Se sabe desde hace mucho tiempo que existe una relación compleja entre la enfermedad de la tiroides, el peso corporal y el metabolismo. Las hormonas tiroideas regulan el metabolismo, tanto en los animales como en los humanos. El metabolismo se determina midiendo la cantidad de oxígeno utilizada por el cuerpo en un periodo de tiempo determinado. Si esta medición se hace en reposo, se conoce como metabolismo basal (MB). De hecho, la medición del MB fue una de las primeras pruebas utilizadas para evaluar el estado tiroideo de los pacientes. Aquellos pacientes cuyas glándula tiroides no funcionaban apropiadamente tenían un MB bajo, y aquellos con glándulas que funcionaban en exceso tenían MB alto. Estudios posteriores asociaron estas observaciones con la medición de los niveles de hormonas tiroideas y demostraron que los niveles bajos de hormonas tiroideas estaban asociados con MB bajo y que niveles elevados de hormonas tiroideas estaban asociados con MB alto. Hoy en día la mayoría de los médicos ya no utiliza el MB debido a la complejidad de esta prueba y porque el MB está sujeto a muchas otras influencias además del estado de la tiroides.
Las hormonas tiroideas han sido utilizadas en el pasado como herramientas para ayudar a perder peso. Muchos estudios han demostrado que el tratamiento con dosis excesivas de hormonas tiroideas puede ayudar a producir más pérdida de peso que la que se lograría solamente con la dieta. Sin embargo, una vez que se suspende el exceso de hormona tiroidea el peso perdido inicialmente, vuelve a recuperarse. Más aún, puede haber consecuencias negativas importantes cuando se utilizan las hormonas tiroideas como tratamiento para perder peso, tales como la pérdida de masa muscular además de cualquier pérdida de grasa corporal. El aumentar la dosis de hormona tiroidea para producir niveles elevados de la misma, raramente resulta en un cambio de peso importante, pero puede resultar en otros problemas metabólicos.
