14 de diciembre de 2015

Metadona

FUENTE: http://www.easp.es/pepsa/estudios+y+documentos/manual+de+metadona.htm
La dependencia de opiáceos es un fenómeno común del que todos los países Europeos tienen experiencia. Prácticamente en todos los países Europeos se ofrece algún tipo de tratamiento con metadona. Dependiendo de la magnitud y la historia del problema, en todos los piases europeos habrá realmente, en una mayor o menor proporción, población dependiente de opiáceos en tratamiento. La forma de prescripción y dispensación de la metadona varía considerablemente de un lugar a otro. Los requisitos para entrar en tratamiento también difieren, según la disponibilidad de recursos, según criterios ideológicos.
Está científicamente demostrado que el tratamiento con metadona, administrado correctamente, es una medicación de substitución segura para la dependencia de opiáceos.
La metadona ha demostrado con éxito poder retener a las personas en tratamiento, eliminando o disminuyendo mucho el consumo de heroína durante el tratamiento y reduciendo el riesgo de infección por el VIH, y también mejora tanto el estado de salud mental como físico al igual que la calidad de vida de los pacientes y de sus familias, además de reducir la criminalidad.
El tratamiento con metadona además ha demostrado ser coste-efectivo. El estudio británico "NTORS" señala que con cada £1 que se gasta en tratamiento se recuperan más de £3 en términos de ahorro de gastos relacionados con las víctimas de actividades criminales y de la reducción de las demandas en el sistema justicial.
La metadona se administra generalmente por vía oral cada día. Sus efectos terapéuticos son la prevención y la reducción del consumo (y para los inyectores, de la inyección) de opiáceos ilícitos como la heroína. Su objetivo es mejorar el estado de salud física y mental del dependiente de opiáceos.
Realizar un estudio de la adicción y del nivel de dependencia es esencial antes de empezar a prescribir la metadona. La inducción, el plan de tratamiento y la determinación de la dosis inicial deberían decidirse con cautela. Se debe informar a los pacientes de los efectos farmacológicos de la metadona, del peligro que corren al mezclarla con otras sustancias y del riesgo de sobredosis.
La metadona se prescribe de diferentes formas: bien como tratamiento de mantenimiento a largo o corto plazo o como tratamiento de desintoxicación a largo y corto plazo. Sabemos que cuanto mayor sea la dependencia, más alta tendrá que ser la dosis y más tiempo durará el tratamiento.
Las personas que entran por primera vez en tratamiento deberían mantenerse en observación durante las primeras horas. Las dosis iniciales deberían ser bajas y al estar en observación, se les puede administrar una dosis complementaria en el momento en que aparezcan los síntomas de abstinencia.
Se aconseja empezar el tratamiento con metadona por la mañana y preferiblemente a principios de semana, para que cuando aparezcan las concentraciones más altas de metadona en la sangre esté la clínica abierta y el personal pueda intervenir, si es necesario.
Por lo general, la dosis inicial debe ser de unos 10 a 30 mg. Si la tolerancia a los opiáceos es alta, la dosis inicial será de unos 25 a 40 mg. Si la tolerancia es baja o incierta, se recomienda una dosis de entre 10 y 20 mg. Si la dosis inicial es baja, es importante mantener al paciente en observación durante unas horas y si aparecen síntomas de abstinencia administrarle una dosis adicional. Demasiada metadona puede ser fatal; pero poca metadona es improbable que sea efectiva.
Durante la primera semana de tratamiento en los pacientes ambulatorios, que participan en un programa de desintoxicación, se les debería visitar todos los días para poder estabilizar la dosis. Si es necesario se les aumentará la dosis durante la primera semana hasta un máximo de 5 a 10 mg. al día y sin sobrepasar los 20mg. durante la primera semana respecto de la dosis inicial.
Para un tratamiento de desintoxicación a largo plazo y para el tratamiento de mantenimiento con metadona se recomienda que las dosis aumentadas no excedan los 20mg a la semana hasta un total de entre los 60 y los 120 mg. El tiempo necesario para estabilizar a una persona, en tratamiento con metadona, puede requerir hasta seis semanas o más.
El cumplimiento con el tratamiento solo se mantendrá si tanto el paciente como el doctor acuerdan mutuamente que un proceso de reducción es lo deseable.
La mayor parte de las personas, en tratamiento con metadona, necesitarán unos 60 a120 mg. al día. Si bien algunos se podrán mantener perfectamente con dosis más bajas. Un dependiente medio de heroína consumirá menos heroína y se mantendrá en tratamiento durante más tiempo, si se le mantiene con dosis más bien altas que bajas de metadona.
Algunos grupos, como las mujeres embarazadas, las personas con SIDA/VIH, los pacientes con niños pequeños, etc., tienen prioridad a la hora de participar en un tratamiento con metadona o por lo menos necesitarán una atención especial. Debería coordinarse la cooperación con otros servicios (obstreticia, enfermedades infecciosas,...) encargados de supervisar estos problemas específicos.
El tratamiento con metadona no debe realizarse como una ayuda aislada sino como parte de un programa más amplio de tratamiento. Es importante identificar y tratar otros problemas posibles (médicos, sociales, de salud mental o legales) por parte de los terapeutas del programa como a través de la coordinación con otros servicios o instituciones. El trabajo multidisciplinario es esencial en el tratamiento con metadona.
La prescripción es la responsabilidad particular del médico que firma la receta. La responsabilidad no se puede delegar en otra persona.
No sólo la metadona se prescribe con éxito en otros países. Existen otros medicamentos de sustitución como la buprenorfina, el LAAM, la morfina retardada y la heroína que dan buenos resultados.
Las personas que utilizan la metadona como tratamiento necesitan una preparación específica sobre la farmacología, toxicología y los aspectos tanto médicos como psicosociales del tratamiento de la dependencia de opiáceos. La actitud del personal no debe ser de juzgar al paciente. La supervisión y las reuniones regulares del equipo son aspectos importantes para una buena práctica. Para asegurar la buena calidad de los servicios dados se necesita una formación continuada.
Anotar en los historiales médicos la prescripción y la información de cualquier actividad relacionada con el paciente es igual de necesario como en cualquier otra práctica médica. Un registro central de las personas que reciben tratamiento con metadona puede prevenir la doble prescripción. La información de este registro deberá ser confidencial y el acceso a dicha información sólo debería ser posible para los médicos que prescriben metadona.
Un programa de tratamiento con metadona debería realizarse en un lugar seguro, de fácil acceso (localizado en el centro y con horario flexible) y estar limpio. Los pacientes deben de estar seguros de que su información es confidencial y que no será utilizada para otros propósitos distintos de los médicos. Para que el tratamiento sea un éxito es importante que la relación entre el personal y el paciente sea cordial.
A la hora de planificar y diseñar un servicio de tratamiento nuevo es importante implicar en dicho proceso a los consumidores de este servicio. Actividades de control y de evaluación de los resultados deberían realizarse con regularidad.