Hablamos de mitomanía cuando existe una conducta morbosa,
donde se falsea la información en forma reiterada. Esta conducta se atribuye a
inmadurez emocional y hasta neurológica, que impide que los sujetos se instalen
en un marco de realidad.
Hay etapas de fantasía durante la infacia que son necesarias
para la construcción de la personalidad. A medida que el niño crece, toma
conciencia de su vulnerabiildad, de que no es todopoderoso. A esto se antepone
la búsqueda de la fortaleza en la personalidad, sentir seguridad en los
recursos con que se cuenta. La mitomanía sería una de las formas de afrontar la
autodevaluación.
Las mentiras surgen como sustituto de las cualidades reales
que el sujeto no encuentra en sí mismo, debiendo sustituirlas por ficción, la
que sirve de apoyo para soportar el miedo que el mundo le ocasiona.
Clínicamente no podemos definirla como un padecimiento, sino
que forma parte de varios trastornos, por ejemplo de los trastornos de
personalidad. El diagnóstico no puede establecerse hasta los 18 años, cuando se
consolida la personalidad madura. Esto, a pesar de la existencia de niños y
adolescentes mentirosos.
También hay trastornos ficticios, donde corresponde ubicar
al mentiroso crónico. En este trastorno, se inventan enfermedades tratando de
obtener beneficio de la situación. A diferencia de la somatización, que produce
síntomas físicos por razones internas, para obtener ganancias externas de
manera conciente (por ejemplo: lograr la asignación de una discapacidad
médica). O cuando se obtienen ganacias internas, logrando el protagonismo.
En el TLP (trastorno límite de la personalidad), donde la
inestabilidad de la percepción de la propia imagen se debe a fallas en
determinadas áreas de la vida. Decir mentiras puede aportar equilibrio y
aliviar angustias.
Aunque su edad de inicio puede ser temprana, para el diagnóstico
de la mitomanía o adicción a mentir se requiere una edad mínima de 18
años, que es cuando se considera que la personalidad está conformada y
establecida, siendo el individuo plenamente consciente de sus acciones y las
consecuencias que estas acarrean en los demás. Evitando así confundirse con las
fabulaciones infantiles que no son mentiras en cuanto no falsean la realidad,
ya que ésta todavía no está conformada y el niño la mezcla con hechos de la
imaginación.
Además de la edad, en la mitomanía hay que distinguir que
exista verdadera intención de engañar, y que esas mentiras no sean una
manifestación de otros trastornos psicológicos como el trastorno facticio,
donde la mentira llevada al extremo llega a convertirse en la realidad del
paciente; o muestra del deterioro de algunas funciones cognitivas, como en el
caso de las demencias, en las que el paciente, de una forma
inconsciente, rellena con “recuerdos inventados” sus lagunas
de memoria
En la mitomanía o adicción a mentir existen unos síntomas o
características comunes con otro tipo de adicciones como
son:
- Altos niveles de ansiedad cuando se encuentra en situaciones propicias para el acto.
- Pensamientos recurrentes de intrusión que incitan al afectado a mentir.
- Impotencia a resistirse al impulso de falsear la realidad.
- Liberación de la presión con satisfacción al no ser descubierto en sus mentiras.
Entre las manifestaciones de la mitomanía que le son propias
y la diferencian de otras adicciones están:
- Tendencia a desdibujar la realidad con grandilocuencias.
- Búsqueda de la aceptación y admiración de sus interlocutores.
- Baja autoestima junto con pocas habilidades sociales.
- Miedo constante a ser descubierto.
- Incremento progresivo de la magnitud de las mentiras con el tiempo.
Además, la mitomanía puede estar presente en otros problemas
mentales, como el trastorno límite de la personalidad, trastorno
bipolar o el trastorno de esquizofrenia; incluso es habitual que se
presente junto a otras adiciones como la del consumo de sustancias ilegales o
la ludopatía. Por ello, es imprescindible un buen diagnóstico diferencial
para establecer prioridades a la hora de realizar el tratamiento, dando
preferencia a aquellos síntomas más graves, como una desintoxicación, antes de
proseguir con otras intervenciones terapéuticas.
Perfil del mitómano
Aunque todavía existe escasa investigación al respecto
parece ser que la mitomanía es más frecuente en hombres, encontrándose su
origen en determinadas características de la personalidad que irá conformando
el hábito de mentir, entre ellas, el mitómano suele ser narcisista, tener baja
autoestima, deficiencias en habilidades sociales, y desconfianza en las
personas y sus relaciones entre otros. Algunos autores hablan incluso de que
podrían existir cierta predisposición genética, aspecto todavía en
controversia.
Los tipos de personalidad límite en los que podemos
encontrar rasgos mitómanos son:
- La histriónica, el individuo se dibuja a sí mismo como un héroe o víctima, siendo frecuentes los temas relacionados con la sexualidad (es un seductor o seducido, deseado o violado…) en ocasiones se basan en un recuerdo real que deforman con sus mentiras.
- La sociopática, aparece la mentira para justificar ciertas conductas, ocultar un hecho delictivo o incluso para cometerlo, llegando en ocasiones a crearse una falsa identidad.
- La borderline, mienten para aumentar la autoestima ante sus ojos y ante los demás.
- La narcisista, tienen fantasías donde se ven a si mismos como personas de un éxito ilimitado, gran poder, bellísimos y grandes conquistadores. Esta fantasía la suelen relatar a los demás como si se tratasen de hechos reales
- La inmadura, en este caso habría una dificultad infantil, para distinguir entre fantasía y realidad.
- Síndrome Münchausen, el paciente tiene a provocarse síntomas de diferentes enfermedades físicas, que le llevará a diversas hospitalizaciones e incluso operaciones. Miente constantemente sobre su salud o la de otros.
Podemos encontrarnos mitómanos de dos tipos, los
vanidosos que mienten para exagerar tanto sus virtudes como sus actos.
Y los perversos, quienes conviven con una cierta agresividad
interior que les incita a dañar a otras personas mediante falsas acusaciones,
calumnias e incluso cartas anónimas. Posiblemente el vanidoso sea
el más fácil de distinguir, y el menos peligroso, solamente busca sentirse
importante y halagado, no quiere crear conflictos con nadie pues lo único que
le interesa es que su persona brille con una luz cegadora ante los demás.
El perverso necesita el conflicto, su deporte
favorito será jugar con los sentimientos y confidencias de los demás, llegando
a crear un verdadero caos a su alrededor con el que disfruta sin remordimiento.
En ocasiones se obsesionan tanto con señalar a otros, para que todos sospechen
de dicha persona, que sin querer revelan su propio conflicto y naturaleza.
Tratamiento:
Nos es difícil hablar de tratamiento en cuanto es tratado
como un síntoma o síndrome en vez de enfermedad en sí. Para abordar este
problema, en primer lugar será necesario averiguar qué tipo de trastorno de la
personalidad padece el individuo. Una vez diagnosticado lo más común es iniciar
una terapia psicológica y farmacológica (en caso de que otra sintomatología
acompañante lo marque como preciso) . Normalmente estas personas no suelen
buscar ayuda terapéutica, en ocasiones acuden por otros motivos y es en esos
momentos cuando el facultativo, si le es posible, aprovecha para abordar el
verdadero problema. Aunque no es raro que un mitómano acuda a los servicios
médicos- legales, en busca de un certificado que les salve de las consecuencias
de alguna mala conducta, es decir, para protegerse, algunos de estos enfermos
no tendrán dificultad en admitir que tienen un grave problema. Sin embargo, en
algunos casos, ante el flagrante fracaso de su vida personal (normalmente
terminan espantando con sus mentiras a todo aquel que ose acercarse) suelen
acudir al terapeuta en busca de respuestas. Convivir con un mitómano no es nada
fácil, pudiendo incluso a llegar arruinar la vida de quienes les rodean con sus
mentiras (un mitómano perverso, lo haría sin pestañear).
El inicio de un tratamiento con el mitómano es un trabajo
muy delicado y lento. Antes de enfrentar al paciente cara a cara con su
problema, se le debe demostrar las consecuencias que está teniendo en su vida,
ofrecerle argumentos y opciones ante las dificultades que se le han ido
presentando a lo largo de su existencia. Se debe construir en el paciente un
nuevo aprendizaje y pensamiento analítico, lo cual conllevará bastante tiempo y
paciencia.
