30 de septiembre de 2011

“Las palabras no pueden explicar lo que perdí”


“Las palabras no pueden explicar lo que perdí” Cornelio Dupree



Quien le puede regresar a un inocente condenado:
Los años perdidos, la familia, los amigos, su entorno social, la confianza perdida, el daño moral, la capacidad de amar, su sentimiento de seguridad, la fe en la vida, su futuro, sus sueños, sus planes, su proyecto de vida.
Quien le quita el escrutinio público, la deshonra, el ultraje, la humillación, la vergüenza, la ignominia, la infamia y la degradación moral y social.

Un estadounidense de 51 años ha sido completamente exonerado el martes en Texas (sur) de una violación y un robo cometido en 1979 por el que ha llevado más de 30 años en prisión, gracias a las pruebas de ADN.
El juez de la localidad de Dallas dijo este martes a Cornelio Dupree que quedó 'libre' ante los aplausos de sus amigos y simpatizantes presentes en la sala, incluyendo otros tejanos exonerados y un antiguo compañero de celda.
Cornelio Dupree, en libertad condicional desde el pasado mes de julio, ha recibido el reconocimiento formal del error involuntario de la Justicia. Las pruebas de ADN se publicaron quince días después de su liberación.
"Las palabras no pueden compensar lo que perdí", dijo Dupree en una conferencia de prensa después de la audiencia. "Mis dos padres murieron, creo que el sistema debe cambiar", agregó.
Cornelio Dupree fue condenado a 75 años de prisión en 1980 por secuestro, robo y violación de una mujer blanca de 26 años el año anterior.
Casualmente, otro estadounidense de la raza negra también había sido erróneamente condenado en ese caso y también fue exonerado por la prueba de ADN. Gracias al Proyecto Inocencia se pudo defender a los dos hombres, aunque Massingill Anthony sigue en la cárcel donde cumple cadena perpetua por otra violación que también afirma no haber cometido.
En ese momento, la víctima había identificado a los dos jóvenes en una serie de fotos.



Carta de Eduard Ibañez

La condena de un inocente
No hace falta que le diga que este es uno de los principios más esenciales y hasta sagrados de una justicia penal que respete la libertad: no castigar a nadie mientras no se haya determinado que es culpable de un delito, pues podríamos castigar a un inocente. El principio de presunción de inocencia, proclamado ya en el siglo XVIII por los más grandes pensadores ilustrados, responde al más elemental sentido de la justicia: es preferible la impunidad de un culpable que la injusta condena de un inocente. Sobretodo cuando la condena implica la privación del bien más preciado: la libertad. Para evitarlo, la ciencia jurídica de los países democráticos establece desde entonces que el castigo sólo se imponga después de un juicio justo, donde el acusado haya podido defenderse, cuando el tribunal tenga pruebas para creer que es culpable.
Sin embargo, a pesar de la claridad de este principio, las leyes permiten a los jueces encarcelar a sospechosos antes del juicio con mil pretextos, que presuponen la culpabilidad o, pero aún, sacrifican conscientemente ciudadanos inocentes a favor hipotéticos beneficios colectivos: evitar que el acusado se fugue, oculte pruebas o reincida, forzarlo a confesar o delatar, acallar la "alarma social", mostrar la ejemplaridad de la justicia.
Además, la opinión pública, mal informada y alentada a menudo por periodistas y políticos, se indigna a menudo por periodistas y políticos, se indigna cuando se libera a cualquier sospechoso, sobretodo si tiene antecedentes: "¡Entran por una puerta y salen por la otra!", se exclama.
Eduard Ibáñez,
Director de Justicia i Pau de Barcelona
(Publicado en la Revista El Ciervo )

Es preferible que un culpable quede libre que condenar a un inocente, bien lo reza el dicho popular “Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario”.