16 de agosto de 2011

Bulimia Tratamiento II


Al ser la bulimia una enfermedad con varias formas de presentación clínica, con múltiples complicaciones y comorbilidades asociadas, el tratamiento debe tener en cuenta aspectos biológicos y psicosociales. El pediatra puede desempeñarse un papel crucial en el diagnóstico y manejo de los trastornos de la conducta alimentaria. Silber y D'Angelo, recomiendan un enfoque clínico sistemático que incluye:
1) Establecer el grado de gravedad con que se presenta la patología.
2) Evaluar y tratar los déficits nutricionales hallados.
3) Establecer diagnósticos diferenciales.
4) Decidir si es necesaria o no la internación.
5) Explicar con lenguaje comprensible al paciente y su familia en qué consiste la enfermedad y su tratamiento.
6) Educar al paciente y su familia sobre cómo adoptar hábitos saludables.
7) Coordinar un equipo multidisciplinario de tratamiento.

Biológicamente, los efectos de la mala nutrición, la ingestión compulsiva de alimentos, los vómitos, la utilización de laxantes o diuréticos, así como el ejercicio intensivo, desencadenan una cascada de cambios corporales que no sólo amenazan la vida, sino que también provocan una regresión en el desarrollo y eventualmente conducen a cambios en el pensamiento y hasta en el sentimiento que define la identidad. Por ende, es esencial ocuparse del estado nutricional.
Tratamiento farmacológico: Varios antidepresivos resultaron útiles en el tratamiento de la bulimia, entre ellos, antidepresivos tricíclicos e inhibidores de la monoaminooxidasa.  La fluoxetina, por su perfil toxicológico superior, ha reemplazado a esas medicaciones. A una dosis diaria de 60 mg, demostró ser eficaz para lograr una reducción de la frecuencia de los atracones y purgas, además de mejorar la percepción de la forma corporal y el peso. En un estudio realizado por Walsh y col. se trató a 22 pacientes con 60 mg de fluoxetina contra placebo por ocho semanas y se observó que las tratadas con fluoxetina mostraron una disminución de los episodios de ingestión no controlada y de purga. Sus efectos beneficiosos se observan en las primeras tres semanas de tratamiento y sus efectos secundarios son mínimos (molestias gastrointestinales la primera semana, excepcionalmente sedación o excitación que desaparecen con la reducción de la dosis).
En un estudio realizado por Mitchell y col., donde se comparó la efectividad del tratamiento cognitivo-conductual con el tratamiento farmacológico, la combinación de ambos o el placebo, se observó una mejoría clínica marcada del grupo con tratamiento cognitivo-conductual sobre el tratamiento farmacológico y de ambos sobre el placebo. Lo que también se observó fue que con el tratamiento conjunto farmacológico/cognitivo-conductual, los síntomas depresivos y de ansiedad mejoraron. Si bien este trabajo tiene importantes limitaciones, no sólo por su antigüedad sino también por haber sido una evaluación a corto plazo, demuestra que la combinación de psicoterapia y medicación ofrece una gran promesa de remisión.
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