9 de agosto de 2015

La Herencia Imaginada en la medicina Francesa del siglo XIX

TULO DEL TRABAJO: LA HERENCIA “IMAGINADA” EN LA MEDICINAFRANCESA DEL SIGLO XIX (1828-1861). GENEALOGÍA DE UNA NOCIÓNOLVIDADA.TIPO DE CONTRIBUCIÓN: TRABAJO LIBREAPELLIDO Y NOMBRE DEL AUTOR: VALLEJO MAUROINSTITUCIÓN DE PERTENENCIA: CONICET - CATEDRA I DE HISTORIA DE LAPSICOLOGIA (UBA)DIRECCIÓN POSTAL: VENEZUELA 4356 2B (1211, CABA)DIRECCIÓN ELECTRÓNICA: maurosvallejo@gmail.comRESUMEN:El objetivo de esta comunicación es realizar una breve genealogía de una de las acepcionesmenos estudiadas de la noción de herencia en la medicina francesa del siglo XIX. Unos pocosautores plantearon, a lo largo de ese período, que uno de los mecanismos por los cuales actúala herencia en la producción de enfermedades reside en la influencia que puede ejercer sobrela salud de un sujeto la certeza de que él es portador de una afección hereditaria. A través delanálisis de tres fuentes que abordaron ese tópico -una de las cuales consiste en un manuscritoinédito conservado en los archivos de la  Académie Royale de Médecine de Paris
- en estetrabajo intentamos demostrar, primero, que el tipo de determinación familiar propugnada por el discurso francés rebasa el esquema simplista de una comunicación material o sanguínea, ysegundo, que la noción misma de familia que subtiene esos enunciados es más compleja de loque suele suponerse.PALABRAS CLAVE: Herencia - Mongellaz - Mitivié - Degeneración

 
Este trabajo constituye una presentación preliminar de una investigación doctoral en curso,referida al problema de la herencia en el saber galénico francés del siglo XIX. El objetivo deesta comunicación es realizar una breve genealogía de una de las acepciones menosestudiadas de la noción de herencia en la medicina francesa del siglo XIX. Unos pocosautores plantearon, a lo largo de ese período, que uno de los mecanismos por los cuales actúala herencia en la producción de enfermedades reside en la influencia que puede ejercer sobrela salud de un sujeto la certeza de que él es portador de una afección hereditaria. A través delanálisis de tres fuentes que abordaron ese tópico -una de las cuales consiste en un manuscritoinédito conservado en los archivos de la
 Académie Royale de Médecine de Paris
- en estetrabajo intentamos demostrar, primero, que el tipo de determinación familiar propugnada por el discurso francés rebasa el esquema simplista de una comunicación material o sanguínea, ysegundo, que la noción misma de familia que subtiene esos enunciados es más compleja de loque suele suponerse.Gracias a la aparicn de trabajos cada vez s documetados, contamos con unaaproximación detallada al pasado de las ideas hereditarias de la medicina y la psiquiatríafrancesas del siglo XIX (López Beltrán, 1992; Coffin, 2003; Cartron, 2007). De todasmaneras, resta aún mucho por hacer en este dominio, sobre todo debido a que muchoshistoriadores asignan a esos discursos una perspectiva sobre la herencia que no hace justicia ala complejidad del fenómeno. En efecto, muchos de los investigadores que se han ocupado delasunto imputan a esos conceptos un cariz determinista que no siempre se condice con elcontendio real de las fuentes. Dado que lo sucedido en la segunda mitad del siglo es lo quemejor se ha analizado, y siendo que en ese lapso efectivamente se construye una visión bastante determinista y material de la herencia, más de una vez se ha cometido el error detrasladar esas conclusiones a enunciados previos. Como resultado de esa confusión,consideramos que han recibido poca atención o visibilidad los elementos que, pertenecientesal período previo a la aparición del paradigma de la degeneración, no son reductibles al marcodeterminista antes mencionados. El designio de este trabajo es iluminar una de esas zonasolvidadas.El primer eslabón de este recorrido es una obra publicada en 1828 por Pierre-JosephMongellaz (1795-1860), un autor del que poco se sabe hasta el momento, y cuyo nombre esasociado a su mujer, Fanny Burnier, hija de Berthollet, quien redactó libros muy popularesacerca del lugar de la mujer (Larousse, 1874: 440). En otro lugar hemos analizado el libro de1828, titulado
 L'art de conserver sa santé et de prévenir les maladies héréditaires, om l'hygiène, y sería posible demostrar que allí se presentan argumentos muy sólidos en contra dela posibilidad de la existencia de las enfermedades hereditarias. Continuando los planteos dealgunos de sus predecesores -quienes habían objetado que las causas ocasionales externas sonmejor conocidas, más visibles y controlables que las presuntas disposicionesconstitucionales-, Mongellaz, a diferencia de sus contemporáneos, llegaba al punto de negar la posibilidad de la comunicación generacional de afecciones. Dado que, a nuestro entender, eltexto de Mongellaz fue el único que en la primera mitad del siglo XIX se atrevió a explicitar esa impugnación, no es llamativo que su libro no haya sido citado o comentado por losulteriores médicos que se encargaron del asunto. Se trata, por otro lado, de una obra que no hamerecido hasta ahora un lugar destacado en los intentos por reconstruir el pasado de lamedicina francesa. Publicado al momento en que se multiplican los tratados de higiene, ellibro de Mongellaz no aporta quizá ninguna novedad a la descripción u ordenamiento de loselementos del arte de conservar la salud. Podemos aventurar que el autor es consciente delcarácter provocador de sus aserciones, y el hecho de que las patologías por herencia aparezcanen el título mismo de la obra señala que Mongellaz buscó abiertamente instalar una polémicaencendida.El libro es un típico manual de higiene, con todos sus consejos, ordenados en función de lasedades, acerca del manejo de las cosas, tendiente a la prevención de cualquier enfermedad. Yla consideración de las afecciones hereditarias ocupa poco más de 20 páginas, sobre un totalde 600. Luego de haber haber demostrado cuán falaz es hablar de enfermedades hereditarias,Mongellaz aborda las consecuencias negativas de ese error. Entre ellas, nos interesa lasiguiente. Un hijo de padres que fallecieron a causa de esa enfermedad es perseguido, desdeque viene al mundo, por el temor de ser también él presa de esa afección. Ese miedo,alimentado por aquella creencia errónea, puede tener consecuencias nefastas:“Perseguido sin cesar por la idea de que él morirá tísico, ¿esa idea no envenenarásu vida y sus placeres? ¿No puede ella dañar su salud, haciéndolo caer en unestado de languidez, de inquietud, de debilidad, que puede efectivamente abrirleel camino hacia la tisis si no consigue prontamente encontrar alguna energía,remontar su físico y su moral?” (Mongellaz, 1828a: 94)El autor cita el ejemplo de una joven cuya vida se vio atormentada por la creencia de que ellatambién debía padecer la enfermedad que había golpeado a sus antecesores. En cuanto sigueveremos que otros médicos, unas décadas más tarde, se referirán a este mismo fenómenoaunque no bajo la premisa de la no-existencia de las enfermedades hereditarias-. Algunos deellos definirán a este proceso como otra forma a través de la cual la herencia es capaz deincidir en la salud de las personas. ¿Qué podemos adelantar sobre esta sorpresiva acción delos pasados familiares? Las páginas de Mongellaz son, según los alcances de nuestra lectura,la primera ocasión en que se aborda esta acepción del influjo hereditario. Y cabe extraer sobreella algunas apreciaciones. En muchos de los tratados sobre la herencia previos a 1828 no es posible establecer de modo categórico una demarcación entre lo que correspondería alempuje de la genealogía y lo que pertenece a distintas fuerzas que podemos resumir bajo lanoción de higiene (la alimentación, los cuidados corporales, las nodrizas, etc.). La alternativade ver en ello una contaminación, una operatoria que, confundiendo registros, obture uobstaculice la comprensión de las verdaderas potencias de la herencia, constituye unaelección ingenua o miope. Esas presuntas mezclas tienen a bien enseñar que el dominio de ladeterminación familiar -en el cual se inscribe el problema de la herencia, estando la casillareservada a ella nunca del todo señalizada- es mucho más complejo que la creencia en unafatalidad que se encarna en los materiales que los ascendientes legan a su progenie. Que sehaya usado un lenguaje fisiológico, un medio de argumentación y ejemplos que pretendíancalcar los procedimientos más puros del organicismo, no debe hacernos perder de vista queen verdad esos enunciados explicitaban un abanico de mecanismos de influjo mucho máscomplejos y variados. Por otro lado el análisis de la literatura muestra sin ambages que lasustancia o las figuras que participan de la construcción de esa familia, exceden con mucho la pareja biológica o los ascendentes sanguíneos.La mención de este poder de las creencias en la herencia es parte de ese mismo proceso. Lafamilia hereditaria incluía, merced a su noción de predisposición, el modo en que ella ofrecíaun ambiente y una moral al niño en desarrollo. E incluía también las imágenes e ideas que su presencia despertaba en los subsecuentes eslabones de las cadenas generacionales. Lasangustias y temores que los pasados del linaje desencadenen en las generaciones presentesson -es cierto que de modo marginal- también un capítulo de este discurso de la medicina.“¡Y bien! Una afección moral que actúa silenciosamente, que se renueva sincesar, como es en el caso de la afección moral mantenida en una persona joven,sensible y delicada, por la idea de estar atacada de tisis pulmonar, a la cual sumadre ha sucumbido, ¿no establece acaso una verdadera predisposición a la tisis,tan grave quizá como la que depende de una conformación viciosa del pecho?”(Mongellaz, 1828a: 96) Hemos hallado un argumento similar en otras dos fuentes. En primer lugar, en el tercer manuscrito enviado al premioCivrieux de 1843 de la  Académie Royale de Médecine de Paris .Tal y como ya hemos hemos comentado en un trabajo anterior, ese concurso -que en realidadera la reiteración de dos concursos lanzados en 1839 y 1841 por la misma institución- fue laocasión merced a la cual fueron editados los primeros trabajos acerca de la influencia de laherencia en las enfermedades nerviosas (Vallejo, 2010). Pues bien, en una de las memoriasque participaron de la contienda, y cuyo autor nos es desconocido, se reitera por segunda vezese poder inmaterial de la herencia (Anónimo, 1843). Luego de haber afirmado que se sabemuy poco acerca de cómo opera la herencia, y luego de haber realizado un recorrido por lasteorías clásicas de la generación, el autor agrega que en el caso de las enfermedades quedependen de la sobre-excitación nerviosa la herencia ejerce su influencia de otro modo, noatendido por los autores. En efecto, en algunos casos lo que produce aquel desarreglo de lascapacidadades mentales reside menos en la comunicación material por genearción, que en laidea que se hace el sujeto acerca del linaje al que pertenece. Veamos una larga cita:“Supongamos en efecto un sujeto predispuesto hereditariamente al estadonervioso; recibió esa predisposición de sus padres; él lo sabe. ¿Creerán ustedesque esa idea sola no alcanzará para determinar en él una verdadera sobre-excitación y reproducir así esa manera de ser de sus padres, que él tanto temía?Considerada bajo este último punto de vista, la herencia puede no solamentereproducir la sobre-excitación nerviosa, sino que también ella puede producirla,incluso en los individuos cuyos padres habían sido portadores de afeccionestransmisibles, cualquiera fuesen ellas. La convicción de que esas afecciones pueden reproducirse en ellos los pondrá en un estado de inquietud, de espanto (...)y terminará por determinar una verdadera sobre-excitación” (Anónimo, 1843:32).El 15 de Junio de 1861, Albert Mitivié, sobrino de Esquirol, defiende su tesis en la Facultadde Medicina de Paris, titulada Quleques mots sur l'hérédité morbide . Se trata, es cierto, de unade las tantas tesis que por esa época no hacen más que repetir evidencias desordenadasextraídas de otros autores. En este trabajo hallamos una vez más la propuesta de esta acciónideativa de la herencia. “La influencia hereditaria, en efecto, tiene una cierta acción moral que hay quetener en cuenta; no se trata de que el miedo a los tubérculos, por ejemplo,desarrolle la tisis; pero este miedo perpetuo, siempre presente a la imaginación, puede provocar un problema en todas las funciones, problema que vuelve mássusceptible y más expuesto a contraer tal o cual enfermedad; y en algunos casosesta preocupación exagerada determina un desarreglo intelectual que en sí mismoconstituye una enfermedad grave.Una mujer a la edad de 19 años se entera que un tío, que ella cree que pertenece ala rama paterna , se había suicidado; este descubrimiento la aflige mucho, y la ideade que ella podría un día caer en ese triste estado retiene inmediatamente toda suatención. (...) Ella estaba en esta triste posición cuando su  pretendido padrepusofin a su existencia. Desde entonces la señorita X... se cree completamentedestinada a una muerte violenta; rechaza todo tipo de consuelo, no se ocupa másque de su final cercano, y mil veces repite: “¡Debo entonces morir 
como mi padre y como mi tío
! Mi sangre está corrompida” (...)La más triste desesperación estaba pintada sobre la fisonomía de la Señorita X...;ella no podía mirarse en un espejo sin experimentar un sentimiento de espanto,según sus propias expresiones.Sin embargo, la madre de esta infortunada se ocupó de acordarle un encuentro consu verdadero padre (...) Ella finalmente aceptó ver al hombre del cual se decía queera el autor de sus días. El parecido físico era tan notable, que las dudas de laenferma se disiparon en ese mismo instante. Desde entonces la señorita X...renuncia a todo proyecto de destrucción; su jovialidad retorna progresivamente, y junto con ella, el restablecimiento de su salud” (Mitivié, 1861: 11-12; cursivas enel original)Para concluir, hemos ofrecido fragmentos textuales a través de los cuales tres médicosfranceses postularon que el problema de la influencia hereditaria rebasaba la dudosacomunicación material entre individuos de generaciones sucesivas. En tal sentido, estosautores recordaron que la importancia de los pasados familiares para la provocación de patología reside a veces en las creencias que los sujetos abrigan respecto de sus antepasados.Es cierto que esa idea anida solamente en contados textos de la abigarrada literatura referida ala herencia. Empero, no es posible pasar por alto la enseñanza que esos enunciados otorgan.En otro lugar hemos demostrado que, por ejemplo, en los tratados de la primera mitad de siglo la infuencia de las nodrizas sobre las criaturas ocupa tanto o más extensión que elimpacto de la organización de los padres sobre su progenie. Ello es ciertamente explicable por el hecho de que el dominio de lo hereditario no se ha separado aún de las dimensiones deldesarrollo o la higiene. De todas formas, y más allá de esa fundamentación, es igualmentecierto que esos solapamientos develan cómo está conformada la noción de familia queatraviesa esos discursos. Nuestra tesis es que se trata de una familia política antes que biológica, es una familia-hogar más que una familia de sangre. Primero las nodrizas, luegolos abuelos, los tíos, las parejas anteriores de la madre, esos personajes conforman el retratofamiliar de esa determinación que tan redituable se mostrará en la psiquitría posterior a 1870.Si a eso se suma que el modo en que los pasados familiares influyen en la enfermedad puede pasar también por los relatos que el sujeto ha recibido acerca de sus antepasados, entoncescontamos con una serie de evidencias que alcanzan para mostrar que la historia del pasaje delsiglo XIX al siglo XX, o el pasaje desde la psiquiatía francesa al psicoanálisis, no puede ser reducido al pasaje desde una herencia biológica a una psíquica, ni de una familia orgánica auna familia del recuerdo y el relato.Referencias bibliográficas  Anónimo (1843) « Je donne mon avis non comme bon, mais comme mien(Montaigne) ». Manuscrito 3 enviado a Premio Civrieux de 1843 de la Académie Royale de Médecine de Paris , 72 folios. Paris, Académie Nationale de Médecine, PrixCivrieux, boîte 5. 
Cartron, L. (2007). L’hérédité en France Dans la première partie du XIX esiècle:d’une question juridique à une question socialeManuscrito (tesis doctoral) no publicado, Université Paris I, Paris.Coffin, J.-C. (2003)La transmission de la folie, 1850-1914. París: Harmattan.pez Beltrán, C. (1992) Human Heredity, 1750-1870. The Construction of a scientific Domain. Londres: King’s College London; (Ph. D. Thesis, inédita).Mitivié, A. (1861)Quelques mots sur l'hérédité morbide. Tesis de la Facultad deMedicina de Paris. Paris: Rignoux.Mongellaz, P.-J. (1828a) L'art de conserver sa santé et de prévenir les maladieshéréditaires, ou l'hygiène. Paris: Mequignon-Marvis.ongellaz, P.-J. (1828b) De la Nature et du siège de la plupart des affectionsconvulsives, comateuses, mentales, telles que l'hystérie, l'épilepsie, le tétanos...Paris:
Fuente original:  http://www.academia.edu/1464926/La_herencia_imaginada_en_la_medicina_francesa_del_siglo_XIX_1828-1861_._Genealog%C3%ADa_de_una_noci%C3%B3n_olvidada