20 de abril de 2020

Dos mundos





Esto lo tome del blogs de:
St. Patrick's English School Blog
https://www.google.com/amp/s/www.st-patricks.info/lo-que-me-preocupa-no-es-que-me-hayas-mentido-sino-que-de-ahora-en-adelante-ya-no-podre-creer-en-ti/amp/


Al leerlo me pareció tan duro, tan cruel, y tan sin sentido. Lo transcribo a continuación:

Érase una vez un mundo donde mentir era lo normal, un mundo en el que se toleraba el machismo y el racismo. Un mundo en el que matar estaba justificado. Un mundo movido por el dinero. Érase una vez un mundo hipócrita. Un mundo en el que la razón era débil frente a la fuerza. De hecho todo se podía conseguir empleándola, todo.

En este sitio del que te hablo se invertía más dinero en armas que en combatir el hambre. De hecho, 35.000 personas morían de hambre al día. La misma Iglesia discriminaba a gente. Era un mundo en el que los derechos de las personas eran pisoteados cada minuto que pasaba. Érase una vez un mundo tan corrupto que la avaricia de algunas personas hacía que millones no tuvieran nada, ni siquiera ganas de sonreír.

Érase una vez un mundo en el que las personas eran infieles, las promesas no se cumplían y en el que los sueños estaban limitados por aquellos que tenían el poder. Allí las personas tenían miedo, miedo al dolor, al sufrimiento y al rechazo. Aunque en este mundo viviesen millones de habitantes, cada uno de ellos tenía miedo a la soledad. Los complejos, las inseguridades, y la inferioridad hacían que las personas fuesen débiles e intentasen mentir, aparentando lo contrario. Era un mundo en el que la gente estaba oprimida, la opinión de cada persona estaba condicionada por otros, nadie era libre. La justicia favorecía siempre al más fuerte. La gente valía lo que tenía y no lo que era. En este lugar había miles de enfermedades diferentes que iban matando a la gente poco a poco. Aunque, en verdad, las peores enfermedades eran la envidia y el odio.

En este lugar los malos siempre ganaban y los buenos solían ser los que sufrían. Casi siempre era así. Solo había malos recuerdos y malas experiencias.

Érase una vez un mundo injusto. Un mundo cruel. Superficial. Érase una vez un mundo egoísta, muy egoísta. Érase una vez un mundo falso, tanto que la gente vivía engañada. Nadie hacía nada, nadie cambiaba nada, la gente se conformaba.

Érase una vez un mundo en el que era mejor mentir que conocer la verdad.

Hijo, esto no es un cuento, este es el mundo en el que vas a crecer. Fin del relato.


Ahora yo Teraiza Mesa te digo: 

Yo vengo de otro mundo, donde los valores y principios son importantes, donde el fin no justifica los medios, donde la verdad es primordial para llegar a cualquier lado, donde todos somos iguales, cada uno con sus diferentes capacidades, donde la vida es considerada el bien más preciado, donde el amor es el motor que mueve al mundo y Dios, el que yo conozco, es toda misericordia y bondad infinita.

De donde yo vengo las promesas se cumple, la palabra es más importante que un papel. El hacer lo correcto siempre te llevará por el camino del éxito.

De donde yo vengo ni se roba, ni se miente. La familia, la fidelidad, están edificadas sobre roca firme. Donde nadie tiene miedo a la soledad, porque siempre se encontrarán con alguien que les tienda la mano. La solidaridad y la generosidad están a la vuelta de la esquina.

Este tampoco es un cuento.
Te pregunto a ti que lees estas líneas: ¿quieres una visa para mi mundo? 
Yo ya estuve en el tuyo... y sabes que ? no regreso alli ni aunque me regales el pasaje.