5 de noviembre de 2011

Que pasaría si usted siendo un individuo sano toma un Antipsicótico?


Antipsicóticos tradicionales

Forman un grupo heterogéneo en cuanto a su estructura química pero homogéneo en cuanto a su mecanismo de acción (antagonistas competitivos de los receptores dopaminérgicos D2) y toxicidad. Los más utilizados en la práctica clínica son el haloperidol y flufenacina, aunque también se incluyen en éste grupo fármacos como clorpromacina, levomepromacina,
perfenazina, tioridacina y pimozida.

Clínica

Las manifestaciones tóxicas implican al sistema nervioso central, sistema nervioso autonómo y extrapiramidal. Los pacientes pueden presentar síntomas neurológicos y cardíacos que son dosis-dependientes y, síntomas extrapiramidales que son dosis-independiente en aproximadamente el 20% de los casos.

• A nivel neurológico, pueden aparecer manifestaciones de afectación del sistema nervioso central (sedación, depresión respiratoria y depresión de la conciencia) y síntomas anticolinérgicos (sequedad de piel y mucosas, visión borrosa, ileo paralítico y retención urinaria).

• Los síntomas cardíacos pueden incluir depresión de la actividad cardíaca, alteraciones de la conducción y prolongación del intervalo QT que se pueden acompañar de hipotensión arterial y ocasionar un cuadro muy grave.

• Los síntomas extrapiramidales consisten habitualmente en movimientos involuntarios de la cabeza y el cuello, siendo las presentaciones más comunes tortícolis, opistótonos, e hiperreflexia que pueden aparecer en las primeras 12-24 horas de la intoxicación. Existen algunos casos descritos en la literatura de distonía laríngea-faríngea que pueden ocasionar compromiso de la vía aerea.

Otro efecto tóxico dosis independiente de éstos fármacos que puede dar lugar a un cuadro muy severo es el síndrome neuroléptico maligno. El diagnóstico de esta entidad es clínico consistiendo en un cuadro que aparece a las 24- 72 horas de la ingesta y cursa con:

• Fiebre (37,5-41°C), cuya ausencia hace improbable el diagnóstico.

• Signos extrapiramidales: hipertonía, temblor, movimientos disquinéticos y coreiformes, opistótonos, trismus etc..

• Alteración del nivel de conciencia: sedación, delirio, agitación, estupor,
coma.
• Signos de inestabilidad vegetativa: taquicardia alteraciones de la tensión arterial, diaforesis, incontinencia urinaria, sialorrea, taquipnea etc.

• Alteraciones analíticas: aumento de las transaminasas, aldolasa y de la creatin kinasa (CPK) secundario a la rabdomiolisis, y con frecuencia leucocitosis. Las CPK elevadas se consideran el mejor marcador analítico de este síndrome.

Pruebas complementarias

a. Hemograma, bioquímica enzimas hepáticas y musculares.

b. Electrocardiograma.

Tratamiento

• El abordaje inicial incluye la estabilización y monitorización del paciente y la administración de carbón activado si la ingesta se produjo en las 6 horas previas.

• Los síntomas extrapiramidales se han de administrar difenhidramina a 1-2 mg/kg endovenosa, pudiéndose repetir la dosis a los 20 minutos, se aconseja prolongar el tratamiento vía oral durante 3 días más para prevenir la recurrencias. Otra alternativa de tratamiento es la administración de biperideno a 0,04-0,1 mg/kg endovenoso

• Si aparece afectación hemodinámica con hipotensión se ha de tratar con expansión de volemia y noradrenalina. Están contraindicados los agentes beta–adrenérgicos por el riesgo de arritmias y la dopamina por el efecto antidopaminérgico de algunos neurolépticos.

Tratamiento del síndrome neuroléptico maligno:

• Retirada del fármaco responsable.

• Medidas de sostén y tratamiento de las complicaciones (arritmias, insuficiencia respiratoria, insuficiencia renal secundaria a la rabdomiolisis, infecciones, etc.).

• Tratamiento farmacológico: la mayor parte de los autores recomienda tratamiento con dantrolene o bromocriptina solos o asociados:

– Dantrolene: 0,2-0,3 mg/kg cada 4 horas ó 0,8-1 mg/kg cada 6 horas endovenoso u oral.

– Bromocriptina: 2,5 mg cada 12 horas aumentando progresivamente la dosis hasta 5 mg cada 8 horas.

La duración del tratamiento debe ser de 2 semanas o más ya que el cuadro clínico puede durar de 5 días a 2 semanas.

Algunos autores no aconsejan realizar ningún tratamiento y otros utilizan benzodiacepinas, amantadina y L-dopa con o sin carbidopa.

Antipsicóticos atípicos

Clozapina, risperidona, olanzapina, sertindol, ziprasidona, quetiapina.

Clínica

Hay descritas intoxicaciones pediátricas por varios de éstos fármacos, incluso con dosis bajas, que han cursado con síntomas neurológicos (incluyendo alteración de la conducta y del estado de conciencia), vegetativos y extrapiramidales, lo que hace pensar que la baja toxicidad descrita en pacientes adultos no es tal en los niños. La intoxicación por risperidona
puede asociar a estos síntomas alteraciones cardiovasculares con taquicardia, hipotensión y cambios en el electrocardiograma.
La clínica se inicia aproximadamente una hora tras la ingesta y su duración suele ser de 24 horas.

Pruebas complementarias

a. Niveles plasmáticos de éstos fármacos: no se han correlacionado con la gravedad de la intoxicación, habiéndose diagnosticado intoxicaciones graves en niños que tenían niveles plasmáticos en el rango terapéutico para adultos. Por éste motivo la decisión de realizarlos o no dependerá de la disponibilidad de cada centro.

b. Electrocardiograma: sobre todo en intoxicaciones por risperidona.

Tratamiento

• Tratamiento de soporte con estabilización y tratamiento de las complicaciones como en el caso de los antipsicóticos tradicionales. Ante las intoxicaciones pediátricas graves comunicadas en la literatura una conducta prudente sería administrar carbón activado en las 6 primeras horas a todos los pacientes pediátricos que han ingerido alguno de estos compuestos.

• Se ha propuesto el tratamiento con fisostigmina del delirio producido por clozapina, pero los datos sobre su eficacia deben ser interpretados con precaución.

Destino

Se ha de ingresar y monitorizar a éstos pacientes al menos durante 24 horas.

En resumen:

El uso terapeútico se ha asociado con infarto agudo de miocardio, apnea del sueño y muerte súbita tanto en el niño como en el adulto (McGuigan 1981).

Tras la ingestión los primeros síntomas que aparecen son náuseas y vómitos. Aunque, los efectos cardiovasculares y neurológicos son los que dominan el cuadro clínico. En los casos de intoxicaciones leves se observa ataxia, confusión, letargia, disartria, taquicardia e hipotensión. También se pueden observar síntomas anticolinérgicos (sequedad de piel y mucosas, disminución del peristaltismo intestinal) e hiperreflexia.

En los casos de intoxicación moderada se puede observar disminución del nivel de conciencia con un grado de coma bajo, depresión respiratoria e hipotensión sistólica. La miosis es frecuente, pero también se puede observar midriasis. Se ha descrito una oftalmoplejía internuclear, así como crisis de agitación, delirio, alucinaciones y psicosis (McKnow 1963).
En los casos graves, se produce coma profundo con pérdida de todos los reflejos, apnea, hipotensión y arritmias cardiacas. Alteraciones de la temperatura con hipotermia o bien