10 de agosto de 2015

Nuestros hijos no nos pertenecen

Cuanto quisiera  darme a entender que los hijos no son nuestras pertenencias, ni mucho menos extensiones de nuestras vidas, no podemos imponernos y ser tan soberbiamente brutos como para imaginar por un instante ganarle la batalla a los deseos que tiene la vida, desde el mismo instante en que se corta el cordón umbilical, los hijos comienzan a transitar su propio sendero. Estamos a su lado para amarlos, acompañarlos, ser sus guías, hasta que ellos aprenden a caminar, a partir de allí tendrán sus propias experiencias, alcanzaran sus metas y adquirirán sus vivencias, ellos están aquí para realizar sus vidas.
No somos ni siquiera parte de su espíritu ya que aún sus alma está conectada a algo que  esta mas allá de nosotros, intangible, irrepetible e inimaginable.
En la concepción nos unimos pero luego nos dividimos, nos multiplicamos, nos separamos, aun los gemelos identicos, son diferentes en su esencia.
Pretender pelear a nuestros hijos al derecho que tiene la vida o el universo por perpetuar sus propios deseos no es mas que un eufemismo que lleva directo a la derrota.

Un precioso verso del poeta Khalil Gibran sobre los hijos.

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas
viven en la casa de mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos
semejantes a ti
porque la vida no retrocede
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero
sea para la felicidad
Pues aunque Él ama
la flecha que vuela,
Ama de igual modo al arco estable.