13 de diciembre de 2018

Nuevos avances sobre los Trastornos Neurocognoscitivos


A principios del siglo xx, el término ‘demencia’ servía para designar todo tipo de enfermedades mentales. En 1907, Alois Alzheimer describió una nueva enfermedad, que en principio se consideró una forma atípica de demencia presenil, en una paciente con síntomas psicóticos, trastornos del comportamiento, depresión y deterioro cognitivo. Neuropatológicamente, la paciente presentaba placas seniles y ovillos neurofibrilares, que son las lesiones que definen aún hoy la enfermedad. Sin embargo, estos hallazgos se consideraron muy raros durante muchos años,
ya que la causa de la demencia que era descrita como habitual era el ‘endurecimiento de las arterias’. Durante mucho tiempo, las denominaciones de demencia ‘senil’ y ‘presenil’ en función de la edad de aparición del cuadro clínico se mantuvieron como si fueran entidades nosológicas diferenciadas, pero en los años sesenta el grupo de Blessed demostró que aquellos pacientes con demencia senil eran indistinguibles neuropatológica y clínicamente de aquellos casos más jóvenes descritos como enfermedad de Alzheimer.
Aunque el término Demencia se traduce como “ausencia del pensamiento” (Husaina, 2015), su definición no está uniformemente establecida, llegándose a describir como la perdida adquirida de habilidades cognitivas y emocionales (Knopman y col, 2001) que alteran las actividades de la vida diaria e impide efectuarlas de manera autónoma (González-Chávez y col, 1999) (PérezGarcía, 2004).
Se ha llegado a apreciar el término demencia como un concepto estigmatizante y es quizá uno de los cambios más importante realizados en el DSM-5 por lo que se cambia el concepto a Trastornos Neurocognitivos TNC (DSM-5thed, 2013). A parte de quitar dicha connotación discriminativa, también retira el vínculo de demencia como enfermedad mental y lo deja más como un problema de deterioro orgánico de los procesos neurocognitivos (Bajenaru y col, 2012).

El DSM-5 establece que los TNC se clasifican en Delirium, Trastornos Neurocognitivos Mayor (TNCMa) y Discapacidad/Trastorno Neurocognitivo Leve (TNCLe) (DSM-5thed, 2013) y que se clasifican en cualquiera de estos dos términos en base a su gravedad, a la asociación con alguna otra patología degenerativa previa y a la presencia de la disminución trascendente de los dominios cognitivos. La definición de TNCMa que establece el DSM-5, es el equivalente al término de demencia establecido en el DSM-IV (DSM 4thed, 1994).

Sin embargo, se agregan conceptos previos de este término para poder establecer los criterios nuevos en la reciente edición; un ejemplo de esto es que para definir los TNCMa, es necesaria la presencia de un declive neurocognitivo significativo que afecte el nivel de rendimiento de la persona y que se acompañe en la interrupción en el funcionamiento cognitivo y autónomo, del individuo (Regier y col, 2013).
Sumado a estos criterios, debe existir dependencia en los individuos afectados para realizar sus actividades de la vida diaria, asociado con un deterioro neurocognitivo severo en el área de la memoria, el lenguaje y las habilidades visoespaciales, concluyendo en una amplia disfunción social y laboral (Castillo y col, 2014) (Cano y col, 2010).
Muchos ha sido los estudios realizados hasta la actualidad para determinar la causa del trastorno neurocognitivo, sin resultados satisfactorios, no es sino hasta hace poco cuando un grupo de científicos liderados por el  Dr. Daniel Geschwind  publican un interesante estudio en el cual logran identificar los procesos genéticos involucrados en la neurodegeneración que se produce en la demencia. Los hallazgos aparecen  en la revista Nature Medicine del 3 de diciembre del 2018. Lo que constituye un gran esfuerzo para encontrar las bases de la neurodegeneración.
La investigación se llevó a cabo en su mayor parte en modelos animales con demencia (ratones), pero incluyó experimentos adicionales que permitieron observar el mismo proceso en cerebros humanos.

Los investigadores descubrieron dos grupos principales de genes involucrados en mutaciones que resultan en una sobreproducción de una proteína llamada tau, un sello distintivo de la pérdida progresiva de neuronas que se observa en las principales formas de demencia. El estudio se realizó en gran parte en modelos de ratones con demencia, aunque los investigadores realizaron experimentos adicionales que indicaron que el mismo proceso genético ocurre en cerebros humanos.

Con ese conocimiento, el equipo buscó en una gran base de datos de los efectos genéticos de los medicamentos experimentales para identificar aquellos que podrían alterar esta pérdida de neuronas o neurodegeneración. En cultivos celulares humanos, los investigadores demostraron que el uso de estas moléculas interfería con la neurodegeneración.
Actualmente no existe un tratamiento que pueda alterar el curso de la demencia asociada a la neurodegeneración. Aunque los científicos han identificado genes asociados con el riesgo de demencia, hay poca comprensión de cómo esos genes contribuyen a la cascada de eventos que llevan a las células cerebrales a morir.

El equipo de investigación trató de resolver ese enigma mediante un enfoque conocido como "biología de sistemas", que aplica poderosas herramientas genómicas y analíticas para estudiar el genoma de manera integral, teniendo en cuenta las complejas interacciones de los miles de genes y las células y proteínas que producen.

"Todavía hay una cantidad significativa de trabajo que se necesita hacer para desarrollar medicamentos que puedan usarse eficazmente en humanos contra estos objetivos, pero este es un paso alentador", dijo Geschwind.