A principios del siglo xx, el término ‘demencia’ servía para
designar todo tipo de enfermedades mentales. En 1907, Alois Alzheimer describió
una nueva enfermedad, que en principio se consideró una forma atípica de
demencia presenil, en una paciente con síntomas psicóticos, trastornos del
comportamiento, depresión y deterioro cognitivo. Neuropatológicamente, la
paciente presentaba placas seniles y ovillos neurofibrilares, que son las
lesiones que definen aún hoy la enfermedad. Sin embargo, estos hallazgos se
consideraron muy raros durante muchos años,
ya que la causa de la demencia que era descrita como
habitual era el ‘endurecimiento de las arterias’. Durante mucho tiempo, las
denominaciones de demencia ‘senil’ y ‘presenil’ en función de la edad de
aparición del cuadro clínico se mantuvieron como si fueran entidades
nosológicas diferenciadas, pero en los años sesenta el grupo de Blessed
demostró que aquellos pacientes con demencia senil eran indistinguibles
neuropatológica y clínicamente de aquellos casos más jóvenes descritos como enfermedad
de Alzheimer.
Aunque el término Demencia se traduce como “ausencia del
pensamiento” (Husaina, 2015), su definición no está uniformemente establecida,
llegándose a describir como la perdida adquirida de habilidades cognitivas y
emocionales (Knopman y col, 2001) que alteran las actividades de la vida diaria
e impide efectuarlas de manera autónoma (González-Chávez y col, 1999)
(PérezGarcía, 2004).
Se ha llegado a apreciar el término demencia como un
concepto estigmatizante y es quizá uno de los cambios más importante realizados
en el DSM-5 por lo que se cambia el concepto a Trastornos Neurocognitivos TNC (DSM-5thed,
2013). A parte de quitar dicha connotación discriminativa, también retira el
vínculo de demencia como enfermedad mental y lo deja más como un problema de
deterioro orgánico de los procesos neurocognitivos (Bajenaru y col, 2012).
El DSM-5 establece que los TNC se clasifican en Delirium,
Trastornos Neurocognitivos Mayor (TNCMa) y Discapacidad/Trastorno
Neurocognitivo Leve (TNCLe) (DSM-5thed, 2013) y que se clasifican en cualquiera
de estos dos términos en base a su gravedad, a la asociación con alguna otra
patología degenerativa previa y a la presencia de la disminución trascendente
de los dominios cognitivos. La definición de TNCMa que establece el DSM-5, es
el equivalente al término de demencia establecido en el DSM-IV (DSM 4thed,
1994).
Sin embargo, se agregan conceptos previos de este término
para poder establecer los criterios nuevos en la reciente edición; un ejemplo
de esto es que para definir los TNCMa, es necesaria la presencia de un declive
neurocognitivo significativo que afecte el nivel de rendimiento de la persona y
que se acompañe en la interrupción en el funcionamiento cognitivo y autónomo,
del individuo (Regier y col, 2013).
Sumado a estos criterios, debe existir dependencia en los
individuos afectados para realizar sus actividades de la vida diaria, asociado
con un deterioro neurocognitivo severo en el área de la memoria, el lenguaje y
las habilidades visoespaciales, concluyendo en una amplia disfunción social y
laboral (Castillo y col, 2014) (Cano y col, 2010).
Muchos ha sido los estudios realizados hasta la actualidad
para determinar la causa del trastorno neurocognitivo, sin resultados
satisfactorios, no es sino hasta hace poco cuando un grupo de científicos
liderados por el Dr. Daniel Geschwind publican un interesante estudio en el cual
logran identificar los procesos genéticos involucrados en la neurodegeneración
que se produce en la demencia. Los hallazgos aparecen en la revista Nature Medicine del 3 de
diciembre del 2018. Lo que constituye un gran esfuerzo para encontrar las bases
de la neurodegeneración.
La investigación se llevó a cabo en su mayor parte en
modelos animales con demencia (ratones), pero incluyó experimentos adicionales
que permitieron observar el mismo proceso en cerebros humanos.
Los investigadores descubrieron dos grupos principales de
genes involucrados en mutaciones que resultan en una sobreproducción de una
proteína llamada tau, un sello distintivo de la pérdida progresiva de neuronas
que se observa en las principales formas de demencia. El estudio se realizó en
gran parte en modelos de ratones con demencia, aunque los investigadores
realizaron experimentos adicionales que indicaron que el mismo proceso genético
ocurre en cerebros humanos.
Con ese conocimiento, el equipo buscó en una gran base de
datos de los efectos genéticos de los medicamentos experimentales para
identificar aquellos que podrían alterar esta pérdida de neuronas o
neurodegeneración. En cultivos celulares humanos, los investigadores
demostraron que el uso de estas moléculas interfería con la neurodegeneración.
Actualmente no existe un tratamiento que pueda alterar el
curso de la demencia asociada a la neurodegeneración. Aunque los científicos
han identificado genes asociados con el riesgo de demencia, hay poca
comprensión de cómo esos genes contribuyen a la cascada de eventos que llevan a
las células cerebrales a morir.
El equipo de investigación trató de resolver ese enigma
mediante un enfoque conocido como "biología de sistemas", que aplica
poderosas herramientas genómicas y analíticas para estudiar el genoma de manera
integral, teniendo en cuenta las complejas interacciones de los miles de genes
y las células y proteínas que producen.
"Todavía hay una cantidad significativa de trabajo que
se necesita hacer para desarrollar medicamentos que puedan usarse eficazmente
en humanos contra estos objetivos, pero este es un paso alentador", dijo
Geschwind.