26 de abril de 2015

Un matrimonio perfecto



En la práctica, la pareja debe afrontar el arte no fácil de integración y acoplamiento en una línea de mutuo enriquecimiento y complementariedad. La relación profunda entre sexo y personalidad lleva consigo el que, para la integración de la pareja matrimonial, es fundamental la integración psicológica, la integración sexual y la integración funcional. Al hablar de arte, nos referimos a la habilidad o destreza con que se consigue algo.
Este arte lleva implícito una vocación (llamada hacia el amor en el caso del matrimonio), una preparación y la adquisición de unas técnicas. Estas técnicas no se aprenden en unos días ni tampoco entra por ósmosis.
El resultado del proceso debe ser: la realización personal de ambos; si no es así, se llegará a la anulación o destrucción total o parcial de uno o de los dos. ¿Qué necesita la pareja para alcanzar este sentido de unificación? Imagina el matrimonio como un viaje por la vida. Auto, gasolina, comida – estamos listos para partir. ¿Qué es necesario para que los dos viajeros en este auto se “unan” para realizar este viaje? Tres cosas:
    Destino: Para poder comprometerse a ir juntos tienen que saber a dónde están yendo. Si uno quiere ir a esquiar no puede estar con alguien que quiere ir a la playa.
    Compromiso: Dos personas no llegarán a su destino si uno puede echarse para atrás cuando se le antoje.
    Afinidad: Si no se soportan mutuamente, el viaje va a ser intolerable.
La pareja es en sintesis:
Dos personas unidas afectiva y amorosamente.
Dos personas dispuestas y comprometidas entre sí.
Dos personas que asumen juntas los compromisos y riesgos del entorno social y cultural.
Una cuestión importante que cabe plantearse es "cómo se hace un matrimonio". Hacer un matrimonio supone una "tendencia más, un esfuerzo". Debe haber una tendencia espontánea del uno hacia el otro, no puede ser una cosa calculada. Hoy se ha avanzado en este aspecto; hay menos matrimonios de conveniencia. La familia presiona menos en este sentido.
Debe haber un esfuerzo para ser más compañeros: de vivienda, de sentimientos, de ideales y de compromisos. Hay que cuidar el matrimonio y la familia; no es cuestión de suerte el que funcione. La técnica para realizar ese esfuerzo es el ejercicio constante de la comunicación. La importancia de la comunicación en la pareja es fundamental.
Es importante que haya una cierta sintonía cultural, que no es cuestión de títulos académicos, sino de un cierto nivel cultural que aproxime y no distancie a los componentes de la pareja. Sin embargo, este aspecto no es fundamental.
Otros asuntos importantes, de cara a la formación de la pareja, pero tampoco fundamental, son la fe, las creencias y las ideologías. Estas cuestiones no se suelen tener en cuenta y, de hecho, no deberían crear conflictos, pero, en la práctica, las diferencias de esta índole originan tensiones, vacíos y distancias. Asumir las diferencias, respetarlas e integrarlas como un valor irrenunciable de la persona requiere una gran madurez. Esta madurez no la proporciona la ceremonia de la boda.
Existen siete etapas fundamentales en el matrimonio, cada una tiene su vivencias, emociones, apego y conflictos, cada una debe superarse para poder avanzar en ese camino juntos:
Etapa 1: Pasión: Fase de la luna de miel, cuando el romance y la atracción intensa llevan al compromiso. Se vive un fenómeno mágico. Es la fase que inspira canciones del tipo “Sin ti no puedo vivir”.
Los enamorados se sienten absolutamente compenetrados.
Es un estado físico-químico en el que prima la pasión.
Etapa 2: Comprensión: La decepción y el conflicto marcan este inevitable periodo. El nivel sexual baja, se manifiesta el amor con más compañerismo y el nido o el hogar. Se decora la casa, se hace confortable. Aquí el amor se alimenta con el compañerismo y el apego amoroso. Pueden surgir los problemas por la familiaridad y la rutina, esto puede crear molestias, irritación y enfados. Las discusiones son sobre las funciones domésticas: los roles en la casa. Se producen discusiones y malentendidos porque se presuponen muchas cosas que no son ciertas. También intervienen los familiares políticos, que pueden ser motivos de discusión. El reto es poner los cimientos para un largo futuro juntos. “¿Con quién me casé?”, es la pregunta recurrente. Es la fase del amor cotidiano. Los pequeños hábitos de la pareja empiezan a incomodar. Se entiende la dimensión de la palabra “eternidad”. Despiertan a la realidad para aceptar que su relación no será un idilio eterno, ni la unión maravillosa y perfecta. Aparece la rutina, cansancio, tedio ytensión. El primer indicio de que el romance se está acabando suelen ser las diferencias que aparecen como acusaciones: ¡has cambiado! No eresla misma persona con la que me casé!... Por lo general crece la familia, con la llegada de los hijos. Se dan luchas de poder y cada uno cree tener la razón. Es habitual culpar a la pareja acerca de las expectativas incumplidas. Los hijos causan un tsunami. Cambian la dinámica de la relación. La madre suele volcarse en la crianza y puede perder su identidad. Muchos esposos se sienten relegados. Alarma: La ciencia habla del “7 Year-itch” (“la rasquiña de los 7 años”) porque muchos divorcios tienen lugar transcurrido ese tiempo.
Etapa 3: Rebelión: Los intereses propios contra los compartidos. Distinguir entre el deseo destructivo de huir y la sana necesidad de ser tú mismo es la prueba de fuego de esta etapa. Se trabaja por el afianzamiento financiero del hogar. Hay un periodo de reflexión sobre el desarrollo personal y profesional. Son frecuentes la frustración y el aburrimiento porque se cae en la rutina. Decrece el deseo, un terreno fértil para buscar la pasión en otra cama. Cada uno tiene sueños distintos y cuando estos se truncan hay resentimientos.
Etapa 4: Cooperación: Con el tiempo, el matrimonio significa administrar dinero, construir carreras y educar hijos. Pasar de amante a socio y luego a padre puede ser complicado. Se puede decir que cuando las parejas han sido capaces de resolver conflictos y crisis en las etapas anteriores, este es un período de estabilización y una oportunidad para lograr un mayor desarrollo y realización personal y como pareja. Pero también esto puede ser fuente de conflicto ya que puede darse un desarrollo desigual en los esposos. La madre, por tener mayores obligaciones con los niños pequeños puede haberse olvidado de cultivar y trabajar en su crecimiento personal y por lo tanto sentirse en desventaja con su esposo, albergando cierto resentimiento que la lleva a formar alianzas con los hijos, con todas las implicaciones que esto tendría en el desarrollo individual de los hijos.
Etapa 5: Reunión: ¿Qué pasa cuando los hijos se van? Para las parejas felices, es tiempo de disfrutarse nuevamente, pero puede ser difícil lograr este ideal. Las brasas de la pasión necesitan reencenderse, y las esperanzas, reacomodarse.
Etapa 6: Explosión: La pérdida de empleo, los problemas de salud, la enfermedad o muerte de un padre llegan por oleadas en la edad madura. ¿Será tu matrimonio una fuente de consuelo o lo pondrán a prueba los nuevos papeles, limitaciones y temores? Algunos autores la han llamado la “crisis de la edad madura”, con características muy interesantes por un lado se busca un equilibrio entre las aspiraciones y los logros, cristalizándose en la mayor parte de los casos en un proceso de reflexionar las prioridades y arreglar una escala de valores un poco diferente, que conduce a una estabilización de cada uno y del matrimonio.
Sin embargo, también se pueden presentar conflictos en esta etapa, tales como diferentes apreciaciones y evaluaciones del éxito logrado y de lo que aun hace falta en términos de aspiraciones futuras. Asimismo existen conflictos en cuanto a la pérdida de atractivo y habilidades físicas, que hacen que personas de esta edad busquen compensaciones con personas más jóvenes y quieran demostrar que aún poseen fuerza y virilidad o feminidad para atraer a personas que consideran atractivas.
Al mismo tiempo, es habitual que en esta fase se tengan hijos adolescentes y/o adultos jóvenes, en medio del proceso de la separación de los padres. Los matrimonios que más se oponen a la separación y más sufren con este proceso, son aquellos que desde un principio involucran a los hijos en sus conflictos.
La partida de los hijos puede, en un momento dado, aumentar o disminuir la intimidad de la pareja según el grado en el que los hijos estaban interpuestos entre los miembros de la pareja.
Etapa 7: Consumación: La dicha marital a menudo aumenta después de pasar décadas juntos, pues “conocerse” tiene ahora un significado más profundo y una mayor recompensa.
Durante el matrimonio, las parejas  pasan varias veces por las diferentes etapas emocionales. A veces tendrán etapas muy románticas, y en otras, las desilusiones y los problemas los retarán y tendrán que trabajar para resolver sus problemas, perdonarse los errores y reconciliarse. La habilidad para usar las herramientas para la solución de conflictos les será de gran utilidad. Pero con el tiempo, podrán experimentar que su amor crece y su actitud será de fidelidad y de mayor compromiso.
¿Que podemos hacer para tener un matrimonio perfecto y feliz?
Nueve tareas psicológicas para un buen matrimonio
Las investigaciones sobre lo que hace funcionar a un matrimonio demuestran que las personas con un buen matrimonio han realizado las siguientes "tareas" psicológicas.
    Separarse emocionalmente de la familia en la que crecieron, no al punto del distanciamiento, pero lo suficiente para que su identidad sea distinta de la de sus padres y hermanos.
    Desarrollar la unión en base a una intimidad e identidad compartida, y establecer simultáneamente límites para proteger la autonomía de cada miembro de la pareja.
    Establecer una relación sexual plena y placentera y protegerla de las intromisiones del lugar de trabajo y las obligaciones familiares.
    Para las parejas que tienen hijos, asumir el gran rol de la paternidad y absorber el impacto de la llegada de un bebé.
    Aprender a seguir trabajando para proteger la privacidad como pareja.
    Enfrentar y dominar las crisis inevitables de la vida
    Mantener la fortaleza del vínculo conyugal ante la adversidad. El matrimonio debe ser un refugio seguro en el que la pareja sea capaz de expresar sus diferencias, enojos y conflictos.
    Usar el humor y la risa para mantener las cosas en perspectiva y evitar el aburrimiento y el aislamiento.
    Nutrir la relación y apoyarse mutuamente, satisfaciendo las necesidades de cada cónyuge en cuanto a la dependencia y ofreciendo aliento y apoyo continuo.
    Mantener vivas las primeras imágenes idealizadas y románticas de cuando se enamoraron, al tiempo que se enfrenta la realidad tal cual es, y a los cambios causados por el tiempo.
    Por ultimo concéntrate mas en dar que en recibir, el matrimonio es para amar. Y amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es donación. La medida del amor es amar sin medida.  No olvides: amar ya es recompensa en sí. Amar es buscar el bien del otro: cuanto más grande el bien, mayor el amor. Recuerda algo cuando estés en la época de crisis: “Todo se puede solucionar” si hay disposición de ambas partes. Lo que sería intolerable en un matrimonio es el abuso físico y mental, en estos casos no hay amor, porque el que ama jamás dañaría al otro.
(Judith S. Wallerstein, PhD, coautora del libro The Good Marriage: How and Why Love Lasts).