18 de enero de 2016

El buen vecino

Fuente: https://lascosascomunes.wordpress.com/2013/03/03/el-manual-del-buen-vecino/

Hace algunos años escribí un artículo, en dos partes, sobre lo que, desde mi punto de vista, es un vecino incómodo. En aquella ocasión describí, con la ayuda de mucha gente, cuáles son los principales problemas de la convivencia entre vecinos.
Y anotamos desde el vecino que te roba los fusibles de tu medidor, hasta el que se la pasa empachangado de lunes a domingo, con la música a todo volumen y con decenas de invitados que transforman una fiesta en una bronca campal. En aquél artículo dije que hay vecinos que les importa un comino estacionarse en tu lugar, en tu banqueta, frente a tu casa y para colmo, bajo la sombrita del arbolito que tú sembraste precisamente para tu auto.
Hablamos en aquella ocasión del vecino que se pelea con las señoras de la cuadra porque su niño, que es un santo y no mata ni una mosca, recibió su merecido de otro niño que se cansó de las majaderías y abusos del primero.
El vecino incómodo puede ser uno mismo: abusón, confianzudo, colgado (siempre va a existir el vecino que todo te pide y nada te devuelve, desde la pala para el jardín, hasta la batería de tu camioneta). El que se la pasa metido en tu casa y no respeta tu privacidad, aquel que es más salido que un balcón y más metido que una gaveta, el que está más pendiente del color de tus uñas que de cuidar su vida. La gran incógnita estará presente siempre: ¿seré yo el vecino incómodo o tengo un vecino incómodo?
Y es que dime si no es cierto: sales de tu trabajo cansado, quieres llegar a casa, a cenar algo tranquilo (por la dieta, claro), hablar con tus hijos, convivir un rato en familia, ver un buen programa de televisión y a descansar que mañana es día de más trabajo. Y… ¡oh sorpresa!: hay un vehiculo estacionado en tu lugar, no puedes entrar, te estorban hasta en la propia cochera. O aquel que usa tus espacios para sus cosas. 
Vas con el vecino para que te haga el “favor” de moverse y sale con que “la calle es libre”, casi casi como si “la tierra es de quien la trabaja”. Amén de las groserías que te puede lanzar si el vecino se pasó de copas y está, como todos los días, enfiestado. No cabe duda de que la convivencia entre vecinos ha sido, desde siempre, un verdadero problema, porque los intereses de cada quien son distintos, las costumbres también.
Cuando rentamos o compramos una casa, observamos desde los techos, investigamos si tiene adeudos, cuánto vamos a pagar, vemos paredes y pisos, servicios completos… pero nunca nos detenemos a pensar en quiénes son nuestros vecinos. Eso es algo que pocas personas analizan antes de cambiarse de casa.
Pero déjame decirte que no todos los vecinos son un problema. Desde aquél artículo que escribí y con el que mucha gente se identificó, he recibido comentarios muy alentadores sobre la otra cara del vecino, la del vecino amable, cordial, mesurado, respetuoso y acomedido. Para muchos sicólogos y sociólogos, no hace falta un manual para ser un buen vecino, sin embargo tengo la fortuna de contar, lo digo con certeza, de vecinos que me han dado verdaderas lecciones de cordialidad y solidaridad, no se diga de la mano amiga cuando más se necesita.
Ellos quizá no lo saben, pero he observado con mucho cuidado la gran calidad humana que muestran, desde la forma de conducirse con sus propias familias, hasta la manera en que cuidan a sus vecinos… si una puerta quedó abierta y alguien la ve, te llaman por teléfono para que tengas precaución. Si uno de tus hijos pequeños puede correr peligro, te advierten y si necesitas algo que de pronto pueda ser una urgencia, ahí están para ayudarte.
El manual del buen vecino empieza en el entendimiento del espacio común que todos generamos, en el respeto de tu propio espacio y el respeto que debe merecer cada centímetro de tu hogar; un buen vecino no es aquél que está en la ventana para ver quién entra y quien sale, sino aquél que escucha con atención los ruidos que advierten un peligro.
Un buen vecino no es aquél que te visita cada sábado para celebrar hasta un partido de futbol, sino aquél que te invita con prudencia a festejar algo importante que le ha ocurrido en su vida. Los buenos vecinos, como los que tengo, se preocupan de que llegues con bien y están pendientes no de la hora, sino del confort que mereces.
Los buenos vecinos te llaman por teléfono para informarte de riesgos latentes, no te dejan a la deriva para que cada quien se rasque con sus uñas; los buenos vecinos llegan a formar una amistad en base a la confianza y el respeto, no en la fuerza de una amenaza o el temor constante de la agresión.
Ahora que nuestra sociedad está conquistando nuevamente la tranquilidad, y que cada vez son más los buenos momentos que los malos, los vecinos somos una parte sustantiva para cuidarnos y protegernos. El buen vecino no es el que te organiza para hablar mal del otro, sino el que, con la palabra, te convence de que entre todos la convivencia tiene que resultar mejor.
Un buen vecino te da los buenos días, te desea buen provecho, te alienta a que tengas un buen lunes o miércoles; el buen vecino es el que acepta que el otro le llame la atención a sus hijos cuando éstos cometen excesos, no aquél que va y reclama tumbando la puerta a patadas, el por qué le alzó la voz a los muchachos.
Un buen vecino respeta el espacio de los demás y no invade cocheras aún teniendo diez invitados a su casa; el buen vecino baja el volumen de su música a una hora prudente, incluso los fines de semana. El buen vecino es el que les dice a sus hijos que las visitas deben irse a la media noche y cuidado con hacer desmanes en otras casas.
El buen vecino quiere que te vaya bien siempre y cuando pasas por malas temporadas, te extiende la mano para que no te caigas; cierra la llave que está tirando agua sin darte cuenta y te avisa si tienes una fuga en el tinaco. El buen vecino que llega de noche o de madrugada a su casa, lo hace en silencio para no despertar a los demás con la música del coche en alto o una carcajada a media calle.
El buen vecino es aquél al que le puedes confiar que saldrás de la ciudad con tu familia y le pides que esté pendiente; el buen vecino está contigo en las buenas y en las malas, porque, así como los amigos, los buenos vecinos se conocen en las fiestas y en los funerales.
Un buen vecino, es al que le puedes llamar a media madrugada para que te ayude a conseguir un médico. Los buenos vecinos tienen la capacidad de ofrecerse disculpas cuando han cometido un error, voluntario o involuntario y saben cuándo es momento de regalar un buen libro y dar un abrazo en momentos de aflicción.
Los buenos vecinos no pretenden meterse en la vida de nadie, sino convertirse en apoyo y ayuda inmediata cuando se les necesite; los buenos vecinos no llegan a tu puerta tocando para cualquier simpleza. Lo hacen cuando saben que los necesitas y están ahí para que escuches una palabra de aliento, un “lo siento” o un “ánimo vecino”.
El arte del buen vecino no estriba en enterarse de todo lo que ocurre en su entorno, sino en convertirse en vigilante celoso de los intereses comunes del vecindario, sea éste el más humilde fraccionamiento o la más encumbrada zona residencial. Cuando se logra conciliar el interés común, no habrá poder humano que haga daño a ese grupo de personas.
El buen vecino habla, no grita. Saluda, no ofende. El buen vecino ayuda, no estorba, protege, no amenaza. Los buenos vecinos se comprenden, no seintimidan, se fortalecen, no se humillan. El buen vecino es que el se gana el corazón de los demás, no el repudio generalizado. Los buenos vecinos caminan juntos, jamás por separado.
Los buenos vecinos se tienden la mano, no se dan la espalda. El buen vecino sabe el momento en que necesita hablar y comprende cuando debe callar. El buen vecino es prudente, no agresivo, es generoso, jamás cobarde. Quise escribir un manual del buen vecino, pero es posible que me falte experiencia. Yo no sé los demás lectores, pero, hoy por hoy, debo decirles a mis vecinos que son ejemplo de convivencia y de respeto. A ustedes, mis vecinos, mi reconocimiento, porque son una parte sustantiva de las cosas comunes. Vecinos, tengan un buen domingo.