierten en un factor de amenaza para el éxito de una vida de pareja, que desde el comienzo debería ser de gozo y alegría.
Desde el comienzo de nuestra vida recibimos mucha influencia desenfocada y errónea con respecto al matrimonio. Empezando por lo vivido en el hogar, donde nacimos, ¿qué fue lo que aprendimos allí respecto de cómo es una relación de pareja? Desafortunadamente en muchos hogares se vivieron experiencias en donde hubo infidelidad, violencia, inseguridad e inestabilidad emocional, además de una ausencia o una débil formación espiritual. No pretendemos en este momento que juzguemos a nuestros padres, sino que entendamos que ellos también vivieron situaciones difíciles y al igual que nosotros recibieron influencias que formaron su estilo de vida.
¿Qué dice el mundo sobre el matrimonio? Muchas personas se refieren al matrimonio con una gran cantidad de conceptos despectivos, que de alguna manera van calando y abonando el terreno para el fracaso.
Nosotros nos hemos propuesto pregonar que el matrimonio ¡sí! vale la pena, que es una bendición y que por el contrario debemos dar gracias por la posibilidad que nos da Dios de tener un hogar, por recibir la bendición de los hijos y por la compañía de una pareja que al final de los días será un apoyo, un consuelo y aliciente para vivir hasta el último minuto que Él nos permita estar aquí en la tierra.
Revisa el modelo que aprendiste en tu hogar paterno y busca aquello que te marcó de una manera negativa. Tal vez para ti se volvió normal ver la indiferencia de tus padres, la falta de diálogo, la violencia, la infidelidad, la falta de detalles, el miedo, el mal trato, el orgullo o cualquier manifestación negativa que enmarcó tu infancia, tu adolescencia y aun tu edad adulta.
En oración te invitamos a entregar todo aquello que sea una idea negativa o despectiva sobre el matrimonio. Digamos juntos: “Señor Jesús, yo te necesito, requiero de tu presencia a través de tu Santo Espíritu. Quiero tener la disposición para sanarme de todo aquello que me ha hecho tener una mala idea, y una concepción equivocada de la vida de pareja. Yo deseo fervientemente encarnar la idea que Tú tienes del matrimonio. Gracias por estar aquí, gracias por tu presencia, gracias por mostrarme todo lo que me impide ser libre y actuar con autenticidad.”
Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía


La siembra y la cosecha
Jueves, 30 sep (RV)- Escuchar el programa
“Los que viven según las inclinaciones de la naturaleza débil, sólo se preocupan por seguirlas; pero los que viven conforme al Espíritu se preocupan por las cosas del Espíritu”. (Ro 8, 5-6)

Que bueno compartir nuevamente, éste tema tan importante en la vida de la pareja y de familia.

En todos los momentos de tu vida tienes la oportunidad de realizar una siembra buena o una siembra llena de cizaña. Dependiendo de la forma en que la hagas, de las intenciones que tengas, del manejo de las emociones y de muchos otros factores, la siembra puede ser buena o puede ser mala.

Cuando llegue el tiempo de la cosecha se verá si realmente has sembrado semilla de vida o semilla de muerte. Los frutos evidenciarán cual fue la calidad de la siembra realizada.

Muchas personas que llegan a nosotros para pedir consejo, manifiestan dificultades que tienen con su pareja, con sus hijos, con otros familiares y cuando nos detenemos a analizar que pasó, nos damos cuenta que hay frutos de comportamientos inadecuados que originaron violencia, incomprensión y rebeldía, es decir, sembraron violencia, desamor o agresividad y están recogiendo una cosecha de muerte.

Otras veces, se encuentran personas que están recogiendo semillas que produjeron buen fruto, son personas apreciadas y acogidas con agrado en los lugares a dónde llegan, son personas que construyen familias sanas y donde se respira un ambiente de paz, de unidad, como fruto de una siembra en donde se ha permitido la acción y el obrar del Espíritu Santo.

Quien camina conforme al Espíritu, recibe una bendición integral, una bendición en todas las áreas de la vida personal, de pareja y de la familia. En Gálatas 5,16-25 el Señor en boca del apóstol Pablo nos dice:

“El Espíritu produce: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. ¿No es esta la felicidad? Pues Si vivimos por el Espíritu dejemos que el Espíritu nos guíe.”

Lo que se siembra se cosecha. “El que siembra en los malos deseos, de sus malos deseos recogerá una cosecha de muerte. El que siembra en el Espíritu, del Espíritu recogerá una cosecha de Vida Eterna. Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos. Por eso, siempre que podamos, hagamos bien a todos, y especialmente a nuestros hermanos en la fe”. (Gálatas 6, 7-10).

Si siembras la semilla del Evangelio, lo que Jesús te enseña cada día, garantizarás una cosecha semejante a lo que has sembrado.

Si siembras mal, cosechas mal; si siembras bien cosechas bien. También podríamos decir: Si siembras maldición, maldición recogerás; Si siembras bendición, bendición recogerás.

La tierra es el corazón y como tal debe ser preparada, abonada y regada abundantemente con la Palabra de Dios. Toda siembra buena se hace en oración.

Hay que estar alerta. El enemigo busca plantar una mala semilla de muerte, de odio o rencor a través de tus pensamientos: Vigila tus pensamientos. Piensa en todo lo bueno que Dios te ha dado, vas a recoger frutos de paz, amor, alegría, satisfacción del deber cumplido y a su debido tiempo cosecharás en abundancia.

Recuerda que la cosecha ocurre en un tiempo distinto al de la siembra. Tu siembras hoy un maíz y mañana no puedes ir a ver si ya germinó, debes abonar con oración, con palabras de esperanza, con actitudes de servicio y saber esperar a que Dios de el crecimiento.

La gran noticia para todos es que el Señor en su infinita misericordia, independientemente de los que haya sido la siembra anterior, nos permite empezar de nuevo, volver a sembrar, lo único que requieres es abrir el corazón a Jesús y Él a través de la acción del Espíritu Santo te guiará por caminos seguros, Él hará que la nueva siembra sea según el plan que Dios tiene para ti.

Recuerda siempre que el que siembra con alegría cosecha con alegría frutos de vida eterna.

Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía

Dejar actuar al Espíritu Santo
Jueves, 23 sep (RV)- Escuchar el programa
“Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.” Mt. 11, 28-30

¿Te has puesto a pensar, aunque sea por un momento, en lo que ha sido la historia de vida de tu pareja? ¿En su historia familiar, lo que vivió desde el día de su concepción en el vientre materno, luego en los años de infancia, de juventud y aun en la edad adulta? Te has preguntado ¿cuántas heridas, maltratos y humillaciones ha sufrido y soportado?

El hecho de reflexionar sobre estos cuestionamientos, nos ha ayudado a entender que el problema que se vive a nivel individual se traslada luego a la relación de pareja, creando a veces unos caos que no permite una comprensión mutua entre los esposos.

Frente a la realidad de las parejas que a diario vienen a compartirnos sus dificultades en busca de una voz de aliento y una orientación, hemos comprendido que el camino de restauración comienza desde la historia de vida particular y familiar de cada uno y que es necesario revisar cómo fue la crianza y qué pasó en los primeros años, pues al no superar o sanar las heridas de esta historia personal, sus consecuencias afectan todas nuestras relaciones, convirtiéndose en muros que más adelante se levantan para separar a la pareja. Se hace entonces necesario entender y comprender a la pareja desde su historia personal, que muchas veces es compleja y dolorosa. Y ver que a pesar de sus defectos y gracias a sus virtudes, esa persona nos ama y nos ofrece lo mejor que puede, aunque no nos demos cuenta de ello, e incluso nos parezca insuficiente. Es entonces cuando todos estos problemas no resueltos comienzan a utilizarse provechosamente, para derribar esos muros que antes distanciaban a los esposos.

Al mirar al otro como un ser necesitado de afecto y de comprensión, que ha cargado inconscientemente durante toda la vida con un lastre de problemas aún sin resolver, se abre la posibilidad de entenderlo y también de mirar hacia nosotros mismos para aceptar que al igual que él o ella, vivimos experiencias que marcaron nuestra vida de manera positiva o negativa.

Es más difícil emprender el camino de la restauración de una pareja y de un hogar, si no se ha hecho primero un proceso de revisión interior individual.

Esto lo descubrimos después de haber trabajado en un apostolado con parejas y familias durante más de 25 años y luego de haber conocido diversas experiencias en donde, a pesar de haberse dado un proceso de diálogo, de perdón y haberse prometido una nueva vida, no había una verdadera actitud de cambio, pues luego de un tiempo se volvía a la misma rutina, a los mismos disgustos o se llegaba a un acuerdo tácito de “seguirse soportando”, con la diferencia que ahora se conocían un poco mejor.

¿Qué es lo que marca realmente la diferencia? ¿Cómo es posible alcanzar lo “imposible”? Es posible hacerlo cuando nos entregamos a Jesús, nos dejamos transformar por Él; es posible con la presencia y la acción del Espíritu Santo que vuelve a darnos vida, a sanarnos, a renovarnos, a hacer de nosotros personas totalmente nuevas.

¿Y cómo obra Él?
En alguna ocasión cuando conversaba con la mamá de Isabel, ella me explicaba cómo entendía el accionar del Espíritu Santo. Me dijo: es como una paloma que se anida en el corazón de la persona y cuando en ese palomar hay dolor, malos recuerdos, rencores, odios, vicios, culpas, pecados ocultos, es decir, basura, la paloma bate sus alas y limpia, saca de adentro todo eso que impide ver con claridad la vida.

La presencia del Espíritu Santo te santifica, te da la gracia de ser Hijo de Dios, te llena de gozo, vives con una alegría permanente, aún en medio de los sufrimientos, es una experiencia intensa que abarca toda la persona y todas las circunstancias y que se manifiesta espontáneamente. El Espíritu Santo nos quita el miedo, nos da poder para anunciar el evangelio y para dar testimonio de que Jesús vive, que murió y resucitó y está entre nosotros y nos da el poder de amar a nuestros esposos o a nuestras esposas de una manera extraordinaria

Sí, la diferencia se marca al permitir que el Espíritu Santo de Dios actúe en nuestra vida.


Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía


Tres claves para un matrimonio feliz
Jueves, 16 sep (RV)- Escuchar el programa
“Tú fuiste quien formó todo mi cuerpo; tú me formaste en el vientre de mi madre. Te alabo porque estoy maravillado, porque es maravilloso lo que has hecho.
... Tus ojos vieron mi cuerpo en formación; todo eso estaba escrito en tu libro. Habías señalado los días de mi vida cuando aún no existía ninguno de ellos” (Sal 139, 13-16).

Dios formó todo tu cuerpo, el de tu cónyuge y el de toda tu familia.
¿Cómo te sientes al darte cuenta que tanto tú como la persona que comparte la vida contigo son una maravilla salida de las manos de Dios?
Pídele a Dios que ponga en ti la misma visión que Él tuvo cuando los formó, que te haga ver lo que él ve para ti y para tu cónyuge. De esta manera comenzarás a ver en tu cónyuge nuevas cualidades, nuevos talentos.


La primera clave para un Matrimonio Feliz es: la Aceptación

Muchos esposos y esposas manifiestan que no se dan los cambios que esperan en el actuar del otro. Es posible que estos tarden en llegar o que tal vez nunca sucedan. Entonces la única alternativa es la aceptación, tanto de la propia persona como de la pareja.

Tienes que aceptar que tú también eres una maravilla salida de las manos de Dios y que en el transcurso de los años te puedes haber desviado de esa persona que Él puso en ti. Entonces, lo primero es identificar aquello que debes cambiar y hacerlo; luego aceptarte tal como eres, aceptar tu sexo, tú figura, tu edad, cada una de las partes de tu cuerpo, tu voz y también aceptar con humildad los talentos que Dios te dio.

Es fundamental que aceptes a la persona con quien vas a compartir la vida hasta que la muerte los separe. Es muy importante que tengan un diálogo, para que le puedas expresar todo lo que te gusta, lo que admiras, las cualidades que te gustaría que cultivara más, así como las que te gustaría que adquiriera. Manifiéstale cuánto la amas y cuánto la necesitas, y sobre todo, exprésale que la aceptas tal como es.


La segunda clave para un Matrimonio Feliz es: darle al cónyuge el primer lugar sobre la tierra

Hemos escuchado a muchas personas que con plena convicción dicen: el primer lugar en mi vida lo tiene mi mamá, lo tiene mi papá, lo tienen mis hijos, lo tiene el trabajo, o lo tiene mi proyecto de vida. Queremos decirte que en el plan de Dios las prioridades son diferentes. El primer lugar sobre todo el universo lo debe ocupar Dios, sobre la tierra, el primer lugar lo debe ocupar tu pareja, es decir, tu esposo o tú esposa.

Muchas personas le dan el primer lugar a todo menos a su pareja. ¿Cómo puedes darle el primer lugar a alguien o a algo diferente a tu esposa o a tu esposo si los dos son uno solo? Son una sola creación. Son una sola persona como lo dice la escritura.

Cuando se da el primer lugar al esposo o a la esposa, los primeros beneficiados son los hijos, al vivir en un ambiente apacible, abonado por la seguridad que se genera al tener unos padres que conforman una pareja sólida y estable, de quienes obtendrán bases consistentes para la construcción de sus futuros hogares.


La tercera clave para un Matrimonio Feliz es: Entregarse sin reservas

En el matrimonio cambian muchos de los conceptos sobre los cuales se mueve el mundo, para aplicar los que nos enseñó Jesús. Él dio la vida por nosotros y de la misma manera cada uno debe morir a sí mismo y entregarse sin reservas.
Cuando se da un detalle, se cede en alguna posición o se da alguna concesión esperando un agradecimiento, un cambio de comportamiento o alguna retribución, se corre el riesgo de tener frustraciones al no recibir la respuesta esperada o cuando ésta tarda en llegar. Por eso, la fórmula infalible es entregarse sin reservas, dando todo lo que esté a nuestro alcance para triunfar en la empresa más importante que podemos emprender: la familia.

Unámonos en oración para pedirle al Señor que nos ayude a hacer realidad que en tu vida de pareja se realice una nueva creación.

Dile: Señor, te doy gracias porque he entendido que en tu infinita misericordia, me das la posibilidad, por la acción de tu Santo Espíritu, de ser un arquitecto o una arquitecta de mi hogar y según tus designios, hacer de mi familia una nueva creación.

Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía



Nada podrá apagar el amor
Jueves, 9 sep (RV)- Escuchar el programa
¡El fuego ardiente del amor es una llama divina!
“el agua de todos los mares no podría apagar el amor” (cnt 8,6)

Aunque la pareja o la familia pasen por etapas de desilusión, el amor puede prevalecer porque la familia es una creación de Dios y Él mismo ha puesto esa llama divina en el corazón de cada persona.

La relación matrimonial, es quizá, semejante a un par de erizos, que un día se conocen, se miran con interés, sienten una atracción mutua y se enamoran plenamente. Al comenzar esta etapa de romance, la ilusión, el enamoramiento y la pasión se hacen presentes y las espinas que tiene el otro, no se ven o simplemente se ignoran, te acomodas de forma que no sientes los pinchazos ni te molestan los “pequeños” defectos que percibes en tu esposo o esposa o en tu misma familia.

Sin embargo, con el correr de los días, los meses y los años, esas espinas que siempre han estado presentes, comienzan a notarse cada vez más y lo que antes no incomodaba ahora comienza a ser una verdadera molestia. Los erizos ya no se abrazan con la misma frecuencia de antes y junto a las espinas dolorosas, los problemas del diario vivir y la rutina, surgen los primeros asomos de intolerancia.
Comienza entonces una etapa de desilusión, en donde se evidencian los defectos del otro y muchos matrimonios que conviven, incluso por gran cantidad de años, y aunque duermen juntos, comen juntos, van al mercado los dos, caminan de la mano y aparentemente mantienen una buena relación, tienen áreas cerradas, en las cuales la comunicación es parcial o no existe, creándose un divorcio espiritual que trae desilusión. Esa lejanía entre los miembros de un matrimonio o una familia hacen mucho daño..

¿Habrá divorcio espiritual en tu matrimonio y en tu familia hoy?
¿Hay soledad, desilusión, vacío en la relación?, ¿Encuentras más comprensión en otras personas que tu cónyuge?, ¿Hay muchas actividades y programas independientes?, ¿Hay rutina en la relación?, ¿Se detecta indiferencia por los problemas del otro?, ¿Pasa mucho tiempo en que como pareja no compartes ir al cine, comer helado etc.? ¿Hay continuos escapes a través de la televisión, computadora, deporte, trago, perfeccionismo?, ¿Hay insatisfacción para uno o para ambos?

Si encuentras alguna o algunas de estas señales en tu relación, estas son como un campanazo de alerta para que busques cambios que permitan caminar hacia la unidad.
Afortunadamente el plan de Dios para la familia es una luz en el camino porque está basado en la unidad, construir una familia que sea comunidad de vida y amor fundamentada en la alianza de amor eterno que hiciste frente al altar.

Cuando se vuelven los ojos a Dios y con Él se consigue iniciar un camino de reconciliación, de acercamiento y de perdón, Él nos lleva a una etapa de júbilo que es maravillosa, se empiezan a compartir más momentos juntos, a hablar de temas que antes habían sido dejados a un lado; se empiezan a comprender más los anhelos profundos de cada miembro de la familia, crece el romanticismo en la pareja y los sueños nuevos comienzan a hacerse realidad.

Al volverse a unir como matrimonio y familia, aunque las espinas de cada uno no hayan desaparecido del todo, llega el momento en que ya no solamente se toleran, sino que más bien se comprenden y se aceptan; entonces ya no se espera que el otro cambie su manera de ser para lograr la comprensión, sino que la búsqueda de esa armonía se consigue cuando se dejan moldear por Dios, por la acción del Espíritu Santo, quien como un torrente de amor va inundando el corazón de cada uno, porque el amor viene de Dios y para poder amar a tu esposo o esposa, para poder amar a tus hijos necesitas ése amor que nunca se acaba, siempre está dispuesto para ti, todos los días lo puedes recibir si entras en oración diaria y profunda en la Sagrada escritura y asistes a la Eucaristía, para que Jesús mismo sea quien llene tu corazón de amor y con ese amor puedas amar por encima de todo.

Es por esto que podemos afirmar que después de una desilusión viene el júbilo y la restauración y como dice la Palabra: “el agua de todos los mares no podrá apagar el amor”.

Producción y Locución
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía


La familia que Dios quiere
Jueves, 2 sep (RV)- Escuchar el programa
“Por eso deja el hombre a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos llegan a ser como una sola persona.” Gen 2, 24

En este texto de las Sagradas Escrituras, que tal vez has escuchado muchas veces, se resume la esencia del proyecto de Dios para la familia, el cual podemos descubrir al analizar el sentido de los tres verbos que allí aparecen: dejar, unir y ser.

El “Dejar” está relacionado con el Sacramento del Matrimonio, el recibir la bendición de Dios para iniciar ese nuevo proyecto: formar una familia. Jesucristo quiere y debe tener un lugar como centro de la familia.
Es fundamental tener la claridad que al optar por formar un hogar, se da un paso que implica cambio. Se deja una forma de vida para empezar la construcción de una nueva familia.

Hemos encontrado que una buena parte de los problemas que enfrentan los matrimonios se debe a que no han dado el paso de dejar una forma de vida anterior, para edificar una nueva, en unidad con la persona que Dios le dio a cada uno para construir una familia. Una independencia mal entendida, queriendo mantener actividades que son propias de la vida de solteros o una sobre involucración de los padres son apenas dos ejemplos de lo que puede afectar a la naciente familia, si no se da el paso de dejar.

En ningún momento nos habla de abandonar, porque debemos seguir honrando a nuestros padres, respetándolos y cuidando de ellos, pero es claro que se tiene una nueva opción y que el dejar implica hacer una nueva creación.

A continuación nos dice el texto “y se une a su mujer”. El unirse es crecer en el amor, en el conocimiento mutuo, en compartirlo todo, de tal manera que no existan secretos ya ni temas vedados en la relación. Otra forma de expresarlo podría ser hacer equipo para apoyarse mutuamente y para cumplir la promesa de permanencia aún en los momentos de mayor adversidad.

El crecer en el unirse no tiene final, sabemos de matrimonios con treinta, cuarenta y más años de casados que todavía no terminan de conocerse y de descubrirse mutuamente. El crecer en el unirse hace que la relación sea más dinámica, más interesante y por eso los invitamos a que no dejen de sorprenderse mutuamente, a que revivan el cortejo, los pequeños detalles y el diálogo que exprese sentimientos profundos.

Por último nos habla de ser uno, “ser como una sola persona”. Cuando se es un solo ser con la pareja, no queda ningún espacio para darle la prioridad a otra persona o a otra actividad. Los dos guían, los dos construyen, los dos asumen los grandes retos y los dos, tomados de la mano, enfrentan las amenazas que se ciernen sobre el matrimonio y la familia.

La meta es llegar a ser uno solo, el camino, crecer en el unirse que es crecer en el amor, estando cubiertos con la bendición de Dios a través del sacramento del matrimonio.

Unámonos en oración diciendo:
Señor te doy gracias por mi familia. Clamo la presencia y la acción de tu Espíritu Santo para que se haga realidad en nuestra vida el plan que tú diseñaste para mi hogar. Te presento las dificultades por las que estamos atravesando y también las alegrías y momentos bellos que abundan en nuestras vidas. Te pedimos que en mi familia y en todas las familias del mundo, se abran los corazones para que tú ocupes el lugar que te corresponde y así podamos llegar a ser “Familias Victoriosas”.

Producción y locución:
Esposos Humberto Díaz e Isabel Botía
Fuente: http://www.radiovaticana.org/SPA/Articolo.asp?c=428646