11 de abril de 2016

Caidas en el anciano




Caídas
Las caídas son un verdadero problema clínico entre la población anciana, debido a su alta  frecuencia y sus consecuencias físicas, psicológicas y sociales; por ello, el conocimiento y la comprensión de sus causas y su evaluación, son fundamentales para llevar a cabo estrategias preventivas y de atención adecuadas. Los problemas de la estabilidad y las caídas son muy frecuentes entre los ancianos, sobre todo en aquellos que viven en la comunidad. Una caída en el anciano nunca debe considerar se efecto inevitable del envejecimiento normal, un evento azaroso ni un accidente impredecible.
En el estudio de los factores de riesgo, los cambios físicos propios del envejecimiento corresponden a los factores intrínsecos y las condiciones del medio a los factores extrínsecos; también se pueden dividir en factores de riesgo a largo y corto plazos. Dentro de los factores a largo plazo que se relacionan con el síndrome de caídas se pueden mencionar  las enfermedades siguientes
Epilepsia
Parkinson
Enfermedad cerebrovascular
Neuropatía periférica
Miopatías
Demencias
Espondilosis cervical
Diabetes mellitas
Arritmias cardiacas
Síndrome del seno carotídeo
A un mayor número de dichos trastornos, el riesgo de caída aumenta.
La mayoría de las caídas se suscita en la noche, debido a una menor capacidad para adaptarse a la visión nocturna, las barreras arquitectónicas, el sueño y sus alteraciones y la nicturia por inversión del nictámero con la necesidad de acudir frecuentemente al baño.
Otro de los factores que de manera importante pueden estar relacionados con la posibilidad de que ocurra un accidente de este tipo, son los medicamentos. A este respecto debe tomarse en cuenta que el adulto mayor debido a la polipatología que suele acompañarle, requiere esquema de medicación que incluye un número significativo de fármacos. Dentro de los medicamentos que son de uso frecuente en el anciano, destacan los psicofármacos prescritos tanto por psiquiatras, como por otros especialistas. Desafortunadamente, un problema común es que se indican de manera inadecuada,  tanto  en    dosis,  como  por  tiempo  prolongado  con  el  consabido  riesgo  de  que  sus  efectos secundarios puedan favorecer el riesgo de caídas. Algunos de estos medicamentos predisponentes, 
son los siguientes

Hipotensores
Sedantes
Benzodiacepinas
Hipnóticos
Diuréticos
Antiparkinsonianos
Antidepresivos tricíclicos
Fenotiazinas
La  estabilidad  de  la  persona  depende  de  una  serie  de  factores,  como  sensorio,  sistema  nervioso central,  estado  cognoscitivo  y  aparato  músculo-esquelético,  así  como  de  funcionamiento  respiratorio  y  cardiocirculatorio,  íntegros  y  coordinados.  Las  enfermedades  o  discapacidades  tienen  un impacto tanto en el equilibrio, como en la marcha muy importante y se superponen a los cambios fisiológicos  relacionados  con  la  edad,  por  lo  que  el  diagnóstico  diferencial  es  diverso  y  complejo.
Por lo anterior, en la práctica clínica será muy valioso realizar una evaluación simple de la postura y de la marcha para conocer el equilibrio funcional; la observación del equilibrio a la bipedestación, la prueba de Romberg y la respuesta ante estresores menores del equilibrio (por ejemplo, un suave empujón del tórax) pondrán de manifiesto las áreas del déficit en el equilibrio y la postura, detectando los sujetos en riesgo.
Tratamiento
La meta en el tratamiento del síndrome de caídas es mantener al anciano en un estado óptimo, con una funcionalidad independiente el mayor tiempo posible y con la mayor seguridad en su lugar de residencia.
El primer objetivo al evaluar a un paciente que ha caído es estabilizar y tratar cualquier trastorno grave que ponga en peligro la vida o las complicaciones inmediatas de la caída (por ejemplo, fracturas o traumatismo cráneo-encefálico). Después, el médico debe iniciar el estudio y tratar los factores predisponentes (por ejemplo, alteración de la marcha o el equilibrio, uso de fármacos, alteraciones cardiovasculares o neurológicas, entre otras), así como valorar el entorno del anciano.