9 de octubre de 2011

Depresión e Infarto al Miocardio


La depresión es un factor psicológico claramente vinculado a la aparición y la evolución

posterior de la Enfermedad Arterial Coronaria. La corteza cerebral es un órgano importante

que sirve de base fisiológica a las emociones porque éstas se experimentan de forma consciente, hay un fuerte componente cognitivo que muy probablemente implique a la corteza cerebral. Al mismo tiempo las emociones se acompañan de respuestas autónomas, endocrinas y somáticas que dependen de regiones subcorticales del Sistema Nervioso como la amígdala,

el hipotálamo y el tronco cerebral. En ciertos individuos catalogados como personalidad de tipo A la respuesta cardiovascular de estrés es de incremento y éste tiene como propósito la entrega de glucosa y oxígeno a los tejidos necesitados. El mediador principal de esta respuesta es el Sistema Nervioso central que aumenta el ritmo cardíaco y la TA. La respuesta cardiovascular, si es excesivamente prolongada o se produce fuera de contexto en la cual es fisiológicamente útil, afecta al músculo cardiaco y a los vasos sanguíneos, así como favorece la formación de placas arteroescleróticas. La asociación entre enfermedad coronaria y depresión fue evaluada y es estimada en valores que alcanzan el 19%, ambas son enfermedades altamente prevalentes, responsables de una disminución significativa en la calidad de vida.

Así la depresión como entidad propia, mas de forma indirecta por la interacción con otras

variables psicosociales, tiene un impacto negativo en la evolución de la enfermedad cardiaca

comprometiendo la calidad de vida del enfermo, agravando la percepción de este enfermo. Otra razón más para no dejar de tratar de forma adecuada a este tipo de pacientes es que los enfermos infartados y deprimidos presentan menor adherencia al tratamiento que los que no lo están, lo cual implica que el cumplimiento de su terapia cardioprotectora, antiagregante, hipolipemiante, etc. se verá afectada lo que comprometerá el pronóstico de estos pacientes.



Maria Liz Alvarez, Solis Walter Gomes.

Dr. Omar Dario Alvarez




La depresión está actualmente reconocida como un factor de riesgo de enfermedad de las arterias coronarias.

Aproximadamente el 40% de los pacientes que sufren infarto agudo de miocardio, desarrollan posteriormente depresión, la que se ha denominado “depresión cardiotóxica”. Este tipo de depresión empeora el pronóstico cardíaco de los pacientes, por ello debe ser tratada adecuadamente, ya que aumenta el riesgo de reinfarto durante el primer año, e incrementa el riesgo de mortalidad.

De acuerdo con los estudios científicos, aquellos pacientes que sufren depresión tras un infarto agudo de miocardio y son tratados con antidepresivos del tipo ISRS, tienen un riesgo del 43% menor de volver a sufrir infarto o de fallecer. La depresion triplica el riesgo de fallecer tras sufrir un ataque de corazón, incluso la depresión leve lo hace, el riesgo de muerte se intensifica con la severidad de la depresión.

El antidepresivo mejor estudiado para tratar la depresión tras infarto agudo de miocardio es la Sertralina, que ha demostrado poseer propiedades cardio-protectoras