“Alles was uberhaupt gedacht werden kann, kann klar gedacht werden. Alles was sich aussprechen lasst, lasst sich klar aussprechen”.
“Todo lo que se puede pensar se puede entender claramente. Todo lo que se puede pronunciar, se puede aclarar ".
Las anteriores afirmaciones de Wittgenstein recogidas del Tractatus, constituyen el hilo conductor de esta obra del filósofo vienés. Si bien es cierto que su intención, tal y como lo establece en el prólogo, es la de trazar límites a la expresión de los pensamientos, no va desvinculado de ello el tema de la claridad. El límite sólo puede trazarse en el lenguaje y pretender expresar lo que queda al otro lado del límite es para Wittgenstein un sinsentido. Por ello en la medida en que se pueda trazar este límite claramente, se sabrá qué es lo que se puede expresar y qué es lo que no puede ser expresado. Al proceder de este modo, Wittgenstein está siguiendo una tradición clásica de la filosofía, ya que Descartes mismo pone en la claridad de ideas el paradigma para saber lo que conocemos con evidencia de la realidad.
Ahora bien, ¿qué es lo que se quiere decir con claridad en el pensamiento? La respuesta a esta interrogación viene dada por la demostración adecuada de la tesis que expongo: A saber, que el afirmar que "todo pensamiento es claro" es lo mismo que afirmar que "no existen pensamientos obscuros". Por lo que -si esta tesis es cierta- se debe asentar que todo pensamiento tiene la propiedad de ser claro; esto es, que el adjetivo claro para el pensamiento deja de ser relevante al no tener que ser confrontado con pensamientos obscuros.
Si alguien, a primera vista, se ve tentado a decir que sí hay pensamientos a los que se les puede llamar obscuros, es precisamente porque piensa que él los tiene. Por tanto, si alguien cree tener pensamientos obscuros, debe entonces intentar ver en qué consiste aquello a lo que llama obscuro. De este modo tal vez descubra que en realidad no lo es y que más bien se trata de otra cosa.
Así, por ejemplo, al enfrentarnos al texto de la segunda demostración de la inmortalidad del alma en el Fedón de Platón, o a la noción de infinito en la Física aristotélica, o bien al escolio de la proposición VII de la Etica de Spinoza sobre la conexión de las ideas y las cosas, o el concepto de lo absoluto como el concepto de sujeto de la Fenomenología del Espíritu en Hegel, etc., podemos vemos tentados a afirmar que tales textos son obscuros, que el pensamiento de tales autores con respecto a esos temas era obscuro, o bien que nuestro pensamiento sobre aquello es obscuro.
A esto, por lo dicho anteriormente, hay que decir que la obscuridad es sólo un refugio y fuente de ineficiencia filosófica ante algo que de suyo puede ser difícil y complejo. Decir que no hay pensamientos obscuros no es lo mismo que decir que todo el mundo puede saber todas las cosas, o que las puede saber completamente.
Más claro imposible, feliz tarde!