7 de septiembre de 2011

Síndrome de Münchausen o síndrome de Asuero o Trastorno Facticio

Trastornos facticios
      
Concepto. Se ha descrito una amplia variedad de conductas
caracterizadas por la autoinducción (o heteroinducción) de
lesión física con la finalidad de prolongar las exploraciones
médicas y/o promover múltiples hospitalizaciones. En algunos
casos se trata de una mera simulación, y en otros, los antecedentes
psiquiátricos sugieren un síndrome más complejo.
El complejo sintomático se conoce como síndrome de
Münchausen o síndrome de Asuero (pacientes problemáticos
que peregrinan por los hospitales).

Etiopatogenia. Las características de los pacientes son muy
diversas y las motivaciones que los inducen a autolesionarse
crónicamente son oscuras. Algunos autores sostienen que la
incidencia del trastorno es muy baja; otros, en cambio, extienden erróneamente el concepto a pacientes crónicos de
naturaleza distinta, como los hipocondríacos, los histéricos,
los somatizadores, etc. En la mayoría de los casos se hallan
presentes trastornos de personalidad narcisista y paranoide
(querulante).


La característica esencial de este trastorno es la producción intencionada de signos o síntomas

físicos o psicológicos (Criterio A). La sintomatología puede ser inventada (p. ej., cuando el paciente

se queja de dolor abdominal sin padecerlo), autoinfligida (p. ej., en el caso de abscesos producidos

por la inyección de saliva debajo de la piel), puede ser una exageración o exacerbación

de un trastorno físico preexistente (p. ej., la simulación de un ataque de
grand mal cuando se poseen
antecedentes de crisis epilépticas), o puede ser una combinación o variación de todas las anteriores.

Para que se produzca este trastorno, el paciente debe asumir totalmente el papel de enfermo

(Criterio B). Además, no hay incentivos externos que justifiquen los síntomas (p. ej., una

ganancia económica, evitar la responsabilidad legal o mejorar el bienestar físico, como en los actos

de simulación) (Criterio C).

Las personas que presentan este trastorno por lo general explican su historia con un aire extraordinariamente

dramático, pero en cambio son sumamente vagas e inconsistentes cuando se les

pregunta con más detalle. El paciente suele dejarse llevar por una tendencia a mentir incontrola-
ble y patológica, que llama la atención del entrevistador y que se refiere a cualquier aspecto de su

historia o síntomas (p. ej., seudología fantástica). A menudo, estos pacientes tienen un amplio conocimiento

de la terminología médica y de las rutinas hospitalarias. Son muy frecuentes las quejas

de dolor y las demandas de analgésicos. Después de que una intensa exploración de sus principales

molestias haya resultado negativa, a menudo empiezan a quejarse de otros problemas físicos

y producen más síntomas facticios. Las personas que padecen este trastorno suelen ser objeto

de múltiples exploraciones e intervenciones quirúrgicas. Cuando se encuentran en el hospital tienen

por lo general muy pocos visitantes. En ocasiones, es posible sorprender al individuo en el

momento en que produce sus síntomas facticios (p. ej., el individuo es reconocido por otra persona

que coincidió con él en una anterior visita al médico; o se confirma la presencia del mismo individuo

en diferentes hospitales por sintomatología facticia). Cuando se les confronta con la evidencia

de sus síntomas facticios, estos pacientes o bien los niegan, o abandonan rápidamente el

hospital, incluso en contra de la prescripción médica. Con mucha frecuencia suelen ser admitidos

en otro hospital el mismo día. El curso de sus hospitalizaciones a menudo les lleva a numerosas

ciudades, estados y países.
Subtipos
El trastorno facticio se codifica según el subtipo que mejor refleja los síntomas predominantes.
Trastornos facticios con predominio de signos y síntomas psicológicos [300.16].
Este subtipo consiste en un cuadro clínico en el que predominan los signos y síntomas psicológicos.

La sintomatología esencial de este trastorno consiste en la producción intencionada o el

fingimiento de síntomas psicológicos (a menudo psicóticos), sugerentes de enfermedad mental.

El objetivo aparente del individuo es el de asumir el papel de «paciente» y, por otro lado,

no es comprensible a la luz de sus circunstancias ambientales (a diferencia de lo que ocurre

en el caso de la simulación). El trastorno se reconoce a menudo por un amplio cortejo de síntomas

que muy frecuentemente no se corresponden con un patrón sindrómico típico, que tienen

un curso clínico y una respuesta terapéutica inusual, y que empeoran cuando el individuo

es consciente de que es observado. Este tipo de pacientes suelen quejarse de depresión y de

ideación suicida debido a la muerte del cónyuge (muerte que no es confirmada por los familiares),

pérdida de memoria (reciente y remota), alucinaciones (auditivas y visuales) y síntomas

de disociación. Estas personas suelen ser extremadamente sugestionables y admiten tener

la mayor parte de los síntomas que el entrevistador cita. Por el contrario, también puede ser

que se trate de individuos extremadamente negativistas y poco colaboradores con la entrevista.

La sintomatología psicológica revela, por lo general, el concepto que el paciente tiene de

enfermedad mental y, por tanto, puede ser que no coincida con ninguna de las categorías diagnósticas

conocidas.
Trastornos facticios con predominio de signos y síntomas físicos [300.19].
Este subtipo consiste en un cuadro clínico en el que predominan los signos y síntomas de una aparente enfermedad

física. Casi la vida entera del sujeto consiste en intentar ingresar o permanecer en
los hospitales (síndrome de Munchausen). Los cuadros clínicos más frecuentes suponen, por

ejemplo, intenso dolor en el cuadrante inferior derecho, asociado a náuseas y vómitos, mareos

y pérdidas de conciencia, hemoptisis masivas, erupciones generalizadas y abscesos, fiebres de

origen indeterminado, hemorragias secundarias a la ingestión de anticoagulantes y síndromes

parecidos al lupus. Todos los sistemas orgánicos son blancos potenciales, y la presentación de

los síntomas sólo está delimitada por los conocimientos médicos, la sofisticación y la imaginación

del individuo.
Trastornos facticios con combinación de signos y síntomas psicológicos y físicos [300.19].
Este subtipo consiste en un cuadro clínico en el que aparece una combinación de signos y síntomas

psicológicos y físicos, pero ninguno de ellos predomina sobre los otros.
Sintomas y trastornos asociados
En los trastornos facticios con predominio de signos y síntomas psicológicos los sujetos tienden

a contestar a las preguntas con respuestas aproximadas (p. ej., si al individuo se le pide que

multiplique 8 por 8, la respuesta puede ser 65). El individuo puede utilizar en secreto sustancias

psicoactivas con el propósito de producir síntomas que sugieran un trastorno mental. Así, puede

utilizar estimulantes para producir inquietud o insomnio, alucinógenos para producir alteraciones

de la percepción, analgésicos para producir euforia e hipnóticos para provocar letargia). Las combinaciones

de todas estas sustancias pueden producir cuadros muy extravagantes.

Los individuos que padecen trastornos facticios con predominio de signos y síntomas físicos

pueden consumir sustancias de manera abusiva, como, por ejemplo, analgésicos y sedantes. Las

hospitalizaciones múltiples conducen frecuentemente a trastornos físicos yatrogénicos como la

formación de tejidos cicatrizales debidos a intervenciones quirúrgicas innecesarias o reacciones

adversas a fármacos. Los individuos que presentan la forma crónica del trastorno pueden llegar a

tener un abdomen prácticamente en forma de «reja» debido a las múltiples intervenciones quirúrgicas.

Este trastorno es incompatible con el hecho de que el individuo mantenga un empleo fijo,

lazos familiares o que pueda establecer relaciones interpersonales duraderas. Entre los factores

predisponentes se encuentran los trastornos físicos verdaderos durante la infancia o la adolescencia

que conducen a un tratamiento médico extenso o a hospitalizaciones repetidas; la animadversión

hacia la clase médica; hacia las profesiones relacionadas con la medicina; la presencia de un

trastorno de la personalidad grave, y alguna relación importante con algún médico en el pasado.
Prevalencia
Existen pocos datos sobre la prevalencia de este trastorno. A pesar de que se trata de una alteración

que raras veces se diagnostica, es posible que muchas veces no se identifique. Por otra

parte, los casos que presentan la forma crónica pueden ser sobrevalorados debido a que son tratados

por médicos diferentes en hospitales también diferentes e incluso bajo nombres diferentes. El

trastorno es en apariencia más frecuente en los varones.
Curso
El curso de los trastornos facticios puede ser de uno o más episodios, pero generalmente es

crónico. El comienzo de la enfermedad tiene lugar en los primeros años de la vida adulta y a menudo

coincide con una hospitalización por una enfermedad física identificable o algún trastorno

mental. En la forma crónica del trastorno las sucesivas hospitalizaciones se transforman casi en un

verdadero estilo de vida.
Diagnóstico diferencial
El trastorno facticio debe distinguirse de la
enfermedad física verdadera y del trastorno
mental verdadero
. Las sospechas deben despertarse en seguida cuando se produzca cualquier

combinación de los síntomas siguientes en una persona hospitalizada: un cuadro clínico dramático

o atípico que no pertenece a una enfermedad física o mental identificable, síntomas o comportamientos

que aparecen cuando el individuo es observado, seudología fantástica, comportamiento

antisocial en la sala de hospitalización (p. ej., falta de cumplimiento de las reglas y normas hospitalarias,

discusiones excesivas con las enfermeras y médicos), conocimiento excesivo de la terminología

médica y rutinas hospitalarias, consumo encubierto de fármacos, múltiples intervenciones

terapéuticas (p. ej., cirugía, electroshock), historia intensa de viajes, pocos o ningún visitante

durante la hospitalización y curso clínico fluctuante con producción rápida de «complicaciones» o

de nueva «patología» una vez las exploraciones iniciales resultan negativas.

En los
trastornos somatomorfos existen también molestias físicas no debidas a un trastorno
físico verdadero, pero los síntomas no se han producido intencionadamente. La
simulación se diferencia
del trastorno facticio en que existe un incentivo externo. Los simuladores pueden buscar

la hospitalización produciéndose síntomas en un intento por obtener compensaciones, escapar

de la policía o simplemente tener una cama para dormir. Sin embargo, en este caso, los objetivos

son generalmente aparentes y los pacientes pueden «detener» los síntomas cuando ya no les son

útiles.
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BIBLIOGRAFIA


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