15 de marzo de 2015

Neurobiología de la empatía



La empatía se define como la capacidad de comprender y compartir los pensamientos, deseos y sentimientos de otra persona. Gracias a pruebas de neuroimagen y estudios de comportamiento realizados en humanos y otros animales, se han descrito sus bases neurobiológicas, que constan de dos grandes sistemas: el sistema emocional y el sistema cognitivo. Son entidades independientes, que se desarrollan en edades diferentes,  utilizan neurotransmisores y redes neuroanatómicas distintas.
Trabajos recientes de estudios por imágenes cerebrales sobre la empatía (y sobre la cognición social en general), se refirieron con frecuencia al sistema de neuronas espejo que supone un modelo donde la percepción del estado del otro automáticamente activa en el observador las representaciones de dicho estado y esto genera las respuestas neurovegetativas y somáticas asociadas. Es decir, que se activarían en el observador los mecanismos neurológicos responsables de generar una emoción similar.
e ha sugerido que la experiencia empática provocada por la simple observación de una persona, provoca en el observador la activación de los mismos circuitos neuronales, y el reciente hallazgo de las neuronas espejo, podría explicar éste fenómeno.

Las neuronas espejo fueron descubiertas en investigaciones realizadas con primates. Se observó la activación del mismo grupo de neuronas cuando hacían una acción que cuando observaban la misma acción realizada por otro primate. A éste grupo de neuronas se les llamó “Sistema de las neuronas espejo” (SNE). Anatómicamente, éste grupo de neuronas se ha identificado en la circunvolución frontal inferior (CFI) y en el lóbulo frontal inferior (LFI). Aunque estos núcleos puedan estar implicados en varias formas de respuesta empática, existe una fuerte evidencia la participación de la CFI en el reconocimiento y el contagio de las emociones.

El dolor ajeno también puede despertar una respuesta empática en el observador. Las principales regiones cerebrales implicadas son la corteza cingular anterior (CCA) y la ínsula. Su activación también se ha relacionado con las sentencias de juicio que hace el observador, basándose en la expresión facial de la persona que sufre dolor. Esto indica que la empatía hacia las personas con dolor se asocia a una actividad hemodinámica en el cerebro que es muy similar a la que ocurre cuando lo experimenta uno mismo en primera persona.
Esta capacidad empática hacia el dolor de otros sujetos puede haber sido útil para la evolución, ya que percibir el dolor ajeno puede evitarlo en uno mismo. Además, puede haber tenido una importante función social como facilitar la cooperación entre miembros de una misma familia que comparten una misma constitución genética. Ahora bien, en fisioterapeutas que trabajan a diario con personas que experimentan dolor, se ha observado una rápida y temprana regulación emocional de la empatía, inhibiendo el proceso de percepción del dolor.
La empatía cognitiva se describe como la habilidad para crear una teoría sobre el estado mental y cognitivo de otra persona, teniendo en cuenta su perspectiva. Este proceso de comprensión desde la perspectiva de otra persona, parece que desarrolla la “Teoría de la mente”, que puede ser definida como la habilidad para ponerse en el lugar de otra persona, e imaginar sus pensamientos y sentimientos.
Aunque pueden actuar de forma independiente, en condiciones normales, y en función del contexto social, una respuesta empática evocará los dos sistemas descritos: una respuesta emocional (empatía emocional), y una evaluación cognitiva del estado mental y perspectivas de la persona observada (empatía cognitiva).

El desarrollo de las técnicas de neuroimagen ha hecho que se produzca un espectacular avance en el conocimiento de las estructuras neurona les implicadas en diversos procesos psicológicos y comportamientos complejos. En este sentido, en los últimos años ha habido un notable incremento del número de estudios focalizados en analizar y comprender el funcionamiento de los circuitos cerebrales implicados en la empatía. Así, se han llevado acabo diversas estrategias experimentales para tratar de reproducir en el laboratorio diversas situaciones que podrían producir empatía de manera similar a como ocurre en la vida cotidiana. Los principales diseños experimentales se centran en la presentación de estímulos con contenido emocional –imágenes o situaciones–, estímulos dolorosos o estímulos somatosensoriales, y en el análisis de la relación entre empatía y perdón. Estos estudios han puesto de manifiesto que, entre otras estructuras, las cortezas prefrontal y temporal, la amígdala y otras estructuras límbicas como la ínsula y la corteza cingulada desempeñan un papel fundamental en la empatía. Las estructuras cerebrales previamente señaladas guardarían semejanza con aquellas relacionadas con la agresión y la violencia, por lo que los circuitos neuronales implicados en la empatía y la violencia podrían ser parcialmente similares.
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