3 de junio de 2011

Definiciones: Trastornos de la identidad sexual

Trastornos sexuales

El trastorno sexual es un estado funcional o comportamental que interfiere el ejercicio
considerado normal de la funcion
sexual. Se pueden clasificar en tres tipos:

1.       Trastornos de Identidad sexual (Conciencia propia e inmutable de pertenecer a un sexo u otro,
es decir, ser varón o
mujer.

2.      Desviaciones o Parafilias

3.      Disfunciones

1.       Trastornos De Identidad Sexual

Se pueden dar en la niñez, en la adolescencia y en la edad adulta. En ellos hay una disociación
entre el sexo anatómico y la propia identidad sexual, es decir el sexo con el
que se identifica la
persono.

·       Factores Que Define La Identidad
Sexual

Hasta el siglo XXI, el sexo de una persona solía ser asignado únicamente
por la apariencia de sus genitales. Sin embargo, en la actualidad sabemos que
en la definición de la identidad sexual están implicados multitud de factores,
entre los que podemos destacar el psicológico, social y biológico y -dentro de
este último- el gonadal, cromosómico, genital y hormonal. En realidad hay 78
factores distintos que se diferencian en sentido masculino o femenino en
cualquier persona.

En la mayoría de las ocasiones, los hombres nacen con genitales masculinos
y los
cromosomas XY, mientras que las mujeres poseen genitales
femeninos y dos cromosomas X. Sin embargo, existen personas que no pueden ser
clasificadas por estos factores, ya que poseen combinaciones de cromosomas,
hormonas y genitales que no siguen las definiciones típicas
que se han relacionado con el varón y
la mujerr. De hecho, algunas investigaciones sugieren que uno de cada cien individuos
pueden nacer con rasgos intersexuales, o lo que vulgarmente se conoce como
hermafrodita.

·       Formación De La Identidad

La formación de la identidad sexual es un proceso complejo que empieza en la concepción, pero que se
vuelve clave durante el proceso de gestación e incluso en experiencias vitales
tras el nacimiento. Existen muchos factores y bastantes combinaciones de los
mismos que pueden llevar a la confusión, pero la tradición en la mayoría de las
sociedades insiste en catalogar cada individuo por la apariencia de sus genitales. Por esta razón
surgen muchos
conflictos en personas que nacen con rasgos intersexuales.


Si, por ejemplo, socialmente se le asigna a una persona la identidad sexual
de un
hombre, pero sus genitales son femeninos, esta persona puede
experimentar lo que se ha venido a llamar disforia de
género, es decir una profunda inconformodidad con el rol de
género que le toca vivir.

Algunos estudios indican que la identidad sexual se fija en la infancia temprana (no más allá de los 2 ó 3 años) y a partir
de entonces es inmutable. Esta conclusión se obtiene generalmente preguntando a
personas transexuales cuando se dieron cuenta por primera vez que la identidad
sexual que les ha asignado la sociedad no se corresponde con la identidad
sexual con la que se identifican.

Tales estudios no tienen por qué ser exactos, ya que no se han realizado
también con personas no transexuales

1.       Conflictos Con La Identidad Sexual

Muchas personas que nacen con combinaciones de rasgos de los dos sexos, es
decir, se enfrentan a complicaciones cuando la sociedad se mofa o escandaliza
de su físico -lo que suele ocurrir con las personas intersexuales- o insiste en
que asignar a un individuo un sexo con el que no se identifica -lo que ocurre
habitualmente entre las personas transexuales

En el caso de las personas transexuales, sus problemas suelen reducirse
cuando pueden pasar por el proceso de reasignación de sexo, en cual incluye la
cirugía de reasignación sexual, mal llamada "operación de cambio de
sexo".

Por otro lado, la identidad sexual suele intentar diferenciarse de la
orientación sexual, en la que pueden darse individuos heterosexuales,
homosexuales, bisexuales y asexuales. De igual manera que la orientación
sexual, la identidad sexual no se puede elegir.

Equivocadamente, hay personas que definen la transexualidad con una
homosexualidad extrema; es decir, según estas personas, una persona transexual
ama tanto al otro sexo que acaba identificándose con él.

Sin embargo, investigaciones en sexología apuntan a que la identidad y la
orientación sexual son hechos absolutamente diferentes, por lo que pueden darse
personas transexuales con diferentes orientaciones sexuales. De hecho, hay
estudios que indican que más de un 30% de la población transexual es homosexual
o bisexual, muy por encima al 5% ó 10%, porcentaje que suele darse en la
población no transexual.

En relación con la identidad sexual también se suele hablar de la identidad
de género o rol de género, es decir, la asunción y manifestación de lo que se
siente basado en unas normas sociales.

Probablemente hay tantas formas de entender la identidad sexual y la de
género como humanos existen, sin embargo las sociedades tienden a clasificar en
compartimentos inamovibles a los individuos y a asignarles roles a veces muy
reducidos.

Este etnocentrismo se pone de manifiesto al observar que en algunas
sociedades existen otras clases de roles sociales; por ejemplo, los Hijra de la
India son personas intersexuales y dentro de su cultura se les considera
"el tercer sexo".

A veces la frontera entre la identidad sexual y la identidad de género no
se muestra muy clara. En este punto, la teoría Queer rechaza la categorización
del individuo en categorías universales como "homosexual",
"heterosexual", "hombre" o "mujer". Según esta
teoría, la orientación sexual y la identidad sexual de las personas son el
resultado de una construcción social. De ser así no existirían papeles sexuales
esencial o biológicamente inscritos en la naturaleza humana.

·       La homosexualidad es la orientación sexual (excitación erógena y/o
atracción romántica) hacia individuos del mismo sexo. La palabra puede designar
tanto la orientación entre hombres como entre mujeres.

El sustantivo gay se refiere a personas homosexuales de ambos sexos, aunque
generalmente se usa hablando de un hombre
homosexual
. Habitualmente se usa el término gay
para denominar al hombre homosexual que no reniega de su género biológico y que
acepta los modismos culturales aceptados convencionalmente para tal género.
Estos modismos varían de pueblo en pueblo por lo que ciertos modales y hábitos
considerados femeninos o masculinos en un lugar no lo son en otro.

La homosexualidad femenina se llama también lesbianismo o lesbianidad
(calidad de lesbiana). El adjetivo correpondiente es lésbico. Este término hace
referencia a la isla de Lesbos (actual Mitilene) en Grecia y a la poetisa Safo,
por sus poemas apasionados (dedicados a sus amigas) y la vida rodeada de otras
mujeres, lo cual le valió la reputación de homosexual.

Es importante no confundir la orientación sexual con la identidad sexual ni
con la práctica ni el deseo sexual. La sexualidad humana es compleja y las
variables que definen al sexo son múltiples.

De igual forma se debe ser cauto y preciso en el lenguaje, puesto que a
menudo se confunde al homosexual con otras figuras o entidades que nada tienen
que ver. Así no hay que confundirlo con los transformistas, travestis o
travestistas, transexuales, transgéneros o drag queens/drag kings (término más
moderno semejante al de transformista pero con connotaciones queer). Puesto que
nada tienen que ver. Así, existen también transformistas, travestis,
transgénero y transexuales gays, pero también heterosexuales.

·       El Travestismo es un sustantivo usado para referirse
en su mayoría a personas de sexo masculino que ocasionalmente adoptan los
modismos culturales (maquillaje, vestimenta, gestos, forma de hablar) que
convencionalmente se le asignan al sexo contrario. Esto puede estar relacionado
o no con la identidad sexual. Muchas culturas incluyen esta práctica como una
expresión artística, como es el caso de los onnagatas del teatro kabuki
japonés, o los actores masculinos que representaban roles femeninos en la ópera
tradicional china, así como también se acostumbraba en el antiguo teatro de
algunos países de Europa.

El travestismo consiste en vestir ropas del sexo opuesto.

Para aquellas personas que adoptan ocasionalmente el aspecto y los modismos
culturales convencionalmente aceptados para el sexo opuesto ver transformismo.

En castellano el sustantivo travesti suele referirse a personas de sexo
masculino que adoptan los modismos culturales, las vestimentas y la manera de
arreglarse convencionalmente aceptados para el sexo femenino de manera
permanente.

Algunos travestis incluyen para su cambio medidas que modifican físicamente
sus cuerpos mediante uso de hormonas, depilación del vello corporal y cirugías
con el objeto de feminizar sus cuerpos, sin incluir la operación de cambio de
sexo. Estos cambios, si bien están relacionados con su orientación homosexual,
tienen parámetros equivalentes a la orientación heterosexual, es decir, el
travesti se identifica a sí mismo como un ser femenino o una mujer cuyo objeto
de deseo son los hombres que configuren el estereotipo cultural heterosexual.
Algunos travestis con el tiempo toman la decisión de convertirse en
transexuales.

El sustantivo no designa en sí mismo el ejercicio de la prostitución,
aunque esta actividad está fuertemente asociada a personas travestis de sexo
masculino de escasos recursos en muchos países debido a fenómenos
socioculturales. Con frecuencia los travestis recurren a la prostitución para
subsistir o para poder costearse la cirugía de reasignación de género.
Usualmente no se utiliza el mismo sustantivo a personas de sexo femenino que
adoptan los modismos culturales masculinos. Travesti también se denomina
coloquialmente travelo.

·       Un transexual es una persona cuya
identidad de género es contraria a su sexo biológico, es decir, que su
identidad sexual está en conflicto con su anatomía sexual. Según esta
definición, se considera como "mujer transexual" a un individuo que
nace con anatomía masculina y un "hombre transexual" es aquel que
nace con anatomía femenina. En consecuencia, el individuo se siente preso en el
cuerpo equivocado, padecimiento que se conoce como disforia de género.

En estas personas suele darse el deseo de modificar las características
sexuales anatómicas que no corresponden con el sexo con el que se sienten
identificados. Por eso, algunas de estas personas suelen pasar por un proceso
de reasignación de sexo, que puede incluir o no una cirugía de reconstrucción
genital, conocida comúnmente como "operación de cambio de sexo".

1.      Las pruebas científicas obtenidas en
estudios sobre la transexualidad hasta 2006 no son concluyentes para encontrar
la causa o causas que provocan este comportamiento; sin embargo, muchas teorías
proponen que su causa tiene origen biológico. Hay muchos factores que se tienen
por establecidos y probados exhaustivamente por los estudios adelantados: la
mayor parte de los transexuales son individuos normales desde el punto de vista
bilógico con órganos sexuales saludables, estructuras reproductoras internas
intactas y con el complemento apropiado de cromosomas XX en las mujeres y XY en
los hombres. Adicionalmente, se ha comprobado que el transexualismo es una
condición por lo común aislada y no es parte de una psicopatología general como
la esquizofrenia o la depresión grave. En una prueba efectuada en 1997 por el
Dr. Colecon una muestra de 137 transexuales, menos del diez por ciento
manifestaron síntomas asociados con enfermedades mentales



Las razones por las que estos individuos rechazan su anatomía son poco
conocidas. Un erudito de la materia, Leslie Lothstein, publicó en 1984 una
revisión crítica de 30 años de evaluación psicológica de transexuales, en la
que llegó a la conclusión de que no se comprendía claramente la naturaleza y
etiología de este comportamiento. Por eso, los profesionales de la salud cada
vez más ven la transexualidad no como un asunto psicológico, sino como una
cuestión física, aunque amplios sectores sociales tales como religiosos y
conservadores creen que las causas de la transexualidad son predominantemente
psicológicas, debido a que muchos transexuales desarrollan, desde la temprana
infancia, un sentido de enfrentamiento con su anatomía genital; algunos
recuerdan haberse identificado por completo con características del otro sexo a
los cinco, seis o siete años de edad. En algunos casos, esta incomodidad infantil
es parcialmente mitigada cuando se imaginan a sí mismos como miembros del otro
sexo, aunque muchos de ellos pasan al travestismo real. Es menos común que
surja una identidad total con el otro sexo antes de la adolescencia o en la
edad adulta.

2.      Causas De La Transexualidad

Durante la historia se han propuesto muchas causas psicológicas del origen
de la transexualidad; incluyendo la de la existencia de "madres dominantes
y la ausencia de la figura paterna", "padres que han deseado tener un
hijo del otro sexo", "homosexualidad reprimida",
"alteración emocional", "abuso sexual".

Ninguna de estas teorías, sin embargo, han sido aplicada con éxito a la
mayoría de las personas transexuales y a veces ni a una minoría significativa.
Muchas teorías también son desarrolladas para describir a las mujeres
transexuales y, en el momento de aplicarlas a los hombres transexuales, pierden
su utilidad.

Por otro lado, muchas de estas teorías han sido previamente aplicadas a
personas homosexuales, en las que tampoco funcionó. Tales fracasos llevaron a
considerar las razones físicas.

Experiencias con individuos que han pasado por la reasignación de sexo
desde el nacimiento, para corregir deformidades causadas por una castración
accidental o por darse en su anatomía caracteres intersexuales, sugieren con
mayor fuerza que la identificación con el sexo biológico se determina en el
nacimiento y que ésta probablemente predomina sobre el resto de caracteres que
definen la identidad sexual

Fuente: Zumaeta López
La bisexualidad es un comportamiento y orientación sexual que
involucra atracción física y/o romántica hacia personas de ambos sexos. El término tiene el mismo origen que los
que se refieren a las otras orientaciones sexuales, homosexualidad
y heterosexualidad.

Descripción teórica

Los intentos de descripción teórica de la conducta bisexual aparecen
marcados, dentro de la tradición sexológica occidental, por su carácter de
territorio ambiguo, en el que la tensión entre homosexualidad
y heterosexualidad queda anulada. En un intento de
desambiguación, se ha considerado que existen varios niveles de análisis de los
que derivan las diferentes formas de conceptualizar la bisexualidad:


     
  1. Bisexualidad
         biológica
  2. Bisexualidad
         psicológica
  3. Bisexualidad
         conductual
  4. Bisexualidad
         cultural
  5. Bisexualidad
         histórica vs contemporánea

Esta gradación de niveles corresponde, además, a una cronología en los
estudios sobre la bisexualidad. Las teorías pertenecientes a los dos primeros
niveles, el biológico y psicológico,
encuadran su desarrollo durante el siglo XIX,
mientras que las de los dos siguientes, conductual y cultural, aparecen durante
el siglo XX.



Bisexualidad biológica



En las teorías del primer nivel, la bisexualidad aparece fuertemente ligada
con la sexología
médica y con el pensamiento de Lamarck y Darwin. La finalidad de estas teorías, que operan desde el
seno del evolucionismo, es describir la función que la
bisexualidad pudiera tener en la perpetuación de la especie
humana
.



Bisexualidad psicológica



En las teorías del nivel psicológico, la bisexualidad ha sido objeto de
diversa consideración.


En la obra de Freud,
la bisexualidad (como ocurriera con la homosexualidad),
a menudo significaba la fijación de un desarrollo psicológico estancado.


El trabajo del psicoanalista Heinz Kohut,
en cambio, define la bisexualidad como un intento de regulación de la autoestima
del individuo para alcanzar satisfacción teniendo relaciones íntimas con un
sexo o dos. La necesidad de alcanzar satisfacción sexual con ambos sexos debe
distinguirse, en este paradigma, de algunas formas "patológicas" de
bisexualidad observadas en el historial clínico de pacientes con personalidad
de límites difusos o débiles y autorrepresentaciones fluidas.



Bisexualidad conductual



En las teorías del nivel conductual, se centra la atención en el estudio de
las biografías de individuos que presentan conductas bisexuales. Para estas
teorías, dado que la conducta sexual normalmente no suele darse con los dos
sexos al mismo tiempo, el mismo individuo suele relacionarse exclusivamente con
un sexo u otro durante una fase significativa del desarrollo vital.


Los estudios de este nivel focalizan el interés en las razones por las que
se producen estos saltos y en su significado. Así, la bisexualidad se concibe
como un resultado situacional o vital de la biografía de los individuos.


Esta dimensión cualitativa en el estudio de la conducta bisexual es eludida
por otros estudios cuantitativos del comportamiento sexual humano, como los de Kinsey, que se
limitan al recuento estadístico de experiencias o deseos homosexuales
y/o heterosexuales en los individuos.



Bisexualidad cultural



Como hemos visto, las teorías de corte psicológico y conductual centraban su
atención en el significado de la bisexualidad para los individuos; las teorías
biologicistas, en la funcionalidad universal de la bisexualidad para la
especie.


Las teorías del cuarto y más reciente nivel, el cultural, consideran que la
dimensión fundamental para conceptualizar el comportamiento sexual se halla en
el seno de las distintas culturas. Así, se presta atención a las ideas
culturales referidas a las relaciones sexuales o a las ideologías dominantes en
una cultura respecto de lo que se considera adecuado, saludable, moralmente
aceptable o reprobable en el seno de una sociedad concreta en un momento
determinado de su historia.


Enmarcadas en el seno del constructivismo
social
, las teorías culturales niegan la validez científica de
categorías universales como la normalidad, la naturalidad o salubridad de unas
u otras conductas sexuales. Estas teorías son ajenas a consideraciones
biologicistas de la sexualidad, pues consideran que son las culturas, y no la
biología, las que determinan históricamente la objetivización conceptual y el
significado de los comportamientos, roles e identidades sexuales.


Por ello, las teorías culturales niegan que exista una única
conceptualización de la bisexualidad, sino que esta presenta distintos estatus
y naturalezas dependiendo del entorno cultural que se estudie.


Desde esta perspectiva, se dan culturas, como la huaorani,
en la que no sólo no existen la homosexualidad, heterosexualidad o bisexualidad como
conceptos objetivos o identidades sexuales más o menos definidas, sino que el
propio concepto de sexualidad aparece difuminado o es inexistente. Sin
embargo, entre los huaoraníes se observan prácticas que, desde otras culturas,
se entenderían como sexuales, y se caracterizarían como hetero u homosexuales.


Por todo ello, la determinación del significado de la bisexualidad depende
de la realización de estudios transculturales que, evitando el etnocentrismo,
den una visión más amplia y veraz del asunto.



Prevalencia de la bisexualidad en las culturas
occidentales




En la escala Kinsey
se establecen cinco grados de bisexualidad, se indica en azul la proporción de
prácticas homosexuales.


Una encuesta de 2009 en España con una muestra de 536 alumnos/as universitarios/as
encontró los siguientes resultados: El 14,4% de chicos no se declaran
heterosexuales (6,1 homosexuales) y el 11,1% de las chicas no se consideran
heterosexual (0,7 lesbianas). En parte, este estudio confirma las previsiones
del estudio del 2007 para con una población adulta. "No heterosexual"
implica ser homosexual o algún punto intermedio entre la homosexualidad y la
heterosexualidad, o sencillamente no haber respondido al ítem y sin embargo
haber respondido al resto del cuestionario de forma válida.[3]


En Australia
se realizó en 2003 el mayor informe y más complejo en el país hasta la fecha,
mediante encuesta telefónica con 19.307 encuestados, con edades comprendidas
entre los 16 y los 59 años en los años 2001-2002. El estudio encontró que un
97,4% de los hombres se identificaban como heterosexuales, 1,6 % como gays
y un 0,9% como bisexuales. Relativo a las mujeres, un 97,7% se identificaron
como heterosexuales, un 0,8% como gays y un 1,4% como bisexuales. En cualquier
caso, un 8,6% de los hombres y un 15,1% de las mujeres indicaron sentir
atracción o sentimientos o haber tenido alguna experiencia sexual con personas
del mismo sexo.


Algunos estudios, entre ellos los estudios Comportamiento sexual del
varón
(1948) y
Comportamiento sexual de la mujer (1953)
de Alfred Kinsey, han mostrado que la mayor parte de
la población parece ser al menos ligeramente bisexual. La mayoría tiene cierta
atracción hacia ambos sexos, aunque se suele preferir uno de ellos.


Según las encuestas de Kinsey, sólo el 5%-10% de la población puede ser
considerada como exclusivamente heterosexual u homosexual, por lo que el resto
(entre un 80% y un 90%) de los varones y mujeres estudiados eran bisexuales.
Sólo un 5% de éstos no tenían ninguna preferencia especial entre hombres y
mujeres.


Estatus social de la bisexualidad en algunas
culturas



El estatus social que aporta el comportamiento bisexual, homosexual o
heterosexual depende, en gran medida, de las diferentes objetivaciones
conceptuales que en cada cultura existan de las identidades y comportamientos
sexuales, así como de la existencia de diferentes estructuras de género.



Relación con la noción de género



En aquellas culturas en las que la categorización de género incluye un tercer
género
, bien ambiguo o bien del tipo "ni varón ni mujer", las
distinciones entre homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad son
inexistentes para este género y para quienes mantienen relaciones sexuales con
él y difuminan, en ocasiones, incluso la categorización de comportamientos en
el resto de relaciones. A continuación presentamos una serie de ejemplos.



Cultura navajo: los nadle



Por ejemplo, en la cultura navajo existen tres géneros: varones, mujeres y nadle.
La asignación de un individuo como nadle puede resultar confusa, aunque
suele ser determinante que exhiban rasgos genitales ambiguos o hermafroditas.
Existen también "falsos" nadle, cuyos rasgos genitales son
definidos, pero que se comportan y son reconocidos como nadles
"auténticos". Los roles sexuales de los nadle comparten rasgos
de los varones y las mujeres. En esta cultura, se categoriza como
comportamiento homosexual reprobable el que mantienen varones con varones o
mujeres con mujeres.

Sin embargo, las relaciones entre nadles y varones o mujeres no
merecen ningún tipo de categorización, ni como homosexualidad, ni como
heterosexualidad, ni en el caso de un nadle que alterne relaciones
sexuales con varones y mujeres como bisexualidad.

Culturas africanas: los azande



En diferentes culturas africanas existen tradiciones de matrimonio entre
mujeres y matrimonio entre muchachos que, en ocasiones, disuelven las
diferencias entre homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad. Evans-Pritchard
documenta entre los azande
de Sudán la
existencia común de matrimonios entre guerreros solteros y muchachos jóvenes.
Este matrimonio solucionaba la necesidad de intercambios sexuales de los
guerreros solteros ante la escasez de mujeres debido a la práctica extendida de
poliginia.


Al muchacho joven que contraía matrimonio con el guerrero se le consideraba
una mujer. Las prácticas sexuales de ambos eran consideradas lícitas y no
categorizadas como homosexuales. Si el guerrero conseguía hacer efectivo el
matrimonio con una mujer, o si el muchacho-esposa accedía a la condición de
guerrero, el matrimonio entre los varones se disolvía. Esta institución de
matrimonio sustitutivo no se caracterizaba tampoco como comportamiento
bisexual.



Filipinas: los bakla



La ideología sexual dominante en Filipinas considera que la homosexualidad
es innata y categoriza a los homosexuales como un tercer género, denominado bakla.
Si un bakla se empareja con "un hombre de verdad" (un tunay
na lalake
), este último sigue considerándose heterosexual, pues esa

categorización depende fundamentalmente de que mantengan intactos el resto de sus
características de rol sexual masculino (entre los que se incluyen no practicar
la felación ni el sexo anal receptivo). Esto se mantiene incluso en el caso de
"hombres de verdad" casados que mantienen relaciones sexuales
estables con un bakla, y a quienes no se considera bisexuales.[
Las relaciones sexuales de un bakla con otro bakla se
conceptualizan como "lesbianismo" o pompyangan (golpear de
címbalos).



Otros ejemplos



En otras culturas se dan casos parecidos respecto de la categorización de
conductas homosexuales o bisexuales, aunque de diversa consideración en cuanto
a su estatus. Podemos citar algunos ejemplos:



  • Los
         géneros hermafroditas y terceros géneros de los hijra en la
    India;
  • las tradiciones
         berdache (dos-espíritus) de culturas
         nativas norteamericanas;
  • o el
         tercer género mahu
         polinesio.



En definitiva, la categorización de la conducta homosexual como acceso
sexual entre personas del mismo género y de la bisexual como el acceso
indistinto entre personas de ambos géneros, depende básicamente de la
estructura de géneros de cada cultura, y en particular de la existencia de un
tercer género.



Bisexualidad e ideologías sexuales



La existencia o inexistencia de la categoría bisexualidad, así como
su carta de naturaleza, su aplicación a unas conductas u otras y su estatus
social dependen además de otros componentes.



Los sambia: prácticas homosexuales en rituales de
iniciación



En un estudio clásico sobre los sambia de Papúa Nueva Guinea, Gilbert
Herdt
describe prácticas rituales de relación entre varones
estructuradas por edades.


Los sambia practican inseminaciones de muchachos prepúberes por parte de
adultos que poseen diferentes funciones y otorgan distintos resultados. Estas
prácticas rituales empiezan a la edad de siete u ocho años, y continúan hasta
la primera juventud.


A los muchachos se les otorga el rol de ser inseminados oralmente por
adultos en varias iniciaciones secretas. Durante ese periodo los muchachos no
pueden tener relaciones con mujeres bajo pena capital. En la ideología sexual
sambia, el semen resulta el elixir vital, por lo que la masculinización de los
muchachos prepúberes depende de la ingesta de semen maduro.


Estas prácticas, que se interrumpen idealmente cuando el muchacho se ha
casado y ha tenido el primer hijo, no son consideradas homosexuales y, por
tanto, los adultos que participan en ellas, y que están casados, tampoco son
considerados bisexuales. Existen, empero, varones que una vez casados siguen
disfrutando del sexo oral con muchachos a hurtadillas y que sí son considerados
bisexuales y no sufren pérdida alguna de autoestima o aprobación social por
ello.



Estudio de Foucault de la Grecia clásica



El filósofo francés Michel Foucault,
en su Historia de la sexualidad, documenta relaciones homosexuales estructuradas
por edades en la Grecia Clásica de manera análoga a los sambia.


En este periodo sólo se categorizaba como relación homosexual reprobable
aquella que mantenía un varón adulto con otro varón adulto, resultando que la
pérdida de estatus social recaía fundamentalmente en aquel que mantuviera una
disposición "pasiva" en los encuentros, esto es, receptiva del pene
del otro. La disposición pasiva se consideraba esencialmente femenina, por lo
que, en consonancia con la ideología patriarcal
dominante, feminizaba al varón pasivo y le acarreaba una fuerte represión
pública.


Sin embargo, las prácticas mantenidas por un adulto con un joven o niño se
consideraban incluidas en las prácticas de aprendizaje pedagogo-pupilo, lo que
no era categorizado ni como homosexualidad ni como bisexualidad, incluso en el
caso de que el varón adulto estuviera casado. Herdt ha documentado estructuras
de categorización sexual análogas en la cultura japonesa medieval.



Culturas sin concepto de sexualidad: los huaorani



Otro caso que manifiesta que las ideologías sexuales culturales determinan
las categorizaciones de los comportamientos es el de la cultura huaorani, que
habita en el Amazonas, entre el río Napo
y el río
Curaray
.


En esta cultura la sensualidad no se centra en los genitales ni es dominio
exclusivo de la heterosexualidad adulta. Los huaorani no sexualizan la
sensualidad; los distintos placeres corporales permanecen indistinguidos e
identificados como "bienestar" en su vida común.


No existe para esta cultura una noción semejante a nuestro concepto de
sexualidad, ni categorizaciones que distingan unos comportamientos sexuales de
otros, incluso para aquellos en que participan niños, jóvenes y adultos.
Tampoco es significativa, en su construcción de los géneros, la atracción
sexual entre hombres y mujeres.
Sin embargo, los huaoranis llevan a cabo prácticas que otras culturas
calificarían de sexuales, tanto homo como heterosexuales. Simplemente, al no
existir en su cultura la noción central de heterosexualidad, no se dan las
correspondientes construcciones culturales de homosexualidad ni bisexualidad.


Bisexualidad, homosexualidad y estatus en las
culturas occidentales




Bisexualidad como homofobia internalizada



Dentro de las culturas occidentales europeas y angloamericanas, la ideología
sexual dominante ha sido históricamente heterocentrista
y patriarcal.
En esta doble vertiente, la sexualidad se ha considerado fundada en la reproducción,
las mujeres han sido relegadas a funciones reproductoras y domésticas y a
estructuras sociales de debilidad y la heterosexualidad se ha considerado la
única opción saludable, legítima y natural.


Los comportamientos homosexuales masculinos, fuertemente reprobados e
incluso castigados penalmente, han acarreado en ocasiones una feminización de
los varones que los ostentaban, mientras que la homosexualidad femenina era
prácticamente invisibilizada.


Por otro lado, la pujanza de los movimientos reivindicatorios LGBT ha ido
imponiendo parcialmente, sobre todo en el caso de la homosexualidad masculina,
un modelo de prácticas homosexuales llamada homosexualidad entre pares,
en que los dos miembros de una relación homosexual no son recategorizados en
cuanto al género, independientemente de su edad o de la disposición receptiva o
insertiva en el encuentro sexual.


Esta situación ha dado lugar a que, en el seno de las comunidades gays y
lésbicas de homosexualidad entre pares, individuos que construyen fuertes
identidades homosexuales que son determinantes para sus biografías, acusen a
los que se identifican como bisexuales de hipócritas, pensando que son en
realidad homosexuales que participan en actividad heterosexual solo para seguir
siendo socialmente aceptables.


Por esta doble situación de rechazo social a la homosexualidad y rechazo en
algunas comunidades gays y lésbicas de la bisexualidad, algunos estudios
muestran la bisexualidad, tanto masculina como femenina, como un caso de homofobia
internalizada. La consideración de las prácticas homosexuales
extramatrimoniales de varones casados con mujeres, así como la idea de que el
ocultamiento de la propia homosexualidad debilita las reivindicaciones de los
militantes LGBT, han sido utilizados también como argumentos de esta teoría de
la homofobia internalizada.



Bisexualidad como tránsito identitario



De forma pareja a esta teoría, también se ha considerado, en el seno de
comunidades gays y lésbicas entre pares, la bisexualidad como una situación de
tránsito.


Así, un estudio de Herdt sobre adolescentes urbanos de Chicago (Estados
Unidos
) considera que la participación de estos jóvenes estadounidenses en
relaciones homoeróticas y heteroeróticas servían, en algunos casos, de punto de
referencia comparativo de las propias tendencias sexuales, aún inmaduras, como
paso previo para decantarse por una identidad heterosexual u homosexual.


Sin embargo, la emergencia de reivindicaciones de la bisexualidad como una
tercera identidad sexual y la aparición de "guiones culturales"
acerca de en qué consiste esa identidad bisexual estaría abriendo nuevas vías
de categorización. En esta nueva tesitura, Herdt distingue a aquellos jóvenes
que calificaban o sentían que sus prácticas bisexuales eran de tránsito, de
aquellos otros que refundaban su identidad sexual en prácticas bisexuales.


La diferencia de género no es indiferente al respecto de la formación de las
identidades homosexuales y bisexuales. La divergencia de edades medias en el
acceso a los primeros encuentros sexuales indica que, en el caso de los varones
con prácticas bisexuales, el primer contacto homoerótico precede a los
contactos heteroeróticos, mientras que la tendencia se invierte para las
mujeres. Las descripciones que hacían los jóvenes de estos primeros contactos
sexuales con uno u otro sexo parecen indicar que las utilizaban para tratar de
aclarar sus sentimientos respecto de la construcción de su identidad sexual.



Símbolos y autoidentificación de bisexuales




Bandera del orgullo bisexual.


Dado que algunos bisexuales sienten que no encajan ni en la comunidad gay ni
en el mundo heterosexual, y dado que tienden a ser “invisibles” en público
(confundiéndose sin problemas en las sociedades homosexual y heterosexual),
algunos de ellos han formado sus propias comunidades, cultura y movimientos
políticos. Sin embargo, puesto que la orientación bisexual puede estar en
cualquier punto entre los dos extremos de homosexualidad y heterosexualidad
exclusivas, otros de los que se identifican como bisexuales prefieren formar
parte de la sociedad homosexual o heterosexual.


Un símbolo común de identidad bisexual es la bandera del orgullo bisexual, diseñada
por Michael
Page
, que tiene una franja rosada que representa la homosexualidad,
una azul que representa la heterosexualidad y una morada (mezcla del rosado y
el azul) en la mitad que representa la bisexualidad.



Los triángulos sobrepuestos.


Otro símbolo de identidad bisexual que usa el esquema de colores de la
bandera bisexual consiste en un triángulo azul y uno rosado sobrepuestos (el triángulo
rosado
es un reconocido símbolo de la comunidad homosexual), formando uno
morado en su intersección.


A muchos homosexuales y bisexuales les disgusta el uso del triángulo rosado
como su símbolo, pues fue el símbolo usado por el régimen de Hitler
para marcar homosexuales (de la misma forma que la estrella
de David
usada por los judíos). Estas personas simplemente no quieren
representarse o identificarse como un grupo reprimido.



Bifobia




Artículo principal: Bifobia



La bifobia
es un neologismo
que se refiere al rechazo hacia las personas bisexuales o hacia la bisexualidad
misma. Se refiere al punto de vista de que las personas deben pertenecer
obligatoriamente a alguna de las otras dos orientaciones sexuales: heterosexualidad
u homosexualidad
(monosexualidad
obligatoria). Así, a las personas bisexuales objeto de ataques bifóbicos se les
exige una supuesta “definición” de su orientación sexual en términos
dicotómicos de homo u heterosexualidad, negando su bisexualidad.


Otras motivaciones para tal rechazo son dadas por un "estereotipo"
muy difundido sobre la comunidad bisexual: la supuesta promiscuidad
inherente a su condición sexual. También existen rumores malintencionados
acerca de que la comunidad bisexual es responsable de difundir entre las
comunidades homosexual, heterosexual y la misma comunidad bisexual, distintas
enfermedades sexuales como la sífilis, el VIH o el herpes
genital
, entre otras, por la misma promiscuidad de la que son acusados.
Esta concepción se agrava además por la capacidad de gran parte de los
bisexuales de trascender de su propia comunidad y adentrarse dentro de las
comunidades homosexual y/o heterosexual indistintivamente con fines sexuales
distinta a la suyay/o en la búsqueda de pertenencia a una comunidad .