2 de noviembre de 2020

Como ser resilientes ante la adversidad?

 


Como ser Resilientes en la adversidad

Aunque la palabra resiliencia ha tomado muchos significados, procede de la palabra inglesa "resilience" que es "recuperarse o saltar hacia atrás". La raíz de la palabra resiliencia es la palabra latina "resilio" que combinada con el significado de "cia" y de "salire" significa "saltar o brincar".

Las primeras definiciones del diccionario de la Resiliencia incluyen aquellas relacionadas con la física. Así, los físicos y los ingenieros aplican este concepto a todo aquello que tiene "la habilidad de recuperar o recobrar la forma, posición, etc". Después este significado se extendió a las ciencias sociales.

Recientemente, la Real Academia Española (RAE) en su página web muestra un avance de la vigésima tercera edición del Diccionario de la Lengua Española en el que ya se incluye la palabra resiliencia. Ofrece dos significados: uno ligado a la Psicología, definiéndola como "la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos"; y otro referente a la mecánica, definiéndola como "la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido".

El "significado psicológico" ofrecido por la RAE no sólo es importante por el hecho de que la palabra resiliencia esté ya incluida dentro del léxico español, sino porque dicho significado se desliga de las primeras conceptualizaciones de la Resiliencia con situaciones traumáticas asumiendo la versión rasgo de dicho concepto, es decir, como una característica de la personalidad más estable y no sólo como un estado o proceso.

Diferentes autores han tratado de definir, el significado psicológico entre ellos: Becoña, quien analizó en profundidad dicho constructo y aunque es un concepto ampliamente utilizado por los psicólogos, aún no hay un completo acuerdo sobre su definición. No obstante, señala que la definición más aceptada es la llevada a cabo por Garmezy quien la definió como "la capacidad para recuperarse y mantener una conducta adaptativa después del abandono o la incapacidad inicial al comenzar un evento estresante".

Por otra parte, Masten proporcionó una definición equivalente al considerarla como "un tipo de fenómeno caracterizado por buenos resultados a pesar de las serias amenazas para la adaptación o el desarrollo".

Block y Block la consideraron como "la capacidad dinámica de un individuo para modificar su nivel modal del control del ego, en una u otra dirección, como una función de las características de la demanda del ambiente". Asimismo se espera, que la persona con "ego-Resiliencia" funcione mejor en circunstancias nuevas, cambiantes y/o irresolubles, ya que tendría la habilidad para adaptarse exitosamente a las contingencias ambientales cambiantes.

La conceptualización de la Resiliencia antes expuesta, nos permite considerada como una característica o rasgo de la personalidad del individuo, que le ayudaría a adaptarse de forma exitosa a las circunstancias ambientales, estrechamente relacionada con la concepción de inteligencia emocional dada por Goleman al afirmar, que la misma constituye un factor clave para una adaptación exitosa en las diferentes contingencias de la vida y un conjunto de metahabilidades que pueden ser practicadas, aprendidas y aplicadas. De esta manera, con todas las presiones a las que estamos sometidos en la vida actual, la inteligencia emocional ayuda a pasar por ellas, sentirse mejor y aprender de todas las experiencias vividas.

No obstante, y a un nivel más dinámico, Becoña señaló que existe un mayor consenso en considerar a la Resiliencia como un proceso o fenómeno y no como un rasgo o característica de la personalidad del individuo. En contraposición, Block y Block no asocia esta capacidad dinámica del individuo a adaptarse tras un suceso altamente traumático (como sí lo hacen la mayoría de las definiciones), dejando abierta la posibilidad de aplicar el concepto de Resiliencia a situaciones estresantes no tan "extraordinarias".

Fletcher y Sarkar señalaron que, a pesar de que la Resiliencia ha sido conceptualizada de muy diversas maneras, la mayoría de las definiciones están basadas alrededor de dos aspectos centrales: la adversidad y la adaptación positiva. Por lo cual, para que la Resiliencia sea demostrada, tanto la adversidad como la adaptación positiva deben ser evidentes. Aún cuando, las inconsistencias en la delimitación específica de estos conceptos han conducido a la confusión sobre sus significados.

Por una parte, la adversidad habitualmente incluye las circunstancias vitales negativas que se conoce que están estadísticamente asociadas con dificultades de adaptación y que la mayoría de las mismas no constituyen grandes desastres sino más bien rupturas discretas que están inmersas en la vida cotidiana.

Para el año 2010, Davydov, Stewart, Ritchie y Chaudieu señalaron que los mecanismos de la Resiliencia pueden diferir en relación con la severidad contextual, pasando de una Resiliencia contra las dificultades cotidianas habituales, como el estrés estudiantil (es decir, adversidad media) hasta una Resiliencia contra el estrés severo ocasional, tal como lo es la pérdida de un ser querido (es decir, adversidad elevada).

De manera tal que esta aseveración encaja con los propósitos de la presente revisión, evaluando el constructo de Resiliencia en situaciones estresantes cotidianas, tales como las que se dan en el ámbito estudiantil sin dejar de lado las circunstancias de estrés severo actual vividas en el contexto social venezolano en el que todos estamos de una u otra forma involucrados.

En esta misma dirección Luthar, Cicchetti, y Becker, enfatizaron que es importante que los investigadores definan claramente lo que ellos consideran como adversidad y proporcionen una justificación razonada de la misma.

Por otra parte, la adaptación positiva ha sido definida como la competencia social conductualmente manifestada o el éxito en las tareas del desarrollo y la misma debe ser conceptualmente apropiada a la adversidad examinada en términos del dominio evaluado y con criterios rigurosos.

Cuando se investiga y analiza la adaptación positiva no se debe olvidar el contexto sociocultural en el que el individuo opera. De esta manera, y debido a que la Resiliencia se manifiesta en varios contextos, los investigadores deben sensibilizarse ante los factores socioculturales que contextualizan cómo es definida o se pone de manifiesto la resiliencia en diferentes poblaciones todo esto sobre la base del debate existente en torno a la conceptualización de la misma como un rasgo o como un proceso.

La Resiliencia concebida como un rasgo, representa una constelación de características que permiten a los individuos adaptarse a las circunstancias que se encuentran, esto sugiere que la Resiliencia es una cualidad o rasgo de la personalidad que se tiene o no se tiene. Mientras que cuando se ha conceptualizado como un proceso dinámico que cambia a lo largo del tiempo, que incluye la adaptación positiva dentro de un contexto de adversidad significativa, se reconoce que los efectos de los factores protectores y promotores pueden variar contextualmente (desde una situación a otra) y temporalmente (a través de una situación y de la vida de una persona).

Más alla de las conjeturas de su conceptualización, algunos autores se han encargado de clasificar las características de la Resiliencia, siendo una de las más importantes la realizada por Polk en el año 1997 quien encontró cuatro patrones para la Resiliencia. Uno el patrón disposicional, que consiste en los atributos del físico y psicológicos relacionados con el ego. El patrón relacional incluye las características de los roles y relaciones que influyen en la Resiliencia. El patrón situacional referido a la aproximación característica a las situaciones o estresores y se manifiesta como las habilidades de valoración cognitiva, y de solución de problemas, así como los atributos que indican una capacidad para la acción frente a una situación. Por último se encuentra el patrón filosófico el cual se manifiesta por las creencias personales. Mientras que Gazmeri había considerado cuatro años antes tres factores principales (la personalidad del individuo, su familia y la disponibilidad de apoyo social) en una situación estresante.

Durante las tres últimas décadas (1996-2016) algunos investigadores han propuesto numerosas teorías de la Resiliencia, la mayoría de las cuales tienen aspectos comunes; para Fletcher y Sarkar, existe la noción de que la Resiliencia es un proceso dinámico que cambia a lo largo del tiempo y que la interacción de un amplio rango de factores determina si un individuo es o no resiliente.

De tal forma que, aunque la Resiliencia es considerada como el resultado más deseable en la mayoría de las teorías, algunos investigadores incluyen otros indicadores de resultado (positivo) en las mismas como el afrontamiento óptimo, la satisfacción laboral y la productividad. Aunque la mayoría de las teorías de la Resiliencia son específicas a poblaciones particulares, existen teorías genéricas que pueden ser aplicadas en diferentes grupos de personas y situaciones potencialmente estresantes. Un ejemplo de estas teorías es la meta-teoría de la Resiliencia de Richardson.

Sin embargo, el creciente interés en los últimos años por el constructo de Resiliencia ha llevado a que se relacione con otros conceptos que se han considerado como equivalentes, elementos centrales o sustitutos del mismo, siendo estos el de competencia, considerándose como un constructo que lleva a realizar resultados resilientes y el de vulnerabilidad, constituyendo el polo opuesto de la Resiliencia.

Por un lado, se han señalado como factores que promueven la Resiliencia el locus de control interno y el estilo atribucional positivo. Por otra parte, la Resiliencia se diferencia de la recuperación en que es más estable en el tiempo. De esta manera, la recuperación está caracterizada por un periodo temporal seguido de una restauración gradual hacia niveles saludables de funcionamiento, mientras la Resiliencia se refiere a la habilidad de los individuos para mantener los niveles normales de funcionamiento. Finalmente, también se ha relacionado con los factores de riesgo y protección, pudiendo ser considerada como parte de los últimos; siendo, la dureza (o "hardiness") el concepto más ampliamente asociado con la Resiliencia.

Habitualmente la resiliencia ha sido asociada con el afrontamiento del estrés, al considerarla como un proceso de afrontamiento a los estresores, la adversidad, el cambio o la oportunidad. Aunque ambos términos han sido empleados como conceptos intercambiables, existe un conjunto de evidencias que sugieren que son constructos distintos conceptualmente. Por esto, Fletcher y Sarkar afirmaron que la Resiliencia influye en cómo un suceso es valorado mientras que el afrontamiento se refiere a las estrategias utilizadas una vez realizada la valoración de la situación estresante.

Por otra parte existe otra distinción fundamental entre la Resiliencia y el afrontamiento la cual está relacionada con las consecuencias asociadas al proceso de estrés. La Resiliencia predice una respuesta positiva a la situación estresante (la experiencia de emociones positivas) mientras que el afrontamiento puede ser positivo (solucionando el problema) o negativo (negando la situación).

Recientemente el constructo de Resiliencia se ha relacionado de forma muy potente con la Psicología Positiva, esto ya que los promotores de este movimiento defienden una visión de la experiencia humana que incluye un conocimiento de las fortalezas humanas, talentos y virtudes;25 también se recomienda un cambio desde los enfoques orientados en las debilidades a aquellos centrados en las fortalezas que permiten a los individuos sobrevivir y crecer incluso a la hora de afrontar la adversidad. Tomando en cuenta lo antes referido, aunque el constructo de Resiliencia encaje a la perfección con los fundamentos de la corriente de la Psicología Positiva (y compartan elementos comunes), el mismo se trata de un constructo independiente y que puede ser empleado en cualquier corriente psicológica de forma general, evitando su exclusividad a una sola corriente.

La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras. Significa "rebotar" de una experiencia difícil, como si uno fuera una bola o un resorte.

 

La investigación ha demostrado que la resiliencia es ordinaria, no extraordinaria. La gente comúnmente demuestra resiliencia. Un ejemplo es la respuesta de las personas en los Estados Unidos a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y sus esfuerzos individuales para reconstruir sus vidas.

Ser resiliente no quiere decir que la persona no experimenta dificultades o angustias. El dolor emocional y la tristeza son comunes en las personas que han sufrido grandes adversidades o traumas en sus vidas. De hecho, el camino hacia la resiliencia probablemente está lleno de obstáculos que afectan nuestro estado emocional.

La resiliencia no es una característica que la gente tiene o no tiene. Incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona

Una combinación de factores contribuye a desarrollar la resiliencia. Muchos estudios demuestran que uno de los factores más importantes en la resiliencia es tener relaciones de cariño y apoyo dentro y fuera de la familia. Relaciones que emanan amor y confianza, que proveen modelos a seguir, y que ofrecen estímulos y seguridad, contribuyen a afirmar la resiliencia de la persona.

Otros factores asociados a la resiliencia son:

La capacidad para hacer planes realistas y seguir los pasos necesarios para llevarlos a cabo.Una visión positiva de sí mismos, y confianza en sus fortalezas y habilidades.Destrezas en la comunicación y en la solución de problemas.La capacidad para manejar sentimientos e impulsos fuertes.

Todos estos son factores que las personas pueden desarrollar por si mismas.

Establezca relaciones—Es importante establecer buenas relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas importantes en su vida. Aceptar ayuda y apoyo de personas que lo quieren y escuchan, fortalece la resiliencia. Algunas personas encuentran que estar activo en grupos de la comunidad, organizaciones basadas en la fe, y otros grupos locales les proveen sostén social y les ayudan a tener esperanza. Ayudar a otros que le necesitan también puede ser de beneficio para usted.

Evite ver las crisis como obstáculos insuperables—Usted no puede evitar que ocurran eventos que producen mucha tensión, pero si puede cambiar la manera como los interpreta y reacciona ante ellos. Trate de mirar más allá del presente y piense que en el futuro las cosas mejorarán. Observe si hay alguna forma sutil en que se sienta mejor, mientras se enfrenta a las situaciones difíciles.

Acepte que el cambio es parte de la vida—Es posible que como resultado de una situación adversa no le sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias que no puede cambiar le puede ayudar a enfocarse en las circunstancias que si puede alterar.

Muévase hacia sus metas—Desarrolle algunas metas realistas. Haga algo regularmente que le permita moverse hacia sus metas, aunque le parezca que es un logro pequeño. En vez de enfocarse en tareas que parecen que no puede lograr, pregúntese acerca de las cosas que puede lograr hoy y que le ayudan a caminar en la dirección hacia la cual quiere ir.

Lleve a cabo acciones decisivas—En situaciones adversas, actúe de la mejor manera que pueda. Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones, y desear que desaparezcan.

Busque oportunidades para descubrirse a sí mismo—Muchas veces como resultado de su lucha contra la adversidad, las personas pueden aprender algo sobre sí mismas y sentir que han crecido de alguna forma a nivel personal. Muchas personas que han experimentado tragedias y situaciones difíciles, han expresado tener mejoría en el manejo de sus relaciones personales, un incremento en la fuerza personal aun cuando se sienten vulnerables, la sensación de que su autoestima ha mejorado, una espiritualidad más desarrollada y una mayor apreciación de la vida.

Cultive una visión positiva de sí mismo—Desarrollar la confianza en su capacidad para resolver problemas y confiar en sus instintos, ayuda a construir la resiliencia.

Mantenga las cosas en perspectiva—Aun cuando se enfrente a eventos muy dolorosos, trate de considerar la situación que le causa tensión en un contexto más amplio, y mantenga una perspectiva a largo plazo. Evite agrandar el evento fuera de su proporción.

Nunca pierda la esperanza—Una visión optimista le permite esperar que ocurran cosas buenas en su vida. Trate de visualizar lo que quiere en vez de preocuparse por lo que teme.

Cuide de sí mismo—Preste atención a sus necesidades y deseos. Interésese en actividades que disfrute y encuentre relajantes. Ejercítese regularmente. Cuidar de si mismo le ayuda a mantener su mente y cuerpo listos para enfrentarse a situaciones que requieren resiliencia.

Formas adicionales de fortalecer la resiliencia le podrían ser de ayuda. Por ejemplo, algunas personas escriben sobre sus pensamientos y sentimientos más profundos relacionados con la experiencia traumática u otros eventos estresantes en sus vidas. La meditación y las prácticas espirituales ayudan a algunas personas a establecer relaciones y restaurar la esperanza.

La clave es identificar actividades que podrían ayudarle a construir una estrategia personal para desarrollar la resiliencia.

Algunas preguntas que debe hacerse

Enfocarse en las experiencias y en sus fuentes de fortaleza personal del pasado, le puede ayudar a identificar las estrategias para desarrollar resiliencia que funcionan para usted. Explore las respuestas a las siguientes preguntas sobre sí mismo y sus reacciones a los retos en su vida. Este ejercicio le puede ayudar a descubrir cómo responder efectivamente a eventos difíciles.

Considere lo siguiente:

 

¿Qué tipos de eventos le han resultado más difíciles?¿Cómo le han afectado dichos eventos?¿Cuándo se encuentra estresado, le ha sido de ayuda pensar en las personas importantes en su vida?¿Cuándo se enfrenta a una experiencia difícil, a quién ha acudido para que le ayude?¿Qué ha aprendido sobre sí mismo y sus interacciones con los demás durante momentos difíciles?¿Le ha ayudado ofrecer apoyo a otras personas que están pasando por una experiencia similar?¿Ha podido superar los obstáculos, y si es así, cómo?¿Qué le ha ayudado a sentirse más esperanzado sobre el futuro?

La resiliencia conlleva mantener flexibilidad y balance en su vida en la medida que usted confronta circunstancias difíciles y eventos traumáticos. Usted lo puede lograr de diferentes maneras al:

Permitirse experimentar emociones fuertes y también reconocer cuando tiene que evitarlas para poder seguir funcionando. Salir adelante y tomar acciones para atender sus problemas y enfrentar las demandas del diario vivir. También, dar un paso atrás para descansar y llenarse de energía nuevamente. Pasar tiempo con sus seres queridos para recibir su apoyo y estímulo, y también su cuidado. Confiar en los demás y también confiar en sí mismo.

Fuente: https://www.apa.org/centrodeapoyo/resiliencia-camino