"Cuando el maldito Covid te niega hasta el derecho a despedir a tu ser querido"
El duelo es el dolor, la lástima, la aflicción o el sentimiento que una persona tiene ante un fallecimiento. Es, también, una respuesta natural del cuerpo y la mente ante una pérdida irreparable de un ser querido.
Cuando muere alguien por coronavirus podemos tener un "duelo de riesgo", un duelo más complicado de lo normal porque al dolor por la pérdida se añade -dicen los expertos- que es inesperado, porque hace tan sólo unas semanas esa persona estaba bien. Además es muy probable que en estas circunstancias no hayamos podido acompañarle en sus últimos momentos, y tampoco hemos podido hacer un rito de despedida, que ayuda a superar esos momentos tan complicados.
“No es fácil dar consejos a las familias que han perdido a alguien de cómo se puede superar porque hay que personalizarlos muy bien en cualquier caso”, coinciden varios psicólogos. Cada persona se comporta ante la pérdida de una forma diferente. Desde “una tristeza muy invasiva” con sentimientos de culpabilidad a rabia y “mucho enfado”. “Todos son válidos y normales”, hay que dejar que fluyan.
El duelo tiene varios grados de intensidad según la dureza de la muerte. Una muerte repentina conlleva un duelo más intenso de lo normal, frente a un duelo por enfermedad, ya que en este último caso las personas allegadas van asimilando con el tiempo la posible pérdida de ese familiar, incluso pueden llegar a despedirse de él. Además, las muertes repentinas pueden estar rodeadas de un ambiente trágico con gran violencia, como los accidentes de tráfico, asesinatos, suicidios o catástrofes naturales, y eso puede hacer aún más difícil afrontar esa gran pérdida.
Los expertos coinciden en cómo afrontar una muerte inesperada: hay que dejar fluir las emociones, no retener los sentimientos y favorecer que el duelo salga y se exprese. Si la tristeza le invade a uno, hay que llorar, aunque tampoco conviene forzar el llanto.
Las características de una muerte no anunciada son particulares, y su duelo no puede ser igual que el de una pérdida certera, para la que nos vamos preparando poco a poco. Los expertos se refieren a tres etapas de superación de la pérdida.
Creérselo; superar esa sensación de irrealidad que acontece. Hay que tomar conciencia de esa falta. Es muy común que las personas afectadas por la muerte inesperada de un ser querido se muestren frías y no demuestren tristeza o abatimiento.
Intentar superar la tristeza; trabajar para que el enfado, la culpa y el dolor se vayan mitigando. Al dolor y la angustia se sumará la falta de comprensión del hecho. Se puede sufrir un sentimiento de injusticia por lo acontecido, e incluso pueden aparecer sentimientos de culpa.
Fase de asimilación y superación. Una muerte siempre es difícil de superar, pero de lo que se trata es de aprender a asimilarla y a vivir con ese dolor y vacío.
1 – ASUMIR LA SITUACIÓN. La clave para afrontar esta primera situación es asumir que así son las cosas: no hay respuesta comprensible que responda a las preguntas de la mente en período de duelo. Cuando ya se ha borrado de la cabeza el «¿Por qué yo?», «¿Por qué me pasa esto a mí?», «¿Por qué él/ella?», empieza a asimilarse el suceso, a ordenarse la cabeza. Y esto es lo más importante de todo: asimilarlo. Este proceso es sólo cuestión de tiempo.
2 – COMPRENSIÓN DE LA MUERTE. Es en ese instante en el que las personas se dan cuenta de que la muerte puede llegar en cualquier momento; así, empiezan a comprender la realidad de su existencia: la muerte puede ocurrir en el momento menos esperado.
3 – RESPONSABILIDAD. Aunque no se puede hacer nada por cambiar esa situación, es frecuente que haya una sensación de culpa por ese fallecimiento, por la falta de comprensión y la imposibilidad de encajarlo. («Si hubiese llegado antes a casa, él no habría…»)
3 - SALUD. Una vez que se asume que esa persona ha fallecido y que no va a volver, empieza la fase de preocupación por los demás que ahora están a cargo de uno. Solo se piensa en cómo sacar adelante a la familia que deja atrás esa persona que se ha ido. Por eso, la siguiente clave es preocuparse de uno mismo: es habitual la falta de apetito, pero aun así se debe comer. Hasta que no se consigue recuperar uno mismo, no se es capaz de sacar adelante a los demás: hijos, padres, hermanos, etcétera.
5 – DEJARSE AYUDAR. Para avanzar en esta fase de duelo por una muerte repentina es muy importante dejarse ayudar. No decir que no a nada. Aunque no se tengan ganas de hacer cosas y de quedar con otras personas, hay que dejarse ayudar y aconsejar.
6 – APOYO PROFESIONAL. El sentimiento de no saber cómo afrontar el duelo, uno solo o con los más allegados, puede hacer, en el peor de los casos, que se caiga en depresión o en abuso de alcohol y/ o drogas. Por eso, lo mejor es solicitar ayuda profesional o buscar grupos de apoyo donde expresar las emociones junto a otras personas que estén pasando también por situaciones similares.
7 – APOYO FAMILIAR O DESAHOGO. Es difícil, pero hay que hacer un esfuerzo para salir ratitos de casa, a pasear, tomar café, etcétera; y, sobre todo, es muy importante el contacto con los seres queridos para tenerlos de apoyo y poder desahogarse. Es necesario verbalizar los sentimientos y estados de ánimo, un hábito vital para salir poco a poco del estado de duelo.
8 – POSITIVISMO. No es algo que se haga adrede: sale de forma natural. Una vez superado todo lo negativo, empieza a verse todo con otros ojos y se ve el lado positivo de las cosas. («Podía haber sido peor, si hubiésemos ido los dos en el coche ahora mis hijas serían huérfanas»).
9 – SENTIRSE AFORTUNADO/A. Se empieza a valorar lo bueno que se tiene, hijos, amigos, familia, etcétera, y también haber tenido la suerte de compartir los buenos momentos con la persona que ya no está.
10 – FE. Lo más habitual es que haya una pérdida de fe, entre quienes la tenían anteriormente, que con el tiempo se recupera, ayudando de esta forma a la persona a que vuelva a salir adelante.
Otras opciones que pueden ayudarnos en estos momentos son:
1. ¿Escribir o sólo pensar?
Escribir
Siempre que puedas, expresa, dale forma a tus pensamientos, escríbelos. Te ayudará a procesarlos mejor, ordenarlos y observar cómo tu vivencia va cambiando con los días.
Escribe sobre lo que necesites: sobre cómo fue tu vida con esa persona, sobre lo que te gustaría haberle dicho o decirle en este momento, lo que crees que te respondería. Puedes escribir pidiendo perdón si lo necesitas, o dándole las gracias.
También puedes escribir cada día un relato de cómo vas sintiendo su ausencia física, o sobre los recuerdos que te van viniendo de lo compartido. Te puede ayudar a ir asimilando, aceptando y digiriendo lo sucedido.
Escribe sobre lo que necesitas y siente lo que ello te genere.
No ayuda el tratar de evitar expresar el dolor. “El duelo suprimido sofoca. Hace estragos dentro del pecho y está forzado a multiplicar su fuerza” (Ovidio).
2. ¿Guardar silencio o hablar de la pérdida?
Hablar de la pérdida
“No hay duelo que no hable” (Henry Wadsworth Longfellow).
No tengas dudas, habla de ello cuanto necesites, de la persona fallecida, de cómo has vivido y estás viviendo su pérdida. Según tu estado emocional sentirás que necesitas hablar con una u otra persona. Hazte caso.
Sí, es bueno que hables con quién lo necesites, cuánto necesites y cómo lo necesites, dentro de las posibilidades de confinamiento (aprovecha también la tecnología: videollamadas, whatsapp…)
No te obligues a hablar con personas con las que no lo deseas en este momento. Cada persona tenemos nuestro ritmo en digerir la pérdida y más aún en las circunstancias en que se están dando estás pérdidas. Cualquier ritmo es válido, nadie debe forzar a nadie a hablar sobre lo que la otra persona no desee, ni forzar a silenciar lo que la otra necesite hablar.
Pasado un tiempo, cuando ya hayas expresado tu dolor, hayas compartido tus sentimientos, tus miedos, tus recuerdos, intenta retomar otros temas de conversación, volver a conectarte con tu día a día, con temas cotidianos, con ilusiones, motivaciones…, que aunque te parezcan superficiales y que no te interesen en este momento, quizás hagan tu malestar más llevadero.
3. Rituales de despedida: ¿Sí o no?
Sí
Los rituales de despedida nos ayudan a expresar nuestros sentimientos, a poner un poco de orden a nivel emocional y nos ayudan a tomar consciencia del proceso del duelo, a conectar con nuestro dolor, a integrar lo que ha sucedido.
En tiempo de confinamiento estos rituales de despedida serán diferentes a lo que estamos acostumbrados, ya que serán más personales, más íntimos.
Te animamos a fomentar tu despedida –por ejemplo con un homenaje–, siempre que no lo hayas hecho ya o tengas la percepción de no haber dicho todo lo que querías, o te ha quedado algo pendiente. Prepara un escrito para el momento en el que puedas reunir a tus seres queridos, grabar un vídeo y compartirlo, escribir una carta, poemas, mensajes, cuyo contenido sea algo que le diríamos a esa persona, como si estuviera aquí. Expresa tus sentimientos a través de un diario, del dibujo, crear un álbum, construir una caja de recuerdos. Puedes crear un rincón del recuerdo, con una fotografía, un objeto simbólico, decorarlo como te guste y cada vez que lo desees ir a ese espacio para estar en silencio, hablarle, recordar momentos positivos, ver sus fotografías.
Puedes preparar rituales de despedida sociales –encender velas en tu balcón, por ejemplo–. Preparar la ceremonia o ritual que te hubiera gustado realizar, con la idea de aplazarlo un tiempo o bien realizar una ceremonia o encuentro virtual –aprovechando la tecnología online–. Compartir acciones en tus redes sociales, crear un blog a modo de homenaje, un escrito, un montaje de fotografías, un video… Así, podrás conectar con tus contactos y les brindarás la oportunidad de poder expresarte sus condolencias y apoyo.
Si no quieres, no te obligues, respeta tu espacio, tus tiempos, quizás no te apetezca compartirlo socialmente, igual prefieres hacerlo sólo para ti, o quizás has valorado que no es aún el momento. No tienes la necesidad. Tú decides, es tu derecho.
4. ¿Reprimir emociones o validar emociones?
Valida lo que sientes
Tu duelo te traerá emociones con las que te será difícil convivir. No puedes elegir lo que sientes ante la pérdida, simplemente, recuerda que aquello que sientes o que aún no sientes es una reacción normal de tu cuerpo y de tu mente, que hacen lo posible por ir digiriendo el dolor.
Simplemente, acepta y da validez a lo que vayas sintiendo, normaliza tu sentir, permítetelo, no te culpes por experimentarlo. Tienes derecho a sentir.
