3 de junio de 2012

Vale la pena!


Para muchos es una aberración en contra de las leyes naturales el hecho de que una mujer divorciada decida permanecer fiel a una promesa realizada frente a un altar. Frases he escuchado millones: “Eres joven”, “Puedes rehacer tu vida”, “No te vas a quedar sola”, “Cuando tu hijo se case y se vaya de casa que vas a hacer”, “Tienes derecho a amar”, “El sexo hace falta”, “La figura paterna es necesaria para tu hijo” ……. Yo les digo: “Prefiero estar en paz conmigo misma y con Dios”. Si bien mi matrimonio no fue lo que yo deseaba, tampoco fue hasta que la muerte los separe y aunque en mi corazón no quede rastros del amor hermoso y grande que un día fue, si tengo a mi lado el fruto de ese amor al cual cuido y protejo como el regalo más maravilloso que Dios y el Universo pudo darme. No arriesgaría por pasiones irracionales el vínculo maravilloso que tengo con mi hijo. No es fácil estar sola y formar, criar, educar, proteger, alimentar y encaminar a un hijo pero lo que construimos juntos, las dificultades que hemos atravesado, el hecho de arrancar desde cero sin nada solo con una mochila llena de juguetes y un maleta repletas de recuerdos y un dolor profundo en el alma, nos hizo fuertes, nos unió como a uno solo y nos dio la certeza de que el mundo entero puede despreciarnos, ignorarnos, burlarse, colocar todos los obstáculo que desee, aprovecharse de la situación, que si estamos en paz con nuestra conciencia y con Dios nada puede perturbarnos. Para una mujer divorciada y un niño el mundo puede resultar inhóspito, fuerte, perturbador y nada pero nada fácil, el día a día se convierte en una lucha interminable y el retorcido mundo imaginario de dime y diretes parece un nunca terminar. La continua defensa atroz de mantener nuestra dignidad como familia hace del camino una guerra sin cuartel. Hace diez años ya que iniciamos nuestra vida, nuestro camino y si en ese sendero puedo enseñarle a mi hijo el valor de una promesa, la importancia trascendental de la familia y de los hijos, el incalculable merito de levantarse honorablemente por ensima de cuanta inmundicia mundana hay en este mundo, que todo lo que digan de mi hijo o de mi me resbale, sea quien sea que lo diga, VALIO LA PENA.
Día a día aprendemos:
Que no existe mayor riqueza que la de acostarse por las noches con la conciencia tranquila y con la gracia de Dios. Que los brabucones son solo eso: Brabucones. Que el hogar y la familia se respeta. Que nuestra casa es un lugar sagrado. Que las virtudes como: nobleza, firmeza de carácter, promesa, fidelidad, lealtad, familia, justicia, fortaleza, templanza y honestidad son las que lo harán un hombre completo e integro. Que no existe mayor orgullo que tener una dignidad de acero y una férrea  personalidad. Sinceramente VALE LA PENA.
Vuelvo y repito me tiene sin cuidado alguno lo que digan los demás sobre mi o mi hijo, literalmente me resbala, ya es demasiado lo que hemos vivido, enfrentado y superado para que las mentes retorcida y las malas lenguas puedan hacer alguna mella en nuestra vida.

En mi vida y en mi hogar NADIE MAS QUE MI HIJO.

Nota: Lucas 19, 45-48

Entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: «Está escrito: Mi Casa será Casa de oración. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!» Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.