12 de noviembre de 2012

Aletheia


Martín Heidegger nace en Messkirch (Alemania) en 1889. Su formación filosófica se vio asediada por las tendencias metafísicas de Aristóteles y los escolásticos, al igual que la obra de Brentano. En 1911 pasa a estudiar filosofía y ciencias en la universidad de su ciudad natal, donde tuvo como maestro al filosofo neokantiano Rickert. En 1914 se gradúa con la tesis “La doctrina del juicio en el psicologismo” . Al año siguiente pasa a la docencia en esa misma universidad .En 1916, conoce al fundador de la fenomenologia Edmund Husserl en la universidad de Friburgo. Se alista en las filas del ejercito alemán en la primera guerra mundial. Su magisterio en Marburgo data de 1923, donde recibe la influencia de los escritos axiológico-antropológicos de Séller. Prepara después su obra fundamental “El ser y el tiempo” que fue publicada en 1928, la cual fue dedicada a Husserl. Ese mismo año es nombrado catedrático en la Universidad de Friburgo. En 1933 es nombrado rector de la Universidad, cargo que abandona en 1944 tras la ocupación de las fuerzas francesas en la Segunda Guerra Mundial. Heidegger era un ferviente seguidor del Nacionalsocialismo, y en la cual aspiraba a convertir su filosofía en la doctrina oficial del partido .En 1966, decide cobijarse en la soledad a vivir en su casa de campo de Todnauberg, hasta que muere en 1976.

Heidegger dejo un legado filosófico alto y contamos actualmente con un gran numero de obras y ensayos: El ser y el tiempo (1927), Carta sobre el Humanismo, ¿ Que significa pensar?, Introducción a la metafísica, ¿ Que es la metafísica ?, Kant y el problema de la metafísica, El origen de la obra de arte, Holderlin y la esencia de la poesía, la esencia de la verdad, ¿Qué es eso de filosofía ?, Arte y poesía, entre otras.
El siguiente ensayo expone una síntesis sencilla sobre el complejo pensamiento de Heidegger, correspondiente a la analítica existencial del ser-ahí, que se ha caracterizado por expresarse mediante un complejo sistema lingüístico y nueva terminología. Analizaremos los puntos mas importantes en su obra fundamental , el ser y el tiempo.

M. Heidegger siempre rechazó que se le incluyese dentro del existencialismo. No obstante, los temas que aborda, la influencia que autores como Kierkegaard o Husserl tuvieron sobre él, y la repercusión de su propio pensamiento en filósofos existencialistas posteriores, obligan a situarlo en los orígenes de la filosofía existencialista del siglo XX. Si bien, la enorme influencia de su pensamiento lo convierte en uno de los autores que más han marcado la filosofía contemporánea en todos sus ámbitos.
La obra de Heidegger es compleja y su vocabulario deliberadamente oscuro. La cuestión de la que parte su filosofía- en la que se centra su conocida obra Ser y tiempo (1927)- es: ¿qué es el ser? Pregunta imprescindible, según Heidegger, ya que la historia de la filosofía occidental es la historia del olvido del ser, la historia de la confusión del ser con los entes. El problema del ser es más que un problema filosófico meramente teórico para Heidegger; la civilización contemporánea, en la que priman la técnica y el consumo, lleva a considerar a los entes de la naturaleza como meros instrumentos; incluso el propio hombre es también instrumentalizado, masificado. Sólo construyendo una nueva ontología que recupere el sentido original del ser tendremos la posibilidad de cambiar de actitud y de superar una situación que pone en peligro tanto a la naturaleza como al ser humano.

Para abordar la pregunta por el ser, la primera dificultad que nos encontramos es que el ser en su totalidad no se presenta ante nosotros como objeto de estudio, no es un ente concreto, sino aquello que hace que el ente sea ente. Heidegger propone comenzar por analizar un ser concreto para, desde él poder ahondar en el sentido del ser.
La pregunta por el ser habrá que plantearla desde el análisis del ser humano, dado que es la única forma de ser con la que nos encontramos en contacto constante. Además, el ser humano es el único que tiene la capacidad de preguntar y responder, de comprender su propio ser y el de los otros entes. La característica fundamental del ser humano es que no puede formularse una definición que exprese su esencia. El hombre no es algo dado de manera definitiva, sino que siempre está por decidir, por hacerse. Así, Heidegger dirá que "la esencia del hombre es la existencia", precisamente porque es propio del ser humano encontrarse frente a posibilidades entre las que ha de elegir. Heidegger emplea el término Dasein (ser aquí o ser ahí) para referirse al ser humano existente- término que permanece en su forma original alemana en alguna de las traducciones de sus obras-. Veamos ahora las características del Dasein, de la existencia humana.

La primera característica del ser humano es su estar en el mundo. Vivimos insertados en un mundo de cosas, de objetos que pueden resultarnos útiles en función de nuestros intereses. El mundo en el que habita el Dasein no es algo "en sí" mismo, objetivamente, sino algo "para mí". E decir, cada hombre configura su mundo y actúa sobre las cosas para utilizarlas según las posibilidades que él mismo elige. Además, este ser en el mundo es un ser con otros. Heidegger no se refiere sólo a la mera coexistencia, sino al hecho de encontrarnos abiertos a otros Dasein; esta apertura nos permite comprenderlos y comprendernos a nosotros mismos.
El Dasein es, pues, un ser arrojado al mundo, un mundo de objetos y de otros Dasein. Un mundo de posibilidades se abre ante cada ser humano, que debe proyectarse hacia delante, puesto que está inacabado, es "proyecto de ser". Cada hombre es responsable de sí mismo y debe elegir entre las posibilidades que se le ofrecen para proyectar su modo de existencia. Así pues, el Dasein nunca deja de proyectarse, nunca vive exclusivamente del presente. El hombre vive siempre del pasado hacia el porvenir. Toda nuestra vida consiste en cómo usemos las posibilidades futuras que se nos ofrecen desde el pasado. Por esto, el ser más genuino del Dasein es la temporalidad: vive siempre a partir de un pasado inamovible futurizando su presente.
Precisamente porque el Dasein es un ser inacabado, sólo la muerte supone, al final de la existencia, el fin y la terminación del Dasein. Cuando acontece la muerte, el Dasein completa su ser íntegramente. Por tanto, únicamente podemos captar la totalidad del ser humano desde el horizonte de la muerte. La muerte es, para Heidegger, la posibilidad extrema de la existencia, si bien es una posibilidad segura. El ser humano nada más nacer puede morir, lo que significa que la muerte pertenece a la estructura constitutiva de su existencia. De ahí que afirme Heidegger: el hombre es "un ser para la muerte".

Ante la posibilidad radical del ser humano, ante la muerte, podemos intentar eludirla, distraernos para no enfrentarnos a ella, o bien aceptarla, asumir la muerte como la única posibilidad real para llegar a ser totalmente. En el primer caso, el ser humano tendrá una existencia inauténtica, un tipo de vida en el que no es el yo quien vive según su proyecto de vida, sino que se deja llevar por los que "se dice", "se piensa", "se hace". El Dasein se convierte en un ser anónimo y masificado, vive frívolamente en la superficie de las cosas. La existencia inauténtica se caracteriza por la mediocridad, la trivialidad, la irresponsabilidad y la inconsciencia.
Pero el hombre puede también aceptarse tal como es y tener presente siempre la inevitable muerte. En este caso, el ser humano se enfrenta a la desnuda realidad de la muerte, que le revela la verdad de la existencia: la nada. De esta forma el Dasein asume una nueva vivencia: la angustia. Angustia que aparece al descubrir el hombre la finitud de su existencia y sentirse desvalido ante el mundo. Así, pues, la angustia es el sentimiento radical que muestra la situación del ser humano. Este sentimiento no equivale al miedo, dado que este surge al percibir una amenaza, mientras que la angustia surge ante el vacío y la finitud del propio ser humano. En último término, la angustia es un sentimiento ante la nada, ante el hecho de no ser, sin que el mundo o los demás tengan un sentido que ofrecer al hombre. A su vez, la angustia lleva al aislamiento y a la soledad. Pero, en esa soledad, el Dasein descubre su libertad para realizarse en una vida auténtica, en ella toma conciencia de todas sus posibilidades. Por tanto, la angustia tiene la capacidad de salvar al ser humano de la existencia impersonal. Pero, son muy pocos los que sienten esta angustia, la mayoría de los hombres prefieren abandonarse a la vida cotidiana y a sus distracciones.

La existencia es definida por Heidegger como una "travesía entre nadas": la nada de la que surgimos y la nada a la que estamos abocados.
Como se dijo anteriormente, Heidegger rechazó que se le situase en el existencialismo. No obstante, su análisis del Dasein, su filosofía es, sin duda, una filosofía existencial del ser humano. Si bien, en el planteamiento original de Heidegger, este análisis del Dasein habría de ser sólo el estudio previo a una ontología general que respondiese a la pregunta sobre el sentido del ser. Pero Heidegger no llegó a elaborar tal ontología.

En torno a 1935 Heidegger dio un giro a su filosofía e inició otro camino diferente a su investigación sobre el ser. Para algunos, a partir de ese momento habría que hablar de un segundo Heidegger. Obras como "Carta sobre el humanismo" (1947) o "Caminos del bosque" (1950) indican este giro donde Heidegger pone de manifiesto que no es posible comprender el sentido del ser desde un ente concreto, aunque sea el privilegiado Dasein.
Mientras que, en "Ser y tiempo", Heidegger intentaba llegar al ser a partir del Dasein, en su obra posterior, el Dasein se comprende a la luz del ser, como una prolongación del ser. La verdad sobre el ser ha de ser descubierta, el hombre no crea esa verdad, sino que la descubre por ese rasgo originario de nuestro comportamiento que es la apertura al mundo. Heidegger retoma de los filósofos presocráticos, el sentido original de la verdad como alétheia, como desvelamiento. En "Carta sobre el humanismo", Heidegger presenta una visión del hombre que contrasta con la que aparecía en "Ser y tiempo". Ahora encontramos a un hombre cuya esencia consiste únicamente en ser el "guardián del ser ". El hombre no es el dueño y señor del ente, sino el "pastor del ser".

El lugar privilegiado de la relación del hombre con el ser es el lenguaje. La función primordial del lenguaje humano no es designar cosas o comunicar estados interiores, sino descubrir en el seno del lenguaje mismo el ser de las cosas y recrearlas. "El lenguaje es la casa del ser ", dice Heidegger. El lenguaje es el medio en el que el ser se muestra. Pero no se refiere Heidegger al lenguaje artificial de la ciencia, sino al lenguaje más expresivo y auténtico, el lenguaje de la poesía
FUENTE:

1. M. Heidegger: Conferencias y artículos, Superación de la metafísica, Barcelona, 1994 Consultado: 25-06-2.011
 2. En la polémica obra de Víctor Farías que fue alumno de doctorado de Heidegger Heidegger y el nazismo se profundiza en este tema y se aportan diversas pruebas.
 3. M. Heidegger: El último dios, Revista de Filosofía. Cordoba. Año VI. N° 8-9, nov. 96. Consultado: 25-06-2.011
 4. M. Heidegger: “¿Qué significa pensar?, Buenos Aires, Nova 1964. Consultado: 25-06-2.011
 5. Saña, Heleno (2007). «la filosofía de la desesperanza». Historia de la filosofía española (1ª edición). Almuzara. pp. 202-3. ISBN 978-84-96710-98-6.
 6. Farias, Víctor (2010). Heidegger y su herencia. Los neonazis, el neofascismo y el fundamentalismo islámico (1ª edición). Tecnos. (Grupo Anaya). Madrid. ISBN 978-84-309-5018-8.