7 de julio de 2019

¿Que Es la Psicoterapia?


“Tu mirada se aclarará sólo cuando puedas ver dentro de tu corazón. Aquel que mira hacia afuera, sueña; aquel que mira hacia adentro, despierta.”
Carl Jung

La psicoterapia es el tratamiento que tiene como objetivo el cambio de pensamientos, sentimientos y conductas.
Se lleva a cabo entre un profesional con la formación y las habilidades necesarias para facilitar el cambio psicológico, y el paciente/cliente que requiere la ayuda para aliviar los síntomas que le producen un grado de sufrimiento importante.
La persona que llega a terapia, cualquiera  que  sea  la naturaleza de sus síntomas psicológicos, se encuentra en un estado de desmoralización que puede ser caracterizado por: pérdida de  la autoestima, sentimientos de incompetencia,  desvalimiento y desesperanza. Esa sensación  de  incompetencia subjetiva deja al individuo incapaz para afrontar las demandas del medio ambiente y con frecuencia le lleva a confundir el significado de los síntomas, a exagerar su severidad, a temer volverse loco, etc.
Los síntomas de los que se quejan las personas que solicitan psicoterapia son variados, afectan a la experiencia personal, la relación con los demás o dificultan de forma significativa sus actividades cotidianas. El malestar con frecuencia se manifiesta a través de ansiedad, depresión, estrés, conflictos con la pareja, dificultades en las relaciones sexuales, etc. o dan lugar a ciertos comportamientos que interfieren la vida de una persona en distintas áreas, como por ejemplo las adicciones (alcohol, drogas, etc.) los referidos a la alimentación (anorexia nerviosa, bulimia, etc.). Resumiendo, las circunstancias que llevan a una persona a solicitar ayuda profesional son diversas y complejas.
La psicoterapia propicia cambios congruentes con los objetivos que desea alcanzar el cliente. Proporciona orden al caos facilitando la comprensión de ideas y acciones que habían sido confusas. Conduce a cierto alivio al capacitar a la persona para afrontar ansiedades y tensiones que habían sido evitadas. Conduce a nuevas oportunidades para aprender modos diferentes de pensar, sentir y actuar. En definitiva, provoca que la sensación de malestar progresivamente vaya dejando paso a la de dominio y control personal.
El cómo se consiga depende del problema que plantee el paciente, de las metas que quiera conseguir y en gran medida del modelo teórico seguido por el terapeuta, puesto que cada perspectiva en psicoterapia se caracteriza por un conjunto de conceptos y principios que explican cómo ocurre el cambio. La naturaleza, ritmo y objetivos de las intervenciones quedan en parte definidos por la orientación teórica del terapeuta.
La concepción filosófica que subyace al psicoanálisis, la modificación de conducta o la perspectiva humanista difiere en cuanto a las causas atribuidas a las conductas y a la definición de los procesos de cambio, siendo lógico que cada terapeuta se identifique más con una de ellas. Pero la flexibilidad al mantener dichas teorías permite que en la práctica se utilicen las estrategias y los principios clínicos que conducen a una mayor eficacia en la psicoterapia. En esta dirección, distintos autores han concluido que los efectos de las psicoterapias parecen deberse más a los factores comunes que comparten que a las técnicas o procedimientos terapéuticos específicos de cada una de ellas.
 Algunos de los aspectos comunes de los tratamientos exitosos son: 
    -Los pacientes se encuentran insatisfechos con sus pensamientos, sentimientos y/o conductas y buscan ayuda. 
    -Los terapeutas procuran crear una atmósfera emocional cálida, de apoyo y respeto, no crítica, favorecedora de la confianza y la esperanza. 
    -Se establece una alianza terapéutica para fomentar una actitud positiva hacia el tratamiento y la motivación para asumir riesgos que permitan al paciente experimentar conductas, sentimientos y procesos de pensamiento nuevos. 
    -Las intervenciones se diseñan para aliviar el sufrimiento y favorecer cambios congruentes con los objetivos del cliente. 
    -Buscan la asimilación e integración en la vida del cliente de los aprendizajes emocionales, conductuales y cognitivos significativos. 
    -Neutralizan los miedos irracionales. 
     -Conciben estrategias para cambiar los patrones de conducta desajustados, las creencias irracionales, las emociones disfóricas y las formas autoderrotistas de relacionarse con otros. 
     -Favorecen la transferencia de las nuevas conductas hacia la vida diaria del cliente propiciando así actitudes saludables. 
  
 La psicoterapia es un tratamiento de colaboración basado en la relación entre una persona y el psicólogo. Como su base fundamental es el diálogo, proporciona un ambiente de apoyo que le permite hablar abiertamente con alguien objetivo, neutral e imparcial. Usted y el psicólogo trabajarán juntos para identificar y cambiar los patrones de pensamiento y comportamiento que le impiden sentirse bien.
Al concluir el tratamiento, no sólo habrá resuelto el problema que le trajo a la consulta, sino que, además, habrá aprendido nuevas destrezas para enfrentar con mayor efectividad cualquier desafío que pueda surgir en el futuro.
La terapia es una actividad que se realiza en un lugar tranquilo, seguro, donde el paciente puede sentir que ahí tiene un lugar para él, siempre esperándole a él. Cada día que llega lo encuentra igual que cuando se marchó. Nuestro recibimiento es siempre muy parecido, casi ritual. Le abrimos la puerta, le sonreímos, le damos la mano con contundencia y le pedimos que pase. Todo esto le transmite que le estábamos esperando
Posición del terapeuta .
El terapeuta tiene un papel claro. Mantiene siempre una escucha activa, y rescata del discurso del paciente los datos reveladores de su malestar, que ni él sabe. De entre todas sus palabras, él no distingue qué es lo que más le molesta, incluso puede equivocarse dando más importancia a un hecho que al que de verdad explica su malestar. Es el cometido del terapeuta apuntar hacia la causa real, el paciente de repente lo ve con total clarividencia. Efectivamente era eso lo que estaba dentro de él molestándole.
Cada vez que transmites al paciente algo de él (lo que transmitimos lo hemos obtenido de su propio discurso), de vital* importancia, se queda perplejo y con ello se acentúa la confianza que él deposita en ti. Una vez más el terapeuta le ha demostrado su saber y el paciente seguirá depositando en él un saber, un poder. Esto es fundamental para la recuperación del paciente, porque es precisamente cuando el paciente sitúa al terapeuta en esa posición de “saber” lo que permitirá que introduzca modificaciones en su forma de hacer.
El terapeuta es una persona que se sitúa en una posición diferente a la del resto de las personas que rodean al paciente. No es un padre que da consejos. No es una madre que da cariño y comprensión, sufriendo empáticamente. No es un colega que le habla como si estuvieran de copas. No, no es nada de eso, sino que es una persona que escucha y dice verdades, las verdades que ninguna otra persona tiene la licencia de decir o que aunque las dijera no serían escuchadas de la misma manera, con la misma receptividad. El paciente es capaz de tolerar lo que el terapeuta le dice, pero sólo de él y no de otra persona. No olvidemos que el paciente llega a consulta cuando él ya ha intentado de todo y no le funciona y por tanto viene a nosotros con la esperanza de aprender algo que por sí mismo no lograba descubrir, por eso tiene una gran disposición a escucharnos.
Es importante que el terapeuta recuerde datos del paciente, aquellos que han sido claves, que el terapeuta haya percibido que dejaron al paciente desconcertado, que fueron para él un descubrimiento. Recordarlos para poder traerlo en otra sesión provocando alguna asociación con algo nuevo. De esta forma el paciente puede ir ordenando piezas descolocadas, puede darse cuenta del sentido que han tenido comportamientos en su vida, etc. Además el paciente se siente agradablemente sorprendido cuando de pronto el terapeuta trae a la luz algo que dijo en sesiones pasadas. El paciente puede decir con una sonrisa de satisfacción en la cara “¿te acuerdas de eso?”. Indudablemente el terapeuta le demuestra con este comportamiento que está muy pendiente de todo lo que cuenta en las sesiones y que nada de lo que dice el paciente le resulta insignificante.
Cuando en una sesión se habla de algo muy importante (con una gran carga de afectividad para el paciente), no es adecuado analizar muchos otros aspectos porque el paciente rápidamente olvidará lo anterior. No puede retener a la misma velocidad que nosotros porque él lo está sintiendo en sus carnes, nosotros no. Hay que ir despacio. Un solo dato puede producir en una persona muchas más asociaciones y surgimiento de ideas que servirán al paciente para saber hacia donde ir. No confundamos cantidad con calidad. Una sola idea puede servir (puede ayudar en el proceso terapéutico).
El ser humano quiere descubrir. Tiene un afán constante de saber y sobre todo en lo que se refiera a él mismo. Por eso cuando el paciente descubre algo importante de él, se va muy satisfecho de estar en terapia (hablamos de lo que forja la relación paciente-terapeuta). Hay veces que el paciente lo expresa “esto ha sido muy importante descubrirlo” “no lo había pensado nunca, pero es verdad”.
Descubrir el por qué y el para qué de las cosas tiene sobre el paciente un efecto tranquilizador. Cuando descubre para qué hace algo, qué está persiguiendo con esa actitud podemos plantearle “¿y de qué otras formas podrías conseguir eso que persigues?” o incluso a veces se llega a plantear “lo que pretendes es imposible”.
Hay personas que por su forma de actuar metódica y ordenada, encajan rápidamente en la idea terapéutica de hacer determinados entrenamientos. Otras no. Hay personas que quieren descubrir por qué les pasa eso, por qué optan por ese camino y no por otro, cuál es el origen de que ellos estén donde estén. Hay personas que no funcionan con la fuerza de voluntad, es decir no quieren hacer algo con su voluntad si su corazón les dice otra cosa. Es importante por esta razón escuchar cuál es la demanda del paciente porque de alguna manera tenemos que dar respuesta a esta, sino el paciente no se motivará. Ser capaz de hacer esto depende de la flexibilidad del terapeuta, de su capacidad de adaptación a los diferentes pacientes. Es el terapeuta el que tiene que adaptarse al paciente y no el paciente a la terapia.
Qué filosofía hay detrás de la terapia
El terapeuta tiene que tratar de transmitir al paciente normalidad y no alarmarle. Es decir transmitir que todos los seres humanos en algún momento de la vida sienten una traba que no les deja avanzar. Ayudar al paciente a aceptar lo que le ocurre como parte de la vida, esto reducirá su ansiedad y facilitará que aborde el camino de recuperación con sosiego y sin prisa.
En la terapia no tratamos de dirigirnos hacia una total normalidad puesto que esta es un ideal. Transmitimos la idea de que la vida no es lineal, es decir no sucede lo que nosotros creemos que debería suceder (no hay un momento concreto para tener hijos, no hay un momento fijo para estudiar una carrera, no hay que independizarse a determinada edad, etc.). Muy al contrario, sucede lo que ha sucedido, por las circunstancias que sean, las particulares de cada uno, y a partir de ahora sí podemos decidir hacia donde queremos dirigirnos. Esto es lo que se transmite al paciente, la responsabilidad que él tiene en su vida, la capacidad de elegir y por supuesto que ninguna elección es gratuita, todo tiene un precio, si cogemos algo dejamos otra cosa, pero soy yo (el paciente) el que eligió coger eso y no otra cosa.
En la terapia hay que tratar de no comparar al paciente con otras personas, pues en cada sesión sólo se habla de él; él es el importante, el protagonista. Con esto defendemos la idea de individualidad por encima de todo, y en relación con ello huimos de la normalización. Desde luego que esto no está reñido con la adaptación a la vida que nos rodea. Son cosas distintas.
Plantear cuándo dar el alta
Esto dependerá enteramente de nuestros objetivos como terapeutas y sobre todo de los objetivos que nos hemos ido marcando con el paciente. No todo paciente tiene el mismo objetivo. Hay pacientes que en pocas sesiones se van porque han aprendido lo suficiente en ellas para salir del bache en el que estaban y poder continuar. Hay otros pacientes que aunque salen de ese bache se dan cuenta de que hay muchas otras cuestiones, que incluso desconocían al empezar la terapia, en las que quieren seguir profundizando. Hay otros pacientes que quieren dejar la terapia por su propia resistencia (“no se quieren enterar de lo que les pasa”), quizás no es su momento, puede que vuelvan más adelante. Es mejor no presionarle para que se quede si vemos claro que así lo quiere él, a pesar de que nosotros tengamos muy claro lo beneficioso que sería para él hacer una terapia, y por el contrario transmitirle que tiene la puerta abierta para cuando él crea conveniente.
Es muy importante que el terapeuta revise continuamente los objetivos con el paciente porque de ello depende la dirección de la terapia, la motivación del paciente y el éxito terapéutico.
* Vital hace referencia a su vida, a su persona, a su ser.

Beneficios de ir a psicoterapia:
1 Conocerse a sí mismo "Conocernos a nosotros mismos no es poca cosa; un terapeuta nos ayudará a reconocer patrones de conducta, conflictos, malestares, etc."
Conocernos a nosotros mismos no es poca cosa; un terapeuta nos ayudará a reconocer patrones de conducta, conflictos, malestares, etc.
El filósofo griego Tales de Mileto citaba: “Lo más difícil de este mundo es conocerse a uno mismo y lo más fácil hablar de los demás.” En ocasiones, repetimos patrones de conducta que se pueden ver ejemplificados en un historial de relaciones fallidas o en roces con determinadas personas en el trabajo o la escuela, sin saber por qué tenemos estos conflictos o malestares. Con la ayuda de un terapeuta profesional contamos con un punto de vista externo que nos ayudará a descubrir por qué actuamos como lo hacemos, y así liberarnos de ataduras y formas de vida que venimos arrastrando probablemente desde la infancia, hasta develar nuestro verdadero potencial.
"Un terapeuta profesional puede ayudarnos a descubrir nuestro verdadero potencial, ya que nos da su punto de vista desde una perspectiva externa."
Un terapeuta profesional puede ayudarnos a descubrir nuestro verdadero potencial, ya que nos da su punto de vista desde una perspectiva externa.
«Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, el diamante y conocerse a sí mismo«.
Benjamin Franklin
2 Catarsis = sentirse mejor
Toda emoción no expresada encontrará tarde o temprano una manera menos saludable de salir.
Cuando expresas cómo te sientes y liberas tu carga emocional, te sientes aliviado. Esto se conoce como catarsis, una palabra griega que se refiere a purificación y es usada en psicología para explicar el proceso de liberación de las emociones negativas. Un psicólogo te impulsará a que hagas contacto con tus emociones, expresándolas en un ambiente cálido y de empatía.
"Expresarse y liberar cargas, hacer catarsis, es uno de los beneficios de acudir con un profesional."
Expresarse y liberar cargas, hacer catarsis, es uno de los beneficios de acudir con un profesional.
3 Profesionalismo y confidencialidad
La liberación e identificación de las emociones dentro de un lugar seguro, confidencial y supervisado por un profesional ayuda a relajarte y tener una visión más clara de tus metas sin que se vean nubladas por emociones o ciclos que no han logrado cerrarse como es debido.
Además del conocimiento y el profesionalismo que debe mostrar el psicólogo, el entorno de confianza que se crea entre ambos te va a permitir expresar los problemas y sentimientos que consideras más delicados (y que posiblemente no le contarías a nadie más). El psicólogo no te va a juzgar y, además, tiene la formación necesaria para crear un buen entorno de confianza y empatía para que te expreses sin temor.
"La atmósfera de confianza creada entre un psicólogo y su paciente contribuye en gran medida para que éste pueda expresarse libremente."
La atmósfera de confianza creada entre un psicólogo y su paciente contribuye en gran medida para que éste pueda expresarse libremente.
4 Ir a psicoterapia produce cambios favorables en el cerebro.
Mediante técnicas de neuroimagen se ha comprobado que ir a terapia psicológica produce cambios en el funcionamiento del cerebro, y que estos cambios van asociados a una mejoría en el estado de ánimo.
"Acudir a terapia psicológica produce cambios importantes en el funcionamiento del cerebro, y esto a su vez mejora el estado de ánimo."
Acudir a terapia psicológica produce cambios importantes en el funcionamiento del cerebro, y esto a su vez mejora el estado de ánimo.
El psicólogo no te solucionará los problemas, pero sí te ayudará a aprender a aceptar y amar lo que eres y también lo que no, además de impulsarte a poner la voluntad necesaria para cambiar lo que nos causa malestar o nos impide crecer.
“La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas.”
Sigmund Freud

¿Por qué muchas personas no logran solucionar sus problemas aún yendo a terapia? ¿Qué es lo que no funciona?
Hoy te abriremos los ojos, pues a veces somos nosotros quienes ponemos un muro que evita que la terapia llegue a buen término.

Curarse sin esfuerzo

Esto es uno de los grandes motivos que provocan que la terapia no resulte efectiva. El paciente tiene un problema, busca un profesional y espera que este le solucione sus problemas. Pero, la realidad es mucho más complicada.
Una persona nunca va a poder hacer el milagro de curar una depresión, un trastorno alimenticio, etcétera, si el propio paciente no se implica.
Que la responsabilidad de curarse recaiga en el profesional es un gran error. Asistir a terapia no implica que todo vaya a ser más fácil. Pero, eso sí, sabremos dar pasos seguros que nos lleven a la solución.

El paciente tiene que comprometerse, tiene que seguir los pasos que le indique el profesional. Todo requiere un esfuerzo.
«Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado.
Un esfuerzo total es una victoria completa»
(Mahatma Gandhi)
Resistencia al cambio
Es posible que cuando el paciente acuda a terapia psicológica esté dispuesto a cambiar, para mejor claro está. Pero, a veces, cuando se encuentra inmerso en ese cambio surge una especie de resistencia de la que es más o menos consciente. ¿Por qué ocurre esto?

El paciente puede anticipar consecuencias negativas tras ese cambio. Quizás se sienta inseguro o considera que va a perder ciertas cosas en su vida. Esto puede ocasionar problemas con su terapeuta.
El paciente ante este miedo, puede empezar a cuestionar la palabra del psicólogo y ponerse a la defensiva. Esto resultará muy contraproducente, pues el éxito de la terapia depende en su mayor parte del propio paciente.
Esta resistencia al cambio y los problemas que pueden surgir con el terapeuta pueden derivar en una mala relación. La confianza es la base de la terapia. Cuando esto se termina puede ser beneficioso pensar en cambiar de terapeuta. A lo mejor es que no existe la compenetración necesaria.


Falta de recursos psicológicos
Cada paciente es diferente, por eso hay que ver primero qué herramientas vamos a utilizar para intentar que se solucione su problema. Pero, a veces, faltan ciertos recursos por parte del paciente que hacen que esto vea incrementada su dificultad.

Una de las causas puede ser la inmadurez del propio paciente. Hay pacientes que no tienen habilidades de inteligencia emocional desarrolladas, por lo que el tratamiento se ve como casi un imposible.
¿Qué hacer en estos casos? El paciente debe recibir un entrenamiento previo que lo capacite para desarrollar, sino todas, al menos las habilidades básicas de la inteligencia emocional.
Otro factor puede ser la baja capacidad cultural o intelectual que pueda tener el paciente. Esto hace que su tratamiento sea muy difícil. Pero no se debe perder la calma. Siempre existen opciones.

Otros problemas que dificultan la solución
Por diferentes razones, pueden existir problemas en la vida del paciente que dificulten su recuperación. El entorno o determinados comportamientos pueden hacer que la recuperación no sea factible. Por ejemplo, si una persona tiene problemas con la bebida y amigos o familiares cercanos le incitan a beber puede que sea imposible superar esta adicción.
También es posible que un mal diagnóstico evite la recuperación del paciente. Esto a veces deriva en que el paciente tiene problemas mucho más profundos a los que el especialista aún no ha conseguido llegar.
Esto no significa que el paciente esconda lo que verdaderamente le pasa, pues a veces existen problemas que el propio paciente desconoceque puedan estar relacionados con su afección.
Todos estos problemas y muchos más pueden afectar a la recuperación del paciente, quien debe poner todo de su parte para su recuperación. Recuerda que el terapeuta es un mero guía y que si nosotros no estamos concienciados en recuperarnos nadie logrará hacer que eso suceda.