6 de noviembre de 2022

Deficit de vitamina D: ansiedad y depresión

 





La depresión y la ansiedad son dos de las enfermedades debilitantes más comunes entre todos los trastornos mentales. Aproximadamente 322 millones de personas sufrieron depresión en todo el mundo, lo que la convirtió en la principal causa de discapacidad en el mundo (el 7,5 % de todos los años vividos con discapacidad [YLD]) (Amos et al., 2018; Li et al., 2019). Como lo demuestran los estudios epidemiológicos y clínicos, en los países desarrollados, entre el 35,5 % y el 50,3 % de los pacientes con trastornos del estado de ánimo graves no recibieron el tratamiento adecuado y la tasa se disparó hasta el 76,3 %–85,4 % en los países menos desarrollados (Dean & Keshavan, 2017). Múltiples hipótesis sobre los posibles mecanismos fisiopatológicos de estos trastornos del estado de ánimo incluyeron neurotransmisión alterada, desequilibrio químico en el cerebro, inflamación, neuroplasticidad reducida, estrés crónico y deficiencia de nutrientes (Berridge, 2017; Maletic et al., 2007; Pertile, Cui, Hammond, & Eyeles, 2018). Una amplia investigación en las últimas décadas ha demostrado un papel fundamental de la desnutrición en la depresión y el trastorno de ansiedad (Kuygun Karci & Gul Celik, 2020; Milaneschi et al., 2019; Sanchez‐Villegas et al., 2009). Además, este cuerpo de investigación ha respaldado una participación compleja de la deficiencia de vitamina D (VD) en los trastornos del estado de ánimo (Ju, Lee y Jeong, 2013); sin embargo, la relación entre los dos no se elucidó por completo. Si bien algunos estudios abordaron los beneficios de la suplementación con VD en los síntomas depresivos y de ansiedad, los ensayos aleatorios recientes presentaron resultados mixtos (Jorde & Grimnes, 2019; Lansdowne & Provost 1998; Vieth, Kimball, Hu, & Walfish, 2004). Para comprender la relación fisiopatológica entre los trastornos del estado de ánimo y la VD, es necesario explorar cómo funciona la VD. La forma activa de VD es 1, 25-dihidroxi vitamina D 3 [1, 25 (OH) 2 D3], que se forma mediante una serie de reacciones que tienen lugar en varios tejidos diferentes. El VD3 ingresa a la sangre y se transfiere al hígado, donde se agrega un grupo hidroxilo a la posición C-25 mediante una vitamina D 25-hidroxilasa para formar 25-hidroxivitamina D 3 [25 (OH) D 3] que es el precursor inmediato para la vitamina D activa. La 25‐hidroxi vitamina D [25(OH)D] es el principal metabolito circulante de la vitamina D, y el nivel sérico de 25(OH)D es el marcador más confiable del estado de la vitamina D (Almeida, Hankey, Yeap , Golledge y Flicker, 2015; Jamilian, Bagherzadeh, Nazeri y Hassanijirdehi, 2013). Los experimentos con roedores han demostrado que la VD activa mejoró el metabolismo del glutamato y la glutamina en las neuronas y, por lo tanto, participó en los cambios de comportamiento y la alteración del nivel de neurotransmisores (Harms et al., 2012; Michael et al., 2007). Varios estudios también indicaron que la VD puede ser relevante para la expresión génica de factores neurotróficos, que en consecuencia estimularon la neurogénesis y promovieron la antioxidación en las neuronas que las protegían de los procesos degenerativos oxidativos (Czaja & Montano-Loza, 2019; Gezen-Ak, Dursun, & Yilmazer , 2013; Jeon & Shin, 2018; Khairy & Attia, 2019). Además, los estudios han demostrado que la VD es una coenzima esencial en la síntesis de monoaminas como la norepinefrina y la dopamina (Chester et al., 2015; Cui, Pertile, Liu y Eyles, 2015; Pertile, Cui y Eyles, 2016; Pertile et al. al., 2018). Esas evidencias anteriores indican el papel de la VD como una hormona neuroesteroide crítica involucrada en numerosos procesos cerebrales, incluida la neuroplasticidad cerebral, la neuroinmunomodulación y el desarrollo cerebral, lo que podría tener un impacto indirecto en la regulación del estado de ánimo. La relación entre la depresión y la DV se ha informado en algunos estudios poblacionales; sin embargo, algunos otros estudios revelaron resultados contradictorios (Bolland, Grey, Gamble y Reid, 2011; de Koning et al., 2019). Especialmente, después de la regresión de los factores de confusión, incluida la geografía, el índice de masa corporal, la actividad física y el tabaquismo, la relación entre la DV y la depresión no superó la importancia en algunos estudios. No obstante, en estudios transversales y aleatorizados controlados con placebo, algunos han demostrado un efecto significativo de la suplementación con VD sobre los síntomas depresivos, mientras que otros no encontraron tales asociaciones (Jorde & Kubiak, 2018). Además, la depresión de mayor gravedad a menudo se relaciona con más síntomas de ansiedad, aunque los factores de riesgo de las dos afecciones se superponen entre sí, siguen siendo entidades distintas (Shen et al., 2008). Los estudios que exploran la asociación de los niveles de VD y la ansiedad aún son escasos y están poco investigados, dado que la deficiencia de VD es potencialmente prevenible para la depresión con síntomas de ansiedad, se necesitan más estudios para explorar la relación causal entre el estado de VD y los síntomas de depresión y ansiedad.


 Hasta donde sabemos, aún no está claro si un nivel reducido de VD en suero se asocia con ansiedad independientemente de la depresión.


Fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32945627/