18 de junio de 2016

Cultura de la muerte y la pérdida de la sacralidad de la vida humana

Yo pertenezco a la cultura de la vida, ni en mis más terribles pesadillas podría imaginar pertenece a un grupo que tenga como objetivo el fin del ser humano.
Hoy en día, podemos afirmar sin lugar a dudas, que vivimos inmersos en una lucha constante entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte. Pero ¿en qué consiste realmente la cultura de la muerte?. Podemos decir que este tipo de culturas, promueven una visión social que considera la muerte de los seres humanos, con cierto favor y se traduce en una serie de actitudes, comportamientos, instituciones y leyes que la favorecen y la provocan.
Juan Pablo II afirmaba, que se está perdiendo el sentido de la sacralizad e intangibilidad de la vida humana. Esto es muy serio, ya que con esto se está generando una pérdida de conciencia social, en la que ya no se cree en el valor inviolable de la vida, convirtiéndose en su dueño absoluto. La pérdida de la conciencia del valor de la vida humana, en cuanto tal, lleva a la pérdida del amor y respeto por todo ser humano. Esta minusvaloración de la dignidad de todo individuo humano, genera sentimientos o actitudes de indiferencia, desprecio o rechazo ante la vida. Se llega incluso ante la promoción de la muerte en la sociedad.
Un signo revelador de la cultura de la muerte, es la absolutización de la libertad individual subjetiva, en dónde se manifiesta una visión de libertad muy individualista, que acaba por ser la libertad de los más fuertes contra los más débiles. Uno de los lemas favoritos de las sociedades Pro-Eutanasia, es la proclama de D. Humphry, que nos dice que la eutanasia, debe ser libre, legal y rara. No se dice que la muerte es un bien, pero sí que cada uno tiene total libertad de recurrir a ella cuando y como lo crea conveniente. Es preocupante esta disponibilidad de la vida, por parte del individuo libre.
La mayoría de los miembros de la sociedad postmoderna, consideran que la vida es un bien, sin embargo, como es un bien intangible, conciben la posibilidad de poder eliminarla en sí o en otro, si esto pareciera conveniente. Así aunque se teme a la muerte, esta se lleva a cabo muchas veces, como una “solución” aceptable ante ciertos problemas existenciales. Como por ejemplo: un enfermo en estado grave e irreversible, que ya no le encuentra ningún sentido a su vida, la solución aparentemente “más adecuada”, es adelantar “dulcemente” su muerte. De este modo, la muerte se ha convertido incluso, en un objeto de derecho. El derecho a optar libremente por ella, para sí o en relación con los otros.
Se realizan y aceptan prácticas denigrantes y que atentan contra la vida humana, en aras de una supuesta “libertad individual”, y no sólo pretenden que esto sea algo impune, sino incluso luchan por fomentar la autorización por parte del estado, con la finalidad de poder practicarlas con absoluta libertad y con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias. De la creciente difusión de las sociedades y asociaciones pro-eutanasia, en todo el mundo, 38 de estas, están confederadas en la “World Federation of Right to Die Societies”.
Sintetizando, podemos afirmar que la cultura de la muerte, “consiste en una mentalidad plasmada en una serie de realidades sociales, que habiendo perdido de vista el valor intangible de toda vida humana, la ve como un bien relativo y disponible para la libertad del individuo, de modo que considera la muerte como la solución mejor ante ciertos problemas y la opción por ella, un derecho que la ley ha de reconocer al individuo.” (1)
Luchemos por fomentar una cultura a favor de la vida, del matrimonio y de las familias.