13 de noviembre de 2016

Vias Neurobiologicas del estres



El estrés ha sido fuente de estudio en el campo neurocientífico desde hace más de 20 años; en su abordaje se realizan aproximaciones con el fin de comprender sus efectos  sobre  diferentes  sistemas,  entre  ellos  el  sistema  nervioso.  El  entendimiento  del  concepto  de  estrés  y  su  sustrato biológico es esencial para comprender su rol en procesos de salud o enfermedad.
El estrés es definido como un estado de alteración homeostática,  generando  en  el  organismo  una  respuesta  con el fin de mantener dicha homeostasis. Las respuestas finalmente efectuadas reflejan la activación de circuitos específicos constituidos enéticamente en el individuo y modulados  constantemente  por  el  ambiente.  Asimismo  este tipo de situaciones tienen efecto sobre funciones cognitivas como la memoria, con el fin que en un futuro se reconozca  y/o  evite  el  evento  que  desencadenó  la  alteración del estado basal interno; esto es de suma importancia ya  que  permite  al    mismo  apropiarse  de  aquel  evento  perturbador.

Fisiología del estrés

El estresor se puede descomponer en tres fases que ocurren cronológicamente:

1. Recepción del estresor y filtro de información sensoriales por el tálamo.

2. Programación de la reacción del estrés poniendo en juego la corteza prefrontal (implicado en la toma de decisiones, la atención, la memoria a corto plazo) y el sistema límbico por un análisis comparativo entre la nueva situación y los “recuerdos”: la respuesta al estresor se hará a base de la experiencia.

3. Activación de la respuesta del organismo (vía amígdala [memoria emocional] y el hipocampo [memoria explícita]. Esta respuesta pone en juego el complejo hipotálamo-hipofisiario.

La adaptación al estimulo estresor se descompone también en tres fases:

1. Fase de alerta: En reacción al estresor, el hipotálamo estimula a las suprarrenales (en su parte medular) para que secrete adrenalina, cuyo objetivo es suministrar energía en caso de urgencia.

2. Fase de resistencia (o de defensa): Esta se activa solamente si el estrés se mantiene. Las suprarrenales (en la zona fasciculada) van a secretar cortisol. Esta hormona se encarga de mantener constante el nivel de glucosa sanguínea. Además el cortisol asegura una renovación de las reservas del organismo, para que este pueda “aguantar”.

3. Fase de agotamiento: Esta ya es la fase patológica; se instala cuando si la situación persiste y se acompaña de una alteración hormonal crónica, con sus consecuencias orgánicas y psiquiátricas. Si la situación persiste aún más, es posible que el organismo se encuentre desbordado. Poco a poco las hormonas secretadas son menos eficaces y comienzan a acumularse en la circulación sanguínea, teniendo como resultado, una invasión en el organismo de hormonas que tendrían un impacto negativo sobre la salud.

Estrés y género

Algunos estudios de IRM funcional (imagen de resonancia magnética) en personas sanas a lo largo de un estrés agudo muestra lo siguiente:

    En el hombre habría una puesta en marcha predominante de la corteza prefrontal, haciendo que el sistema nervioso simpático este más estimulado y por lo tanto, favoreciendo el comportamiento de “fuga o combate”.
    En la mujer, la reacción al estrés estaría construida sobre los procesos de atracción; habría una puesta en marcha predominante del sistema límbico que activaría un comportamiento de “ayuda y protección”. La puesta en marcha del engranaje límbico y principalmente del hipocampo, reduciría la actividad simpática y la del eje corticotrópico.
Mecanismos de retroalimentación del eje corticotrópico por el cortisol

El cortisol ejerce una retroalimentación negativa sobre la liberación hipotálamo-hipofisiaria de CRH y de ACTH. Se distinguen tres tipos de retroalimentación.

1. Retroalimentación rápida (de algunos segundos a algunos minutos), esta es proporcional al aumento de cortisol y no dura más de diez minutos.

2. Retroalimentación intermedia (de algunas horas) con disminución de la secreción de CRH y ADH.

3. Retroalimentación lenta (de algunas horas a algunos días) con disminución de la síntesis de ACTH hipofisiaria, de CRH y de ADH hipotalámicas: una administración prolongada de glucocorticoides (cortisol) conduce a la ausencia de secreción de CRH y ACTH y a una atrofia de la suprarrenal, consecuencia de un déficit de ACTH.
Estas son complejas pero se las puede sintetizar de la siguiente manera:

1. El eje gonadotrópico, vía los estrógenos, es globalmente estimulador del eje corticotrópico.

2. La noradrenalina:
   - Es estimulada por los estrógenos.
   - Estimula la actividad gonadotrópica.

3. El eje corticotropico es globalmente inhibidor del eje gonadotropico; lo que podría explicar las amenorreas por estrés. Por este mecanismo un estrés severo puede inhibir el sistema de reproducción femenina.
Estrés crónico

El estrés repetido genera, en fase de agotamiento, una hipercortisolemia crónica.

En animales se ha demostrado que la hipercotisolemia puede ser neurotóxica para estructuras vulnerables como el hipocampo. Esta neurotoxicidad se manifiesta al nivel del hipocampo de las neuronas piramidales CA3 del cuerno de Amón y por una disminución del volumen y del número de neuronas del giro dentado.



Esta atrofia hipocámpica secundaria al estrés implicaría de manera más amplia:

1. Una disminución de la neurogénesis.

2. Una disminución de la síntesis de neurotróficos, los cuales inhiben la apoptosis celular.
3. Aumento de la excitotoxicidad (por glutamato) debido a una pérdida glial.

4. Una neurotoxicidad debuda a la hipercortisolemia (disminución de la neuroplasticidad, inicialmente reversible, después permanente).

En humanos, la disminución del volumen del hipocampo se ha correlacionado con:

1. Los niveles de cortisol (en caso de enfermedad de Cushing).

2. La duración y la intensidad de la depresión (esta depresión secundaria al estrés crónico).

3. Con la duración de la exposición al estrés en caso de estrés postraumático.
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